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Hoy, Domingo 18/05/2008, he leído el siguiente texto en la revista VIVA de hoy del diario Clarín.

Reproduje dos párrafos que me parece que encierran (levemente) parte de la historia, carácter y valores que poseía C.S.Lewis el autor de las (por Disney ahora más famosas) “Crónicas de Narnia”.

Quienes somos cristianos, no deberíamos dejar de leer su otra obra, la que precisamente encierra muchísima más riqueza y profundidad.

Aquí les dejo el texto que decía:

Un mundo encantado oculto en un lugar improbable, criaturas extrañas y animales parlantes, chicos que comandan batallas, un rey león y una reina gélida y malvada.

Quienes no conocieran la obra de C.S. Lewis al internarse en el cine a ver “El león, la bruja y el armario (la primera novela de la saga de Narnia que filmó Disney en el 2005) podrán haber pensado que no se trataba de una historia del todo original.

Lo que acaso no supieran es que, si la historia les resultó conocida, es porque infinidad de relatos posteriores se inspiraron, precisamente, en el universo creado por el humilde profesor irlandés.

Sin ir mas lejos, la mamá de Harry Potter (J .K. Rowling), admitié haber entrado de algún modo al armario con los chicos Pevensie al idear su mundo de hechizos, magos y muggles. Y hasta vaticinó siete novelas para su héroe, tantas como le llevó a Lewis contar el devenir de Narnia.

Para más de una generación de chicos sajones, hubo un antes y un después de Narnia, esa tierra helada que se encuentra detrás de los tapados de piel, en el fondo del armario del profesor Kirke.

Uno de esos tantos lectores subyugados se llama Andrew Adamson. Y lo único que lo diferencia de otros devotos es esto: en las manos de este afortunado neocelandés quedó la enorme tarea de llevar las dos prirneras novelas de la saga a la gran pantalla.

EL PADRE DE LAS CRIATURAS

La vida de Clives Staples Lewis (1898-1963), Jack para los amigos, tuvo su propia cuota de magia.

Por un lado, esta su historia de amor con Joy Gresham, una judía americana locuaz y vivaracha por la que perdió la cabeza y renunció a su rutina de académico solterón (sobre esta relación versa el filme “Tierra de Sombras”, (donde Anthony Hopkins da vida a Lewis y Debra Winger a Joy), sólo para morir a pocos años de iniciado el romance.
El escritor adoptó a los dos hijos de Joy uno de los cuales colaboró en la producción de las dos películas de Narnia.

Y por otro, su fértil amistad con J.R.R. Tolkien, el autor de la Trilogía de los Anillos.

Ambos formaban parte de un club de escritores que se reunia en un pub de Oxford a leer poesías en inglés antiguo y discurrir sobre literatura. Lewis y Tolkien además compartían largas caminatas por el Addisonis Walk, un sendero arbolado en el campus de la universidad.

En una de esas caminatas, Tolkien convencio a Lewis de volver a abrazar la fe cristiana que había abjurado en la adolescencia.

El argumento de Tolkien: la resurrección de Cristo era la más bella y cierta de las mitologías, y Dios, el poeta que la creó.

Tolkien sólo logró publicar su desmesurada trilogía gracias al aliento y la insistencia de Lewis.

El filólogo inglés, en cambio, no fue tan entusiasta con los siete volúmenes de Narnia, y al tiempo se distanciaron. Pero al saber de la muerte de Lewis, Tolkien escribió a su hija: “Soy como un viejo árbol que va perdiendo sus hojas una a una. Esto es como un hachazo a las raíces”.

Un hombre que amó a su mujer y se hizo cargo de los hijos (que no eran suyos sino de ella) porque también los amaba.

Interesante venir a enterarse que Tolkien fue quien le regresó a los caminos del Señor, y mucho menos con semejante afirmación sobre la resurrección, la cual considera un hecho “cierto” y creado por Dios.

Pronto podremos disfrutar de la segunda parte de esta “saga” de siete en total. Espero con muchos deseos “El sobrino del mago” que me pareció brillante.

Aquellos que hemos disfrutado de los siete libros (y hemos comprendido a qué cosas se refiere Lewis casi en las dos últimas páginas) disfrutamos también de ver que en el cine se han preocupado por guardar casi en forma literal el guión de los libros (al menos se logró en el primero con bastante acierto).

Veremos cómo sigue !

Raimundo

La duda… ¡qué interesante tema!

No dudo de lo que Dios hizo en mi vida, ni de todo lo que está escrito en Su palabra. Pero lo que sí pongo en duda es cierto espíritu de pseudo-oveja al cual se nos ha acostumbrado desde los púlpitos, en donde la palabra enseñada debe ser “acatada” más bien que correctamente aprendida.

“Esto es así porque lo dijo el teólogo fulano de tal…”, se suele escuchar. Y yo pienso (si me es lícito hacerlo) ¿existirá alguna posibilidad de que el tal teólogo haya equivocado alguna jota o tilde en su propia locura por alcanzar la verdad bíblica?

Creo que los teólogos pueden llegar a grandes y profundas conclusiones, pero continúan siendo humanos tanto como el gasista o el plomero.

Por lo tanto no están exentos de equivocar sus interpretaciones con respecto a la palabra de Dios (aún cuando basen sus estudios en los más rígidos exámenes de su especialidad), tanto como un gasista puede hacer un buen trabajo que dure 50 años o volar una manzana por su imprudencia.

Qué linda amgbigüedad en la que nos ha puesto el Señor… Tenemos ese orgullo que pretende alcanzar la perfección, pero constantemente algo se clava en nuestro pie que nos vuelve a la realidad de nuestro diario andar por este suelo.

El tema que quería proponer sobre la duda es… ¿por qué está mal visto el dudar?

Han sido siglos de textos y traducciones bíblicas de un idioma a otro. Algunas formas literarias de los lenguajes originales se han perdido para siempre (o al menos hasta aquel día en que todo lo sabremos).

¿Querrá Dios que me apegue con los ojos cerrados a creer algo que quizá Él enseñó de un modo distinto y años de rapiña religiosa se han dignado en borronear?

Creo en la Iglesia de Cristo, Su esposa, que será reunida desde distintos puntos del planeta. Pero aquí en la tierra, no veo nada que se parezca en lo más mínimo al verdadero cuerpo glorioso del que estará formada.

El hermano Martín Lutero, con todos sus aciertos y errores, veía al Papa como una autoridad en primer lugar, a la cual no le llegaban realmente claros los motivos de su queja, y por lo tanto quiso ir hacia él para hacerle entender lo que ocurría con la venta de indulgencias.

Según creía, el Papa se horrorizaría y haría castigar a los herejes. Pero la historia se le dio vuelta…

El hereje fue él.

¿Porque lo era? Nooo! Porque tuvo (Lutero) una visión errada de las motivaciones de quien consideraba su autoridad espiritual (el Papa).

Luego de ese viaje a Roma, regresó confundido, pero con una claridad mayor sobre cuál era realmente la dimensión de la corrupción religiosa de Roma.

A partir de allí se manifestó la “Reforma”, que por muchos años se venía gestando, por vías como Juan Huss, y otros muchos en varias naciones.

Las dudas aparecen, pero lo mejor es saber hacerles frente con la verdad; y la verdad, (la mayoría de las veces) no coincide con el libreto que solemos traer bajo el brazo como herencia de años de tradición.

La verdad es Jesús. Ante esta Roca, muchos tropiezan.

Creo que me he roto varios huesos con ella, pero ha sido para bien. Siempre todo lo que viene del Señor es para mi bien.

De no haber sido por la duda, no estaría experimentando esta libertad que tengo en Jesús luego de haber roto las cadenas que me ataban a mi “religiosidad de oveja boba” mediante la cual decía a todo “sí y amén” sin detenerme a escudriñar qué era lo que Dios intentaba decirme a través de Su palabra.

Gracias a Dios, que sembró mi “fe de feria” con dudas e interrogantes, escapé a tiempo de la Babilonia actual.

Pero también estoy aprendiendo algunas cosas. Cito (entre otras) las siguientes:

1) No soy perfecto.
2) Aún tengo mucho por aprender.
3) Cada ser humano tiene una velocidad diferente para aprender y digerir la verdad.

La duda sobre una “afirmación terminante”, sobre un “Dios me habló”, sobre un “Dios dice esto o aquello”, es lo que produce un mayor anhelo por conocer a Dios, y entender si realmente ha dicho Él lo que otros dicen que Él ha dicho.

Que el Señor les bendiga y puedan aprender del beneficio que ofrece la duda.

Raimundo

Es interesante ver que cuando se toca el tema de la prosperidad, se puede palpar el rechazo unánime de aquellos que tienen el oído acostumbrado a escuchar la doctrina de la abundancia.

No juzgo a tales hermanos. Yo mismo he navegado por esas aguas y creo que puedo llegar a comprender lo que se siente.

Al leer algunos de mis textos, suelen decirse a sí mismos: “Si lo que yo creo (además de que me lo enseñó mi pastor, que no es cualquier pastor, sino que tiene “tantos” años en el pastorado y cuenta con el aval de las más importantes organizaciones evangélicas del país y del exterior)… ¿cómo puede este hermano caer en semejante error?”, (casi me parecería escucharlos, porque de hecho me he escuchado antes a mí mismo… jaja).

¿Error? Si examinamos la palabra de Dios, en ninguna parte se enseña que debamos anhelar el éxito económico.

Las añadiduras, siempre son y seguirán siendo “añadiduras”. No deben buscarse de ningún modo… vendrán si el Señor quiere.

Lo principal del asunto es presentar al Señor Jesucristo resucitado a toda criatura, o sea, predicar el evangelio de Jesucristo. El resto de las enseñanzas “modernistas”, “positivistas” y de kermese… no son más que hojarasca.

Se suele citar con frecuencia este versículo: “Amado,  yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas,  y que tengas salud,  así como prospera tu alma” (3° Juan 1:2).

Mediante este párrafo se induce a los cristianos a desear cuantas cosas quepan en su corazón, puesto que ¡Dios no puede negarse a darles a Sus hijos lo que ellos le pidan!

Si se lee correctamente, no habla de que tenga abundancia, sino que sea prosperado.

Es posible tener lo necesario y vivir plenamente.

Pablo dijo una vez: “Sé vivir humildemente,  y sé tener abundancia;  en todo y por todo estoy enseñado,  así para estar saciado como para tener hambre,  así para tener abundancia como para padecer necesidad” (Filipenses 4:12).

Ahora bien… Para vivir en la abundancia que asegura haber vivido, manifiesta que debió “ser enseñado”.

Muchos en la actualidad desean la abundancia sin someterse a la educación previa para sobrellevar con humildad la abundancia.

Las pruebas saltan a la vista, cuando vemos hermanos que hacen ostentación de sus bienes, utilizando formas de hablar de apariencia espiritual y creyendo que Dios les ha ascendido en la jerarquía (por así decirlo), y creen (ilusos ellos) que por tener bienes materiales, queda confirmada la “bendición del cielo sobre sus vidas” por lo que ellos han logrado esas metas mundanas y otros hermanos no.

Es muy triste lo que digo, pero lo he visto con mis propios ojos. Nadie me lo ha contado. He saboreado esa clase de trato por parte de varias personas (muchas de ellas “líderes” y “hermanos crecidos”), y hasta he notado que en sus palabras adornadas estaban esperando despertar mi envidia.

Más que envidia, me llenó de tristeza esta actitud. Me recuerda a la tristeza de Jesús cuando habló con el joven rico… Ese tipo de tristeza. Dan ganas de llorar a los gritos y decirles: ¿Pero es que todavía no entendieron nada del evangelio? ¿Cómo pueden personas así apacentar a las ovejas? Es realmente doloroso. Pero por otra parte, es verdad. Lo cual es más triste aún.

Ojalá mi testimonio fuera falso. Por el bien de la iglesia ! Pero lamentablemente, el rumbo que ha tomado la predicación “exitosa” es evangélicamente degradante.

¿Alguien puede pensar que Jesús se mató para que nosotros comamos y bebamos?

¿La enseñanza apostólica apuntaba a la bendición económica?

¿Dejaremos de desear un perpetuo “Disneyworld” y tomaremos de una buena vez la cruz que nos toca, sin importarnos el precio que debamos pagar?

Silencio…

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Raimundo.

Recibí de parte de la hermana Débora el siguiente comentario:
“Yo quisiera que leas malaquias 3:8 y lo analises si estas en lo correcto y pienses si realmente es el señor quien te hablo y no tu mismoen levitico 27:30 dice que el diezmo es de jehova y por tal yo ser humano no debo cuestionar lo que su palabra dice.”

RESPUESTA de Proferay, administrador de este blog.

Hebreos 8:6-7 dice:
“Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.”

Estamos sujetos a las condiciones de un nuevo pacto. Vivimos bajo el amparo del Nuevo Testamento.

En este “nuevo pacto” (llamado así por el Señor, no lo soñé, ni nació en mi corazón…) somos libres verdaderamente si creemos en Aquel que Dios ha levantado de los muertos y cuyo nombre es sobre todo nombre que se nombra en este siglo y en el venidero: Jesús.

Gracias a la presencia del Espíritu Santo que habita en mi corazón y me lleva a tener un celo por las cosas de Dios, es que vengo estudiando este tema hace ya unos años.

¿Me ha dolido dar el diezmo mientras lo hice, pensando que eso era lo que el Señor quería de mi?

No. Lo hice con un corazón sincero y el Señor me bendijo mucho.

¿Me bendijo por dar dinero y ser fiel al 10%?

No. Me bendijo por tener un corazón generoso. No por la cantidad que he dado.

¿Cambió mi corazón y ahora no es generoso? No. Quizá es más generoso que antes. Pero…

“Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha” (Mateo 6:3)

Pero no sólo eso, también tengo más conocimiento de ciertas cosas que se enseñan como cosa “sin equa non” y esto, hermana, y no otra cosa, es lo que me duele en lo más profundo del alma.

¿Cuál es el requisito para ser salvo? Creer en Jesucristo, aceptarle como Señor y Salvador de nuestra vida.

¿Es un requisito dar el diezmo? No. ¡De ningún modo!

Quienes afirman lo contrario (debo decir, casi la mayoría) citan textos del antiguo testamento a mansalva, queriendo justificar lo injustificable.

¿Debemos dar para la obra de Dios? Por supuesto que sí! ¿De qué otro modo podría sostenerse el ministerio cristiano si no es mediante ofrendas?

Es nuestra obligación cristiana el bendecir a aquellos que nos enseñan, nos guían y nos pastorean.

Pero…

¿Nos enseñan? ¿Nos guían? ¿Nos pastorean?

Habría que analizar en el paso de los años, si tu vida ha sido verdaderamente pastoreada, guiada y enseñada conforme a las escrituras, o meramente basándose en textos, de textos, de textos, de textos de otros cristianos……(hayan sido éstos “grandes” cristianos, maestros, pastores o líderes de la iglesia cristiana).

La palabra de Dios es clarísima: Quien busca encuentra, no tiene más remedio que encontrar. Pero para eso debe buscar.

¿Qué es buscar? ¿Leer libros cristianos que nos dicen qué es lo que la biblia nos quiere decir?

¿No será más interesante pedirle nada menos que al Espíritu Santo en humildad que nos abra los ojos a aquellas cosas que están escondidas a nuestros ojos naturales?

Sepamos andar en el Espìritu. Sepamos oir al Señor. Si aprendemos a escucharle, muy difìcilmente el diablo, o cualquiera que venga con doctrinas, tradiciones y filosofías humanas pueda apartarnos de la verdad.

Hermana, gracias por tu planteo. Espero de todo corazón que el Señor quite la venda que posees.

La cual yo también tenía en un momento. Pues creía por años que el diezmo tenía validez en la actualidad y que Dios pretendía de mí fidelidad en este campo.

¿En qué vehículo piensas que andaría Jesús si anduviese por la tierra? ¿En bicicleta o en un Mercedenz Benz último modelo con GPS, reproductor de DVD y pantalla de plasma? ¿Sabes cómo me lo imagino? (Piénsalo) Me lo imagino caminando o en bicicleta.

Quizá alguien diga: - Pero no podría recorrer el mundo para llevar su mensaje a todas las naciones, yo creo que usaría toda la tecnología a su alcance.Quienes piensan así, no conocen el corazón del Señor. Él estaría caminando entre la gente. Sería tal el tumulto, que muchos vendrían de otros países para ver las maravillas que Él hace.No necesitaría gastar un solo centavo en viajar en avión porque todos vendrían a Él.

Pero actualmente vemos que los ingresos de la iglesia corren a convertirse en grandes centros de espectáculos, con luces, imágenes, rayos láser, fuegos de artificio, humo, burbujas, y todo tipo de efectos especiales. Los “líderes” no pueden movilizarse si no es mediante autos carísimos (imagínate que si el Señor los ha “bendecido” tanto en sus ministerios deben dar la “imagen” de que esa bendición también ha sido material y para ello deben ostentar). Ni qué hablar de sus “guardaespaldas”… ¡Por favor, hermana, abre los ojos!

Mientras, a dos asientos de distancia, hay un hermano que no consigue trabajo, que ora con fervor pero que las circunstancias no le son propicias y…. nada hacemos.

Peor aún: ¿Has notado los grandes estómagos de los niños que mueren de desnutrición en la India y África?
Pues… Las organizaciones “cristianas” que reciben donativos para los misioneros que están “a la buena de Dios” en medio de situaciones críticas, utilizan esos fondos primero en pintar sus sucursales, en pagar a sus empleados (que muchas veces son familiares de algún directivo, no hacen nada útil y deberían ser despedidos), o quizá invierten en una mejor lámpara para sus despachos o en un “mejor modelo” de teléfono celular o de PC para hacer su trabajo “como es digno del Señor”.

Todas estas desfachateces “cristianas” son moneda corriente, hermana. La mala administración, el gasto inútil e improductivo (no te imaginas a cuántos millones de dólares asciende en el mundo) es causa de la mala doctrina del “diezmo”.

Es obvio que cada vez que se toca el tema, muchos me planteen sus versículos bíblicos y sus doctrinas “de mi pastor”.

Personalmente creo que en las congregaciones existe una decadencia fatal. No así en la Iglesia de Jesucristo, la cual es una sola, y que Él vendrá a buscar.

Te ruego que veas el video: El Arrebatamiento que he puesto en mi sitio. Muchos se quedarán aquí. Entre ellos, los que hacen un mal uso del evangelio.

Que el Señor te bendiga.

Raimundo