La avaricia en la casa de Dios

En Lucas 16:13-15, leemos:

” Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él.
Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación”.

dolares

La palabra es más clara que el agua. Sin embargo, muchos líderes de la actualidad siguen edificando sus hermosos templos bien cuidados, adornados con los más caros accesorios de la tecnología, con lo último de la moda en tendencias de estilo y glamour en diseño tanto de interiores como de exteriores.

¿En qué afecta esto a las ovejas? Mucho y en gran manera. Porque sus líderes debieran ser ejemplo, no de ostentación de bienes, sino de privación, de sumisión a Dios y de abnegación por la vida de las ovejas a su cargo.

Resulta interesante ver que muchos afirman que están dando su vida por cuidar “el templo”. Pero olvidan que llaman “templo” a un edificio material, hecho por manos humanas y no al verdadero templo, creado según Dios a su misma semejanza y que corresponde al cuerpo de cada creyente que es Templo del Espíritu Santo. Ese templo, muchos más santo que el edificio tan atractivo que han levantado, es el que deberían cuidar con más temor.

En respuesta a la diferencia de ingresos entre un líder y una oveja, dirán en su defensa tonterías como éstas: “Pues, es claro que no tienen la fe suficiente para recibir en abundancia la prosperidad que Dios tiene para ellas”.

Lamentablemente, es obvio que algunos líderes no dudan en continuar con la rapiña y la rapacidad sobre la carne de las ovejas a su cargo, señalándolas como “faltas de fe” cuando en ocasiones han sido de mucha más bendición a la obra del Señor por sus voluntarios trabajos y desvelos, que el mismo líder que está al frente colmado con la aberración de su avaricia.

Quiero aclarar que cuando me refiero a “ciertos líderes” no incluyo a todos. Conozco muchos que realmente son ejemplo. Pero, lamentablemente, abundan más los avaros.

No es necesario dar nombres (ni de unos, ni de otros) porque los frutos están a la vista y basta con estar atentos. Estos “grandes hombres de Dios” como les agrada ser llamados (“midiéndose a sí mismos”, como dice 2ª Corintios 10:12) viven en boca de muchos por sus grandes logros edilicios y de multitudes que escuchan absortos cuantas falsas enseñanzas se les ocurre poner en juego.

Muchos de éstos seguidores ingenuos, tristemente han abrazado la mentira que afirman a los gritos estos avaros desde su plataforma iluminada. Recordemos que “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán (ellos mismos) maestros conforme a sus propias concupiscencias” 2ª Timoteo 4:3. O sea que la doctrina, debería sufrirse. Implica cierta carga de la cruz, el seguir esta doctrina cristiana. Sufrirla con gozo, es lo que nos alienta Pablo en todas sus cartas. Jamás se nos llama a ser hombres llenos de poder humano (que es el que produce el dinero en cantidad) sino que nos habla de otro poder que viene del amor y la obediencia a Dios. Pero, es cierto… Los días se están acortando demasiado pronto y hay muchos que se enfrían creyendo a la mentira.

Estos líderes, con palabras adornadas de sonidos exquisitos, de “ambiente espiritual” (así le llaman a la emoción de expectación que crean en la audiencia tras hacerles esperar eternidades para aparecer en escena -en otra clara intención de ser ellos mismos el centro de atención y no Cristo-) y una innumerable batería de entretenimientos tecnológicos, auditivos, sensitivos y visuales (incluyamos en los sensitivos a excelentes aires acondicionados, efectos de humo que pasan alrededor, máquinas de burbujas, luces y rayos láser que pasan cerca de la audiencia…). Todo esto, para “transmitir mejor el mensaje”.

“Además…”, argumentan, “si a la gente no les das esto no vienen”! Algunos intentan justificar el desparramo inútil que hacen de los recursos que las ovejas ponen en sus manos diciendo cosas tales como: “Jesús, si viviera, haría uso de toda la tecnología a su alcance para transmitir el mensaje”.

Tal pareciera que en las congregaciones de la actualidad se ha cambiado (en algunos casos) el apetito por las cosas del Señor y el amor por los perdidos, por una incesante búsqueda de lo nuevo, lo “más costoso”, lo “último”, ya que, como éstos falsos profetas afirman, “para el Señor hay que dar lo mejor”. Yo no dudo que debamos darle lo mejor al Señor, pero… ¿dinero? ¿Acaso a Dios lo convencemos con tan inferior ofrenda? En fin! Si así piensan estos líderes…

Agradezco al Señor que hasta el día de hoy me ha sostenido (sin abundancias, aclaro) dándome un trabajo para sostenerme sin necesidad de quitarle la lana a las ovejas. Preferiría morir de frío, antes que hacer semejante aberración. Y sería feliz, aún en ese caso. No porque espere morir. Sino porque confiaría en el Señor para abrigarme y si no lo hiciere, le alabaría de igual manera! Él es Quien Es. Y no importa cuántas cosas deba vivir en este mundo que a mi carne le puedan parecer dramáticas, las atravesaré con alegría “porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

Job 1:21 dice: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.” Por lo tanto me gozo de padecer necesidades por momentos y agradezco las alegrías que me provoca ver la mano sustentadora de Dios levantándome nuevamente, vez tras vez.

Mi clamor a Dios es por los que deberían crecer en la fe, en la comunión con Dios, en la predicación de la palabra a los perdidos… y están perdiendo su tiempo en reuniones que les “entretienen” y les hacen creer que son para su “crecimiento” mientras el tiempo sigue pasando y quizá llevan 10, 20 ó 30 años de “cristiano” sin tener idea qué rumbo tomar en la vida y cuál es verdaderamente el propósito de Dios para sus vidas! Esto es mortal! Literalmente mortal! Pero no lo alcanzan a ver.

Lamentablemente, he visto en el correr de los años, congregaciones multitudinarias en donde los hermanos necesitados no son tenidos muy en cuenta, ni se les ayuda para sostenerlos o proveerles lo necesario. No lo digo a modo de queja, ya dije que en lo personal jamás me ha faltado el pan. Pero he visto que muchos, pudiendo ser ayudados o sostenidos por las ofrendas de los hermanos, eran dejados a un lado por gastos “más necesarios” según su criterio, que distaba mucho de ser el bíblico. “Es obvio que hay temas más urgentes que tratar, que atender a un hermano de poca fe que no supo aferrarse a la bendición económica por la que oramos la semana pasada”, quizá afirmen con su mentalidad de empresa. “Salvo que el hermano sea útil, se deberá por todos los medios, desalentar a estos mendigos del siglo XXI que roben de lo que el Señor nos ha provisto para continuar expandiéndonos hacia la meta”.

Siempre me pregunté cuál era esa “meta” de la que tanto hablan algunos sin detenerse jamás a pensar lo que están diciendo. Es bueno, para el mentiroso, poner hacia adelante un objetivo que cada día siga estando lejos: La llenura del Espíritu Santo (sí, hasta han usado esa figura), el hablar en lenguas, no han pasado 6 meses desde que comenzaste a congregarte… Cuando escucho estas tonterías, puestas como objeción para que un hermano comience a trabajar para el Señor en cualquier área, me pregunto: ¿Qué hizo el ladrón que estaba crucificado al lado de Jesús para que el Señor le diga: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”? (Lucas 23:43). Es obvio que sólo creer. Ni siquiera se había bautizado! No predicó a nadie, no discipuló a nadie, no fue a ninguna iglesia… ¿Cuál es el impedimento que los hombres ponen en tu congregación para que los que creen en el Señor no comiencen a decir lo que han visto y oído? Realmente me encantaría saber qué tonterías usan algunos para limitar la extensión del reino de Dios con sus reparos!

A partir de varias idas y vueltas en el camino del Señor, creo firmemente que lo único que importa es mantener la comunión con el Señor y con algunos hermanos fieles a Él (y no a cualquier rito pagano con nombre espiritual -aún con intenciones de parecerse en algo al cristianismo-), y seguir Sus enseñanzas las cuales nos son impartidas mediante la palabra de Dios y gracias a la revelación que el Señor jamás niega a quienes la piden con fe.

No entiendo bien hacia dónde corren algunos líderes cristianos, pero creo que, invariablemente, la gran mayoría ha perdido el norte. ¿Por qué digo esto? Porque sucede lo siguiente y ya lo he visto en diversas “etapas” o “épocas” mal llamadas de “avivamiento”:

Suele aparecer alguien que dice haber recibido alguna revelación determinada de Dios. Primero lo miran como un extraterrestre y lo señalan y lo juzgan. Luego, cuando ven que llena sus edificios de gente, comienzan a dudar de lo que venían haciendo era del todo la obra de Dios. Preguntándose (ingenuamente en sus cavilaciones): «Cuando veo la gente que va a las reuniones que hace X, entiendo que esos “frutos” son deseables para mi propia congregación»

Luego oran. No tanto para conocer la voluntad de Dios al respecto, sino que, con toda pérdida de temor, insisten a Dios que lo que quieren es “ESO” mismo que han visto en las reuniones de “X”: tener sus servicios llenos de gente…

El Señor, suele responder a los que piden codornices, aún cuando sabe que las mismas pueden causarle la muerte (Números 11:31-34).

Y así se agranda el círculo. Aparece otro líder, de otra zona, que le comenta las maravillas que ha visto en ese lugar (dejándose llevar por la avaricia de querer poseer él también aquello, quizá -vamos a dejar cierta sombra de duda- creyendo que lo que ha visto viene de Dios por haber “sentido” algo amocional) y uno a uno, se van contagiando.

En lugar de orar, para saber cuál es la voluntad del Señor en este caso. Ven a tantos abrazar esa “forma” de reunión que caen rendidos ante la falsa y errónea evidencia de creer que, como otros líderes ya aceptan esto como cual cosa, no sería tan necesario consultar a Dios al respecto. “Es obvio, que si tantos líderes lo aceptan, todo es obra de Dios. ¿Cómo puedo ser yo la única persona que no lo vea?”.

Amo al Señor con todo mi corazón. Pero cuando veo estas cosas mi angustia crece por el celo de las cosas santas. Y la unción que Dios a dado a ciertos líderes, se desparrama en tonterías que los atan más a este mundo. Quizá no alcanzan a verlo, porque corren de aquí para allá, confiados en que lo que hacen es la obra de Dios. Realmente es algo triste y digno de reflexionar. Debemos orar mucho, tanto por los avaros que saben lo que hacen y no temen a Dios (para que sean tocados por Dios, abran sus ojos y vean que el evangelio es mucho más sencillo y que Dios no les manda contruir catedrales, sino predicar el evangelio), como por las almas (de líderes y ovejas) que han caído en el error de Balaam (2ª Pedro 2:15-16).

Las ovejas escogidas por el Señor son santas. Mucho más que los materiales con que se contruyen muchos templos o los adornos con que se llenan sus interiores.

Si no cuidamos a las ovejas, su sangre nos pedirá Él de nuestras manos. Ellas son el templo del Señor. No el edificio.

En el camino de crecimiento de muchas congregaciones que abrazaron con tanto fervor todo este mover moderno, he visto cientos de hermanos perder su fe, consumidos por la realidad de la avaricia de estos hombres (a quienes no  juzgo, Dios lo hará). Sólo me duele, la realidad de las ovejas que otrora sirvieron con humildad y alegría al Señor, dejados de lado por el emporio de la religión y la conquista de posiciones de poder mal llamadas “espirituales”.

Ah! Y me olvidaba de las veces que escuché citar, acerca de estas ovejas débiles, que “no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan” (Salmo 37:25b), como si no existiese en la biblia forma de enlazar todo su mensaje con el de Santiago.

Porque la biblia también tiene un libro del apóstol Santiago que hace referencia a la “Amonestación contra la parcialidad” en su capítulo 2, en donde dice (entre otras palabras de riquísima sabiduría):

“Y si un hermano o una hermana están desnudos,
y tienen necesidad del mantenimiento de cada día,
y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos,
pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?
Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.”

Y a este aspecto de la iglesia me refiero, al de sostener a las ovejas con las ofrendas de las que más poseen. Para eso eran las ofrendas inicialmente, ya que en la iglesia primitiva compartían todos sus bienes para suplir “según la necesidad” de cada uno: “Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad”, Hechos 4:34-35.

No quiero dar a entender que estoy diciendo: “Vendan todas sus posesiones y tráiganlas a la iglesia”, sino que hago énfasis en que lo recaudado, sea lo que sea, debería ser utilizado para suplir las necesidades básicas de los hermanos. Lamentablemente, poco existe de esto en las “mega” congregaciones.

Finalmente leemos en 1ª Corintios 9:14-16:

“Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria. Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!”

Algunos, con la excusa de que “la biblia dice que puedo vivir del evangelio, porque soy Su ministro”, hacen ostentación de cuanta cosa nueva aparece en el mercado como si tuvieran una compulsión por el consumo de productos tecnológicos, de moda, etc. Por lo general, esto hace muy mal a la persona, que en lugar de ser reprendida, es aplaudida y considerada un personaje de éxito. ¿No resulta, cuanto menos, triste?

Yo agradezco al Señor que con mis defectos y errores, me haya llamado a predicar Su evangelio a TODA criatura. Pongo en práctica la fe mediante la donación espontánea en donde aparece la necesidad. Busco formas de llevar el mensaje a los demás. No espero recompensas de este mundo, jamás me saciarían como lo hace Él. Me reúno regularmente con hermanos y nos gozamos en la presencia del Señor con alabanzas. En ningún lugar en particular, pero en presencia del Señor. Gracias Jesús!

Que el Señor los bendiga y guarde.

Somos descendientes de la promesa de Abram

En Génesis 12:1-4, se nos relata cómo Abram recibe la promesa de Dios (quien haría de él una nación grande) a la edad de 75 años.

Se desprende de que Abram (y Dios también) sabía que Sarai, su esposa, era estéril del pasaje que encontramos en Génesis 11:29-30.

En Génesis 15:1-6, Dios insiste en abundar sobre los detalles de su promesa a Abram. ¿Con qué objeto? Es que sabía que Abram aún guardaba sus opiniones sobre el modo en que Dios cumpliría su palabra. Finalmente le cree a Dios (quien le recalca que será “un hijo tuyo”) y esa fe le es contada por justicia.

El capítulo 16 de Génesis, es un relato de cómo el hombre se esfuerza por “ayudar” a Dios a cumplir sus promesas…
Sarai le dice: “Ya ves que Dios me hizo estéril, al menos dame un hijo de mi sierva Agar” y le pidió que se acostara con ella. Abram lo hace, y a los 86 años (Génesis 16:16) se convierte en padre.

Algo ocurre con el tiempo. A los 99 años, (Génesis 17:1-8) Dios vuelve a hablarle, le cambia el nombre e insiste sobre una promesa realizada hacía 24 años y luego reconfirmada.
¿Acaso se había olvidado ya Abram de que Dios le había prometido tan grande bendición? ¿Es posible que Abram creyera que lo que el Señor le había provisto era el cumplimiento de la promesa? Aparentemente, todo estaba dado y cumplido, pero Dios siempre va más allá de lo que ven nuestros ojos y esperan nuestros sentidos.

En Génesis 21:1-5 vemos el cumplimiento de la promesa de Dios. Llegando a tiempo, ni un minuto fuera de lugar. Ni antes, ni después. Génesis 18:14 lo plantea claramente así: “¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo.”

No quedaban más dudas, Isaac estaba ahí, seguramente dando sus primeros gritos en este mundo, y Dios en Génesis 21:12 le corrige sus dudas a Abraham cuando le dice: “En Isaac te será llamada descendencia”.

Nosotros somos parte de esa descendencia, creída por fe por Abram, cuando aún faltaban 25 años de trato de Dios para llevarla a su cumplimiento.

Algunos repiten el dicho: “Dios aprieta pero no ahorca”. Yo creo que aún cuando llegare a ahorcar, tendrá provisto su poder para levantarnos de la muerte si es que hemos sido escogidos y si somos parte de esa descendencia profética.

Que el Señor les siga bendiciendo !!!

“Eres Amado” (por el pastor Paul Washer)

Es un gran, gran honor y un privilegio para mi estar hablando hoy acá. Es un gran privilegio.
Estoy desbordado por la bondad de Dios que me ha dado la oportunidad de estar acá en este lugar, compartiendo y hablando del evangelio de Jesucristo en comunión con creyentes.
Es un privilegio tremendo.
Y no se desanimen. Nunca se desanimen. No existe razón para desanimarse.
Algunos de los mejores sermones que han sido predicados, fueron predicados para 6 personas.
Algunas de las más fantásticas manifestaciones de Dios acontecieron entre un puñado de creyentes.
Nosotros no deberíamos usar la sabiduría del mundo. Deberíamos usar la sabiduría de Dios.
Si esto fuera fácil, todos estarían haciéndolo.
Esto no es acerca de cuán útiles podemos llegar a ser, o de cuán exitosos parecen ser nuestros ministerios. Es acerca de ser moldeado a la imagen de Cristo.
Absolutamente todo en nuestras vidas es dirigido a moldearnos.
Dios no es servido por manos humanas como si Él necesitara algo de nosotros. Él nos otorga el privilegio de participar en la gran obra que Él está haciendo. Pero, el gran objetivo de Dios no es hacernos siervos exitosos; el gran objetivo de Dios es conformarnos a la imagen de Jesucristo.
Fue cuando me di cuenta de que no necesitaba moverme un centímetro a la izquierda o a la derecha para ser amado por Dios; que no necesitaba ser exitoso a los ojos del mundo, o poderoso, o elocuente, o inteligente, o cualquier otra cosa; que simplemente era amado.
Soy tan impuro, tan injusto y tan ignorante sobre las cosas de Dios que me siento tan avergonzado.
Dije: “Tu alegría y todo sobre ti, tu comodidad, tu alegría, tu paz, vienen de tu desempeño y de lo que puedes hacer por Dios”.
Digo: Mi consuelo, mi alegría, mi paz viene de lo que Dios hizo por mí en la obra terminada de Cristo.”
Dios no permitirá que tu fuente sea cualquier cosa fuera de Él o Su gracia. Hay un sentir de que si no estamos andando con Dios como cristianos, Él va a convencernos de nuestros pecados. Hay un sentir de que deberíamos estar tristes por nuestra falta de obediencia. Pero, al mismo tiempo, tenemos que entender lo siguiente: ¿Sabes qué hace Dios durante gran parte de la vida de los creyentes, después de que son salvos? Él no obra “vida” en ellos tanto como obra “muerte” en ellos. Después de un corto período, llamado por algunos “Luna de Miel”, en el cual Dios nos protege con Su gracia, Él empieza a alejarse un poco para que empieces a ver que no puedes hacer nada y que todo depende de Él.
Es por eso que muchos ministros jóvenes salen a predicar. Ahora, si son hombres de Dios, se encontrarán generalmente con años y años de fracasos. Hay excepciones, como Charles Spurgeon y otros, pero, a la mayoría de nosotros, Dios permite que pasemos por muchos fracasos en nuestras vidas de oración, fracasos en nuestra habilidad de leer la palabra y entenderla, fracasos en nuestras prédicas, fracasos en todas las áreas, para que al final podamos llegar a un punto donde digamos: “Oh, Dios, ¿a quién tengo en el cielo sino a Ti, a quién tengo en la tierra sino a Ti?”; y entonces Dios empieza a trabajar en nuestras vidas y en nuestros corazones.
Eso es lo que quiero que veas. No quiero que obtengas alegría de tu desempeño, sino de la obra concluida de Cristo. Quiero que obtengas todo únicamente de esa Única Persona. Y así tu alegría, tu consuelo, tu paz, serán tan sólidos como una roca que no se altera.
Pero mientras tu alegría, tu consuelo y todo lo demás, vengan de tu desempeño, pasarás el resto de tu vida así.
Una vez un hombre se me acercó y me dijo: “¿Sabes?, podrías hacer esto, y esto, y el ministerio se expandirá, y podrías pensar en TV, y pensar en todas estas cosas, sería buenísimo.”
Después que él terminó, le dije: “Pero si hago todo eso, ¿dónde voy a encontrar tiempo para ir de pesca?”
Él me miró, y yo sé lo que él pensaba, era algo así como: “Este es el hombre menos espiritual que he escuchado hablar”.
Lo miré y le dije: “Señor, ya fui así. Ya pasé buena parte de mi vida cristiana trabajando a morir, para que de alguna forma Dios creyera que yo era especial. No necesito ese ministerio o aquel ministerio o de las cosas que me estás hablando. Sé que soy profundamente, eternamente y perfectamente amado. Ahora, si Dios quiere que me vaya a hacer alguna cosa, iré a hacer alguna cosa, porque Él me ama tanto. Pero no necesito ser grande. No necesito ser listo, no necesito ser elocuente, no necesito de un ministerio tremendo, y no necesito ser famoso. ¡Dios me ama! Y eso es suficiente.”
Quiero que sepas, si eres un creyente acá hoy: ¡Dios te ama!
Algunos dicen: “El mayor acto de fe es resucitar a los muertos. ¡Caramba! Si puedes resucitar muertos, ¡sí tienes la fe!”
Y siempre digo: “¿Sí?”.
Y si me preguntan: “¿Cuál es el mayor acto de fe?”, digo: “Para mí, es mirar al espejo de la palabra de Dios y ver todas mis fallas, todos mis pecados, todas mis deficiencias, y creer que Dios me ama exactamente como Él dice que me ama.” Él realmente me ama. Eres amado, si estás en Cristo. Eres acepto, si estás en Cristo. Siempre andas con esa seguridad en lo profundo de ti; a los legalistas no les gusta mucho eso. Pero para alguien como yo, eso es algo maravilloso. Para alguien que nunca fue capaz de hacer todo correctamente, como otras personas, este es un mensaje maravilloso.
Leamos Romanos 3:23. “Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por Su gracia son justificados gratuitamente, mediante la redención que Cristo Jesús efectuó. Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia, anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los pecados; pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál principio? ¿Por el de la observancia de la ley? No, sino por el de la fe.”
El Dr. Martin Lloyd-Jones dijo: “Esta es la acrópolis de la fe cristiana.”
La ciudadela. posiblemente el pasaje más grandioso de toda la biblia.
Esto que acabamos de leer, posiblemente se el pasaje más importante de toda la biblia.
¿Lo has leído? ¿Lo entendiste? ¿Lo has estudiado detalladamente? Porque aquí encontramos la mayor de todas las verdades. Algunas personas leen este pasaje y la única cosa de la que se acuerdan es: “Romanos 3:23″. Y este pasaje, en mi opinión, es el más importante de toda la biblia.
Para poder entender la cruz de Jesucristo tenemos que entender este pasaje.
Soy tan impuro, injusto e ignorante sobre las cosas de Dios que me siento avergonzado.
Pero mi consuelo, mi alegría y mi paz vienen de lo que Dios hizo por mí y de la obra concluída de Cristo.

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No suelo recomendar películas, pero esta realmente me impactó.

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Uno mayor que el templo

Este escrito ha sido publicado con permiso de su autor, el doctor Pablo R. Bedrossian.

El Dr. Pablo R. Bedrossian, es cristiano, músico y profesional de la medicina. Personalmente me gustó mucho la mirada que arroja sobre este tema y considero que lo mejor es dejarlos en compañía de su contenido:


Los templos no son una creación cristiana, ni judía. Sin embargo, han tenido un alto impacto en la historia del judaísmo y posteriormente en la de la iglesia. Mi propósito es cuestionar algunos conceptos que por ser tradicionales parecen ciertos. Fiel a mi estilo, abro la polémica. 

EL TEMPLO PARA LOS JUDIOS 

Aunque la Biblia no pretende ser un libro de Historia, da referencias que sugieren que los lugares de culto más primitivos fueron altares de piedra donde se realizaban sacrificios. Según el texto fueron utilizados por patriarcas como Noé (Gn.8:20-21), Abraham (Gn.12:6-8, 13:18) e Isaac (Gn.26:24-25). 

El tabernáculo y la posterior construcción del templo de Jerusalén muestran una “paganización” de Israel al reducir a un sitio específico la residencia divina en la Tierra. Según el 2º Libro de las Crónicas, Salomón comenzó el discurso inaugural del templo con una afirmación categórica: “Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad. Yo pues he edificado una casa de morada para ti, y una habitación en que mores para siempre” (2 Cr.6:1-2). Si bien luego dice “Mas ¿es verdad que Dios habitará con el hombre en la tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener: ¿cuánto menos esta casa que he edificado?” (2 Cr.6:18), el Lugar Santísimo del templo constituyó para el pueblo judío el lugar de la presencia de Dios, estatus al que jamás aspiraron las posteriores sinagogas, sitios de reunión religiosa. 

Cuando la mujer samaritana le dijo a Jesús “Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar” (Jn. 4:20) hizo referencia a un templo que los samaritanos construyeron en el monte Gerizim, mencionado por Flavio Josefo en su obra “Antigüedades”, que fue destruido por Juan Hircano, uno de los macabeos, en la segunda mitad del siglo II a.C. El relato revela una disputa más profunda: ¿Cuál es la residencia de Dios? ¿Dónde debe adorársele? Los samaritanos continuaban ofreciendo su culto en el mismo emplazamiento, mientras los judíos lo hacían en su templo, cuya reconstrucción relata el Libro de Esdras. 

Flavio Josefo menciona en la misma obra un templo judío erigido en Egipto por el sacerdote prófugo Onías IV, donde se rindió culto hasta el año 74 d.C. Su construcción provino de una disputa por el Sumo Sacerdocio. 

Como se observa, los judíos reservaban el concepto de “casa de Dios” para el templo, que junto al sábado resultaban instituciones emblemáticas para su nación. El Lugar Santísimo seguía siendo el lugar reservado para la presencia de Dios, a donde el Sumo Sacerdote tenía acceso exclusivo. 

EL TEMPLO PARA LOS CRISTIANOS 

El cristianismo nació como una secta judía que creía que Jesús era el Mesías, por ello el templo de Jerusalén ocupó un lugar importante en la vida de los primeros cristianos: “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hc.2:46) y “Todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hc.5:42). En estos textos notamos simultáneamente la importancia de los hogares como sitio de reunión. 

La predicación del evangelio generó graves conflictos en Jerusalén. Incluso Flavio Josefo, también en “Antigüedades” cuenta el asesinato por cuestiones religiosas de Santiago, el hermano del Señor Jesús, defensor de la Ley y cabeza de la iglesia de esa ciudad. Aunque dice que fue apedreado, Eusebio de Cesarea en su “Historia Eclesiástica” cita a Clemente quien dice que fue arrojado desde el pináculo del templo, y luego a Hegésipo, que combina ambas versiones. Se estima que ocurrió en el año 62. 

A mediados del siglo I el evangelio ya había adquirido un alto perfil misionero. Independientemente de la destrucción del templo profetizada por el propio Jesús (Mc.13:1-2), se extendió al mundo gentil. Fuera de Jerusalén la iglesia no disponía de edificios sagrados. Vemos al apóstol Pablo enseñar en sinagogas, y si era rechazado, hacerlo fuera de ellas. Por ejemplo, leemos que durante dos años Pablo enseñó en las escuela de un tal Tirano en Éfeso (Hc.19:8-9), y en sus cartas encontramos la mención “a la iglesia que está en su casa” (Ro.16:5, Col.4:15) que confirma los hogares como sitio de reunión. Por ello no nos sorprende que el templo cristiano más antiguo conocido sea recién de principios del siglo III, en Dura-Europo, Siria. La datación se debe a que la ciudad fue abandonada en el año 256. Se cree que fue una casa particular convertida en lugar de culto, y los frescos con temas bíblicos en sus deterioradas paredes parecen haber sido utilizados con fines de enseñanza. Hace poco se publicó acerca de un lugar de culto en Rihan Jordan, a 50km de Amman, capital de Jordania, que contiene antiguas inscripciones cristianas, pero aún los arqueólogos discuten si se trata de un templo antiguo o una iglesia bizantina construida sobre ruinas de otro edificio anterior. 

Como vemos, los templos cristianos aparecieron muy tarde en comparación con la fe cristiana, prácticamente dos siglos después. Algo similar ocurre con el uso de la palabra “sacerdote”, en griego hierous, dentro de la iglesia. La palabra sacerdote, cuyo significado es mediación entre Dios y los hombres para los sacrificios, no pertenece al Nuevo Testamento. Eusebio de Cesarea utiliza este término aplicado a un ministro del evangelio recién en el último libro de su “Historia Eclesiástica”, escrito probablemente a principios del siglo IV. 

EL TEMPLO VIVIENTE 

Muchas iglesias se han vuelto templocéntricas, cultocéntricas, domingocéntricas y pastorcéntricas. Al decir templocéntricas señalo que la vida de muchas iglesias se concentra en un edificio dedicado al culto divino. De hecho, la palabra iglesia, que hace referencia a la comunidad formada por los cristianos, se utiliza como sinónimo de templo (“vamos a la iglesia”). 

Un templo per se, desde luego, no es ni bueno ni malo. Todo depende del uso que se le dé. Sin embargo, quisiera compartir algunas ideas para el debate. Son opiniones, no verdades, y llevan el propósito de renovar nuestra visión de la vida y la de la iglesia. Recordemos que los templos no son una creación cristiana y que aparecieron tardíamente en la vida de la iglesia. 

Jesús nos envió al mundo, no a los templos. El imperativo “Id” (Mt.28:19,20) es un llamado a servir. El foco del Señor estuvo en las necesidades humanas y con su ejemplo nos mostró que los cristianos estamos llamados a bendecir y “bien hacer” a otros. A veces siento que las paredes de los templos funcionan como muros aislantes, que nos separan de la realidad y contribuyen a ignorarla. No percibo interés en conocer qué pasa fuera de él. No sólo la ciencia, la filosofía o las ideologías, sino problemas sociales como la pobreza, el hambre, las guerras, la violencia, los daños ambientales, la educación, la injusticia y las enfermedades presentan tremendos desafíos a la iglesia de hoy, pero parecen estar ausentes. Incluso me pregunto si algunos cultos (actividad central en la vida de nuestros templos) no alentarán involuntariamente una narcosis espiritual, pues proporcionan emociones fuertes que producen un intenso gozo que puede confundirse con adoración. Si realmente vivimos una experiencia de adoración deberíamos salir del templo a ayudar al prójimo, no a buscar solamente la bendición para nuestros proyectos. Por favor, no se piense que no valoro el culto, del que me gusta participar, y menos de la música, pues he dedicado muchos años de mi juventud a escribir canciones para Dios, pero sí me preocupa el efecto que tiene la vida dentro del templo, sobre todo cuando se reemplaza el llamado de Jesús con nuestro propio entretenimiento, o nuestra protección porque a veces también puede servir para no exponernos. 

El cristianismo “centrípeto” que provocan los templos ha hecho que hablemos de “ir a la iglesia” mucho más que de “ser iglesia”. Cuando Jesús dijo “uno mayor que el templo está aquí” (Mt.12:6) se estaba poniendo por encima de cualquier institución, incluidas las religiosas. Por ello, un segundo aspecto que quiero señalar es el peligro de sacralizar un edificio, aún por el uso para el que fue dedicado. El templo cristiano no es “casa de Dios”, sino un lugar de reunión que puede ser utilizado para otros fines (comedor, práctica de deportes, escuela), así como cualquier lugar fuera del templo puede ser sitio de culto. La comunidad cristiana no está llamada a funcionar dentro del templo, sino a apoyarse mutuamente (no hace falta citar cómo Jesús y luego el apóstol Pablo nos enseñan el amor recíproco resumida en la expresión “los unos a los otros”). Ese espíritu solidario trasciende largamente el ámbito del templo, y nos llama a ser hermanos todos los días fuera de él. 

El Nuevo Testamento nos presenta como templos vivientes (1 Co.3:16-17, 2 Co.6:16). Deben ser nuestras personas y no nuestros edificios donde resida Dios, y su amor se manifieste en nuestros prójimos. Por ello se nos invita a consagrarnos a su servicio: “hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Ro.12:1). Pienso que la iglesia primitiva no necesitó templos de piedra para crecer, sino templos de carne y hueso. Fueron los cristianos, allí en la intimidad de sus corazones, donde la comunión con Dios se transformó es una fuerza evangelizadora arrolladora. 

Obligados a diezmar?

El siguiente texto lo recogí textual del blog FOROEKKLESIA: http://www.foroekklesia.com/showthread.php?t=70765

Lo transcribo porque el tema sigue… y sigue, y sigue despertando apoyos y rechazos… Como si hubiese algo que discutir al respecto. Como si aún no existiera revelación en el pueblo de Dios como para discernir qué es lo que dice o no la Palabra de Dios al respecto. Como si aún no se pudiese saber qué piensa Dios sobre el daño que el exceso de dinero hace en algunos hombres de Dios que se dicen portadores de “nuevos rumbos” o “nuevas visiones” para la iglesia, cuando el evangelio es tan sencillo y cuando Jesús nunca cambia…

Los dejo con el texto para su reflexión:

Como Iglesia de Jesucristo que somos: ¿Estamos o no estamos obligados a diezmar? Esta es una pregunta que casi todos nos hacemos hoy en día, puesto que muchísimos pastores y predicadores están vociferando en las iglesias, en las radios y en diferentes medios, que la Iglesia de Jesucristo está obligada a diezmar o en caso contrario llevar sobre si la maldición de la ley. ¿Es esto lo que enseñan las Sagradas Escrituras?

¿Por qué muchos pastores y líderes de diferentes denominaciones hoy en día quieren imponer la ley del diezmo sobre la iglesia? Es muy común entrar a una iglesia, sea pentecostal o bautista y encontrar al pastor predicando y profiriendo a la iglesia la maldición de Malaquías 3:9. ¿Pero porque los pastores fallan en explicar a quien está dirigida dicha maldición? ¿Está dirigida al pueblo de Israel o a la Iglesia de Jesucristo? ¿O es que el pueblo de Israel y la Iglesia de Jesucristo son la misma cosa? ¿No es Cristo el mediador de un nuevo pacto? o ¿Seguimos estando sujetos a la ley Mosaica?

Uno de los principales argumentos de los que quieren imponer la ley del diezmo a la iglesia es que el diezmo es anterior a la ley. ¿Es cierto esto? Genesis: 14:20 dice que Abram entrego a Melquisedec los diezmos de todo. Preguntémonos: El diezmo que dio Abram, ¿fue voluntario?, ¿o fue exigido?. Está claro que fue una acción voluntaria por parte de Abram, no había ninguna ley que le obligara a hacerlo, y claramente no había ninguna maldición que callera sobre él en caso de no hacerlo. Sin embargo hoy en día, no se enseña el diezmo como algo voluntario, sino como algo exigido. El solo hecho de pretender exigir al creyente hacer una obra es contrario al nuevo pacto establecido por nuestro Señor Jesucristo: La gracia.

La segunda persona que aparece en la Biblia que haya diezmado fue Jacob, Génesis 28:20 dice que Jacob hizo voto, diciendo: “Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, 21 y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová sera mi Dios. 22 Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartare para ti.” Aquí la Escritura nos dice que Jacob hizo un voto a Dios, ahora un voto es algo que uno ofrece a Dios de manera voluntaria, una vez mas esta promesa que hizo Jacob fue totalmente voluntaria, sin una ley que le obligara ni una maldición que le pudiera caer en caso de no hacer el voto. Una vez que hizo su voto a Dios entonces si estaba obligado a cumplir.

Ni el caso de Abram, ni el caso de Jacob nos enseñan que diezmar sea obligatorio. Diezmar se hace obligatorio únicamente bajo la ley. Solamente los que estaban bajo la ley, estaban a la vez obligados a cumplir la ley del diezmo y no solamente esta ley, sino todas las demás leyes.

Números 18:24 dice “Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad.” Esta es la ley del diezmo, nótese, que los diezmos legítimamente establecidos en la ley pertenecen a una tribu en particular, no se podían entregar diezmos a cualquier persona, únicamente a los levitas. ¿Donde es que ocurre la transición y bajo la autoridad de quien es que se transfiere el derecho de receptor del diezmo de manos de los levitas a manos de los pastores? Jesucristo nunca hizo tal transferencia, jamás instruyo a sus discípulos a cobrar el diezmo y a subsistir de ello. El apóstol Pablo quien fundó la mayoría de las iglesias entre los gentiles nunca instruyo que se diezmara para el sostenimiento de los pastores ni de la obra, únicamente instruyo sobre dar voluntariamente. Ninguno de los otros apóstoles jamás instruyeron a la iglesia a diezmar, entonces ¿Quien o quienes son los que han quitado el derecho al diezmo de manos de los levitas para transferirlo a los pastores? No fue Jesucristo, no fue Pablo, no fue Pedro, no fue Juan, no fue ninguno de los otros apóstoles, quienes fueron? Fueron los mismos pastores modernos de hoy en día. La iglesia católica también cobro los diezmos durante varios siglos, pero hoy en día son los mismos pastores, y esto es algo muy lamentable, pero es cierto. Los mismos pastores que predican la salvación por gracia, pero a la vez niegan esta gran verdad al exigir los diezmos. Los mismos pastores que predican sobre el nuevo pacto, pero que a la hora de las finanzas siguen imponiendo una ley que ya ha sido cambiada, porque Hebreos 7:12 dice “Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley”. Los mismos pastores que predican que ni tribulación, ni angustia, ni persecución, ni hambre, ni desnudez les van a poder separar del amor de Cristo, pero mandan hasta a las viudas y a los hermanos más pobres a traer 10% de sus escasos recursos para ellos poder construir grandes templos, comprar radio emisoras, poner canales de televisión y vivir en mansiones. ¿Sera esa la voluntad de nuestro Señor? Antes el nos invita a venir a Él todos los que estamos trabajados y cargados y promete hacernos descansar.

Lo peor de todo es que los imponen el diezmo dicen predicar el evangelio de Jesucristo pero a la vez niegan la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo. Todos los defensores del diezmo, a quienes podríamos bien llamar: los judaizantes de nuestros tiempos, todos ellos el primer pasaje de la Biblia que citan para imponer el diezmo es: Malaquías 3:9 que dice: “Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado” ¿A quien escribió esto Malaquías? Lea el libro de Malaquías y se dará cuenta que esto va dirigido al pueblo de Israel y para el tiempo del profeta Malaquías la ley estaba en completa vigencia. ¿De dónde viene la maldición que profiere el profeta Malaquías? La maldición que profiere el profeta es la maldición de la ley en contra de aquellos que la desobedecen, Deuteronomio 27:26 dice “Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas. Y dirá todo el pueblo: amen.” El pueblo de Israel estaba cayendo bajo maldición precisamente por quebrantar un mandamiento de la ley: el mandamiento del diezmo. Pero ¿qué nos dicen las sagradas escrituras respecto a las maldiciones de la ley? ¿Puede la Iglesia de Jesucristo caer bajo las maldiciones de la ley? o ¿Esta la Iglesia libre de las maldiciones de la ley? Gálatas 3:13 dice “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).” Si Jesucristo el Hijo de Dios nos redimió de la maldición de la ley, ¿Que denominación, pastor o hombre podrá someter a la iglesia de Cristo nuevamente bajo la maldición de la cual El nos hizo libres? Claramente ningún pastor, ningún predicador, ningún hombre puede someter a la iglesia de Cristo bajo la maldición de la ley, por lo tanto todos aquellos que tergiversando las escrituras le predican a la iglesia que la maldición de Malaquías puede venir sobre ellos, están predicando falsedad y engaño, no están predicando la sana doctrina de la Palabra de Dios, y están ellos mismos cayendo en condenación por predicar falsedades.

En los escritos del Nuevo Testamento no encontramos ningún pasaje que nos indique que diezmar haya sido una práctica de la Iglesia durante el tiempo de los apóstoles. El principal expositor del evangelio a los gentiles, el apóstol Pablo no instruyo en ninguna de sus cartas a las respectivas Iglesias de que se debiera adoptar la ley del diezmo dentro de la Iglesia. Recordemos que el diezmo era parte de la ley de Moisés, esta le fue dada al pueblo hebreo. Los pueblos gentiles desconocían la ley de Mosiaca, si el diezmo hubiese una doctrina y una práctica tan fundamental como la han convertido hoy las diferentes denominaciones, ¿Por que es que el apóstol Pablo ni si quiera menciono el tema a las diferentes iglesias cuando si abordo prácticamente todos los aspectos relacionados con la vida Cristiana? Las iglesias integradas por los nuevos convertidos gentiles probablemente nunca hubieran escuchado mencionar el diezmo, pero el apóstol Pablo ni si quiera se los menciona en sus cartas!. ¿Cómo pudo el apóstol Pablo omitir mencionar algo tan importante? Simple y sencillamente el apóstol Pablo nunca tuvo la intensión de enseñar que la iglesia debiera adoptar la ley del diezmo.

Los judaizantes querían mezclar el nuevo pacto con la ley Mosiaca, la respuesta del apóstol Pablo fue contundente y defendió a toda costa que no se podía exigir que los creyentes entre los gentiles adoptaran la ley Mosaica, ni en su totalidad, ni parcialmente. En aquellos tiempos los judaizantes pretendían exigir que los gentiles fueran circuncidados, hoy los judaizantes no les interesa la circuncisión pero si les interesan las finanzas, por lo cual desechan toda la ley pero adoptan una sola ley: la ley del diezmo. Ahora se nos enseña que podemos descartar todas las instrucciones de la ley, tales como la circuncisión, el guardar el sábado, las leyes sanitarias, etc. sin embargo se nos pretende obligar a cumplir a toda cabalidad la ley del diezmo. ¿Cómo es posible? El apóstol pablo escribiendo a los gálatas les dice: Gálatas 5:2 “He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechara Cristo. 3 Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. 4 De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” Si alguien pretende ser acepto delante de Dios cumpliendo un punto de la ley, esa persona está obligada a guardar toda la ley. No podemos escoger como queremos ser justificados, no puedo yo decir si cumplo esta ley y esta otra, pero las demás no las cumplo, ya con eso estoy justificado. ¿Qué tipo de evangelio predican los que pretenden imponer la ley del diezmo? Ciertamente no es el evangelio Bíblico, pues el evangelio Bíblico no es una mezcla, no es un evangelio de salvación por medio de un combo: gracia-ley del diezmo. Pretender ser justificados delante de Dios mezclando la gracia con las obras de la ley, llámese ley del diezmo u otra ley, no es Bíblico. Eso es exactamente lo que enseña la iglesia católica, que la salvación no depende únicamente de la gracia de Dios sino también de las obras meritorias que el hombre tiene que hacer para obtenerla. ¿Por qué hermanos habremos de seguir el camino apostata de la iglesia romana? Nunca!, dirían algunos pastores, ¿pero entonces porque quieren imponer la ley del diezmo?

El caso de imponer o pretender imponer el cumplimiento de la ley a los creyentes gentiles fue algo que fue tratado durante el concilio en Jerusalén. Lea el capítulo 15 del libro de Hechos. Luego de algunas aportaciones de algunos hermanos el apóstol Pedro dice en el versículo 10 “Ahora, pues, ¿por que tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?” ¿Quien esta hablado aquí? El apóstol Pedro está hablando y ¿qué es lo que está diciendo? Esta diciendo que aquellos que pretenden imponer la ley de Moisés a los discípulos de Jesucristo están tentando a Dios! Tentar a Dios es algo que nadie querría hacer jamás, Dios es fuego consumidor, ciertamente ningún hombre podrá tentar a Dios y escapar su juicio, aunque muchos no enfrentaran el juicio aquí en esta tierra, pero un día lo enfrentaran. Además el apóstol Pedro está hablando de no poner carga, no poner yugo sobre la cerviz de los discípulos. Un día se les pregunto a los miembros de una iglesia si ellos diezmaban, hubo muchos de ellos que dijeron que no, y se les pregunto porque, la repuesta de todos ellos fue que no ajustaban con sus pequeños salarios ni para cubrir sus necesidades básicas. ¿No será esto un yugo sobre la cerviz de los hermanos?, exigirles dar el 10% de su salario o de lo contrario decirles que le están robando a Dios y que están cayendo bajo maldición. Pregunto: ¿Sera que al apóstol Pedro se le olvido mencionar que si se debía llevar la carga que representa el diezmo para todos los hermanos pobres? ¿Porque no dijo: ninguna otra carga, más que esta única: la del diezmo? Porque si habían hermanos pobres en aquellos tiempos y aun los hay hoy, aunque muchos predicadores de la prosperidad lo quieran negar y digan que la pobreza es maldición y aunque muchos también lo nieguen pero para los más pobres el diezmo es efectivamente una carga, y mucho más cuando va acompañado de la amenaza de maldición y de condenación eterna por no hacerlo. ¿O a caso no predican los que quieren imponer el diezmo, que el que no diezma se va al infierno? Claro que eso es lo que predican, nuevamente aplicando erróneamente Malaquías para decir que el que no diezma le está robando a Dios, si no diezmar es robar y los ladrones no entraran en el reino de Dios, entonces están enseñando claramente que el que no diezma se va al infierno! El concilio de Jerusalén concluye con la recomendación de Jacobo, de que se les escriba a los gentiles, Hechos 15:28 “Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: 29 que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.” ¿A quién ha parecido bien no imponer ninguna carga más a los gentiles? Al Espíritu Santo ha parecido bien! A Dios a parecido bien! y si a Dios a parecido bien no imponernos las cargas de la ley, ¿qué hombre será aquel que podra revertir la voluntad de Dios y volver a esclavizarnos bajo el yugo de la ley? ¿Sera que en el dia del juicio los que tal quieren hacer tendrán buenas cuentas que entregar a Dios mismo, a quien ha parecido bien no imponernos ninguna de las cargas de la ley?

Hebreos 7:18 dice “Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia 19 (pues nada perfecciono la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.” El mandamiento anterior que exigía el cumplimiento de muchas obras ha quedado abrogado porque era débil e ineficaz y ahora tenemos una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios. Ya no podemos acercarnos a Dios por nuestras obras, no es por diezmar, no es por circuncidarnos, no es por guardar el sábado, no es por ninguna de las obras de la ley, sino por la fe en nuestro Señor y Salvador Jesucristo que podemos acercarnos a Dios y ser salvos únicamente por su gracia.
Me cuesta entender cómo es que casi la totalidad de los pastores fallan en reconocer esta verdad fundamental de las Escrituras. ¿Cómo es que pueden predicar que somos salvos por la gracia de Dios lo cual es totalmente correcto de acuerdo a las enseñanzas del nuevo testamento, pero a la vez poner como requisito una obra de la ley? ¿O no ponen los diezmos como requisito para ser salvo? Nuevamente, si no diezmar es robar y los ladrones no entran al cielo, entonces implícitamente, se está enseñando que el que no diezma no puede ser salvo. La única explicación que encuentro para este error por parte de la mayoría de las denominaciones y pastores tiene que ver con las finanzas. Los pastores parecen estar convencidos que si no imponen la ley del diezmo sobre los creyentes, entonces la obra de predicar el Evangelio se va a venir abajo y ellos perderán su fuente de ingresos. ¿Pero, es que acaso solo con exigencias y amenazas podemos dar los Cristianos? ¿No tenemos amor nosotros por la obra y por los pastores como para dar voluntariamente para su sostenimiento? Pues precisamente de esta manera: voluntariamente, es que esta establecido que nosotros los Cristianos debemos dar! Así lo enseño el apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios en la cual instruye (2 Corintios 9:7) “Cada uno de como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” Esta es la manera en que los Cristianos debemos de dar, no con tristeza, no por necesidad, no porque nadie nos obligue, no porque tenemos que obedecer la ley de Moisés, no por ninguna otra razón, sino porque Dios pone el amor en nuestros corazones, para que nosotros demos voluntariamente. Dar para nosotros no es un requisito para poder alcanzar la salvación sino un fruto del amor de Dios que está en nosotros. No tenemos que dar un porcentaje establecido, podemos dar desde un vaso de agua hasta todo lo que poseemos.
Que Dios les bendiga a todos los que puedan leer esta pequeña reflexión. Gloria y honra a Dios Padre y a nuestro Señor Jesucristo por los siglos de los siglos. Amén.

Atentamente,

Hno. Miguel Obando Rojas
Managua, Nicaragua.

Hay varias respuestas planteadas, en respuesta a este tema, en dicho foro.

Quienes avalan el diezmo, lo hacen pensando en su bolsillo, en su necesidad como líder de una congregación, en su propio “molino”.

Si las iglesias administraran el dinero de modo transparente y generoso, conforme a las escrituras, esto sería visible a todos y todos darían aún sus propias casas !!! Tal cosa sucedió en la época del libro de los Hechos. No se dudaba de una mala administración de las arcas de la iglesia, sino que eran usadas para sostener a los misioneros, dar de comer a las viudas y huérfanos y mayormente para los hermanos que estaban en necesidad.

No se utilizaba con fines edilicios, ni se utilizaba para gastos superfluos. Y no era mencionado el “diezmo” como tal en el tiempo apostólico. Sólo se mencionaba el tema de las ofrendas.

El malgasto de los ingresos de la iglesia de hoy (junto a la ausencia total de transparencia), es el primer obstáculo para que los hermanos den generosamente.

¿Por qué ocultar las cuentas de la iglesia? ¿Acaso se teme que se sepa que el pastor cambió de automóvil o que compró un nuevo departamento en una zona lujosa como regalo de casamiento para su hija? No tiene nada de malo esto, si todos los miembros lo aprueban, pero… ¿se hace a la vista de todos o se busca ocultar de todas las maneras posibles?

Además, si se malgasta el dinero, ¿Quién creen que les pedirá cuentas?

Como cristianos, tenemos el deber ante el Señor de evitar que los ministros lleven una vida licenciosa y casi mundana, haciendo gastos que podrían ser más moderados. ¿Cómo hacerlo? Dando menos.

La ofrenda podemos darla a quien Dios nos mande. Quizá exista una persona necesitada que ayudar a la que el Señor ponga en nuestro camino… ¿cerraremos el corazón a ella por dar el dinero en un lugar que sabemos malgastador? Dios nos pedirá cuentas a nosotros de nuestra mayordomía, no podremos responsabilizar a terceros…

Que el Señor les bendiga !