¿Un ministerio puede tener un fin de lucro?

Con este mismo título recibí de un periódico electrónico (Pulso cristiano) una nota, que luego contesté. Aquí les dejo ambas cosas:

¿Un ministerio puede tener un fin de lucro?

Andrés Panasiuk, dirigente de la organización Conceptos Financieros Crown, advierte en un artículo sobre la existencia de líderes de congregaciones que han encontrado la manera de crear una compañía paralela a la iglesia para vender productos a la gente que los admira como cristianos y utilizan su “peso” y respetabilidad para obtener beneficios económicos. Aunque aclara que no hay nada malo con que un comerciante arme un negocio y venda su producto a un comprador (sea cristiano o no), Panasiuk señala que el problema viene cuando las líneas entre el ministerio y el negocio se hacen imperceptibles.

“Un negocio vende un producto y espera una ganancia, mientras que un ministerio existe para servir y no espera recibir nada a cambio. Si un negocio es bueno y vale la pena, no necesitará de un respaldo ministerial para tener éxito”, afirma Panasiuk. ¿Usted qué opina? Escriba a mensajes@…

En lo personal tengo una idea interesante sobre varios aspectos que podrían levantar una verdadera polvareda en toda la iglesia de Cristo.

Por empezar, el “ministerio” que es una ventana para los negocios es sólo eso, un negocio.

El problema es que como bien decía Nee Too Sheng (Watchman Nee) en su libro “La libertad del Espíritu”, aquellas cosas que se comunican desde una plataforma distinta a la vida de Dios, pues justamente no pueden comunicar la vida de Dios. Por lo tanto, todo lo que no nace de la perfecta vida de Dios sólo puede comunicar muerte.

No morimos al instante, pero las herejías nos van consumiendo de tal modo que somos arrastrados por “errores” a los cuales consideramos sanos, correctos y buena doctrina.

Al respecto, y continuando con mi primer párrafo, considero al diezmo como una herramienta de presión innecesaria sobre los cristianos.

Podría citar la biblia de estudio pentecostal, como puntapié inicial para decir que al pie del mensaje de Dios en Malaquías, en donde dice “¿Robará el hombre a Dios?”, se hace una llamada y se aclara al pie, (no por mí, claro está, sino por grandes eruditos de la palabra que han realizado traducciones y correcciones de los santos textos) que el diezmo no es algo que se deba exigir a los cristianos.

Ahora bien. Para avalar la continuación del diezmo en el período neotestamentario, se le añadió a este mismo comentario lo siguiente: (por los mismos eruditos bíblicos) “Ahora bien, dado que los fariseos eran cumplidores con las leyes del diezmo, nosotros como hijos de Dios no podemos hacer menos”.

No es textual, porque la escribo según la recuerdo, pero búsquenla y léanla, notarán que el mensaje es ese…

Lo ridículo de esta última sentencia radica precisamente en que cita la severidad de los religiosos para cumplir con la ley como cosa que empuje a los cristianos a hacer hipocresías mayores.

Mi idea respecto al diezmo es la siguiente: ha caducado.

En principio es la base de grandes herejías como la de la “prosperidad”.

Que yo recuerde, el apóstol Pablo no dejó una herencia muy cuantiosa que digamos al morir. Por el contrario, padeció grandes aflicciones y necesidades. Sólo que lo hacía con gozo y alegría porque servía al evangelio de Cristo.

Actualmente, pareciera que el servicio a Cristo está condicionado a determinado tipo de ingreso económico, sin el cual pues… sería imposible servir a Dios. ¡¿Dónde queda la fe para vivir en santa dependencia de Dios?!

Vuelvo a la idea que tengo del diezmo. No es preciso que el cristiano diezme como cosa obligatoria, ya sea como regla moral, como principio ni como nada.

El cristiano en sí debe ser generoso y por ende debe cubrir las necesidades de la persona que el Señor ha puesto por encima suyo (pastor) para acompañar en su andar, llevar consejos sabios y mostrar el lugar de los verdes pastos a sus ovejas.

Pero una cosa muy diferente es imponer en la conciencia de la gente la necesidad de entregar parte de su sustento de modo cautivo a un hombre que utiliza dichos bienes para beneficio de sus apetitos carnales y vicios tecnológicos (llámese micrófono corbatero, efectos de luces, lásers, dobles de riesgo y demás atractivos mundanos) que sólo apartan la atención del sencillo llamado a la humilde verdad del evangelio de Cristo, el que no necesitó venir en una época de grandes comunicaciones, ni de grandes adelantos tecnológicos.

Muy por el contrario, anduvo caminando las ciudades (unas pocas, no recorrió el mundo) y su mensaje trascendió a todas las naciones, lenguas, culturas y costumbres.

¿En algún momento requirió acaso de grandes sumas de dinero?
La respuesta es: No. Le bastó con el poder del Espíritu Santo.

¿Vendrá el poder de mayores ingresos?
Por el contrario, a mayores ingresos, mayor es la avaricia, el temor a perder las cosas y mayores son las sogas que atan a las almas a este mundo.

Personalmente he dado mi diezmo “religiosamente” y sin faltar un sólo centavo, por años. Creyendo con fe que lo hacía para el Señor, confiado en que si la persona que accede al dinero que mis diezmos y la “mal utiliza” para fines no espirituales, pues, el Señor se encargaría de “enjuiciar” o “sacar a luz” aquellas cosas en el futuro.

Un día el Señor me habló. Me mostró los despilfarros de dinero en “juguetes tecnológicos” y “mejores modelos de… (lo que sea)”, y no sólo eso, sino que hasta me mostró la necesaria jactancia que viene aparejada a esa gran “bendición” material. Y por otro lado, me habló y me dijo que ante Él yo soy el responsable de mi mayordomía. ¡Oh no! Al entender esto, recapacité… Estaba alimentando con mis diezmos, la avaricia de un hombre, que poco a poco permitió que muchas de sus ovejas creyeran que el “espectáculo” de errores en los que vivían eran la verdad.

Yo también, con mi financiación, estaba produciendo cristianos cómodos. Cristianos que reciben demasiado más de lo que merecerían ganar por sus tareas. Obreros que no eran dignos de su trabajo, porque sus trabajos no eran dignos de un obrero de Cristo.

Mi corazón se duele al pensar que hoy, exactamente como yo, existen muchísimas personas que ciegamente ofrecen su dinero a diversos Baales que difrazados de ovejas intentan hacer creer que lo que hacen es santo. (Es muy probable que hasta crean -pobre de ellos- que lo que hacen es para el Señor).

¡Oro para que el Señor abra esos ojos ya!

No digo que hay que dejar de apoyar los ministerios.

Sólo digo que hay que buscar la sabiduría del Señor para saber dónde el Señor quiere que apoyemos a Su obra. Porque el lugar en donde nos congregamos no es el único que tiene necesidades.

Muchos podrán pensar que al escribir estas cosas persigo algún interés económico. Están en su derecho de dudar de mi posición.

Pero me alegraría que escudriñaran a la luz de la palabra de Dios, qué posición ocupan en la responsabilidad de las cosas que mencioné…

Mi negocio está en los cielos. Anhelo seguir sembrando allí, donde no hay inseguridad, donde nada se corrompe.

Económicamente estoy bien solventado y no necesito mayores ingresos.

Sólo me llamó a edificar el cuerpo de Cristo.

Y lloro en soledad cuando veo que muchos han abandonado la fe por la inescrupulosidad de muchos hombres que haciéndose llamar siervos de Dios (y creyendo que lo eran) han abandonado el camino correcto y pretendieron tomar un atajo.

A la presencia del Señor se llega con paciencia… Y las herramientas para lograrlo ya han sido provistas en Él.

En el nuevo testamento se habla de ofrendas. No se menciona ni se enseña el diezmo como requisito de nada.

El Señor te bendecirá porque Él es bendito y estando cerca de Él todo lo tendrás sin que te falte cosa alguna. La abundancia que prometen algunos en respuesta a la fidelidad de tus diezmos es sólo un excelente “gancho” de márketing del que tanto se escucha hablar hoy en día en las congregaciones.

Dios no necesita tu dinero para bendecirte, necesita tu corazón.

Siervo de Dios, pastor, evangelista, “apóstol” o quien quiera que seas que dices servir al Señor, contéstame: ¿te duelen estas palabras?
Analiza el por qué…

¿Tienes temor de enseñar toda la verdad? ¿Temor de que si lo haces nadie vendrá a sostener tu vida y la de tu familia?

Teme si amas las cosas materiales, pero si amas al Señor, ellos vendrán y te cubrirán de todo lo necesario para que hagas la obra para la que fuiste llamado. Para ello te dejo una palabra:

Éxodo 36:3-7

Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos seguían trayéndole ofrenda voluntaria cada mañana.
Tanto, que vinieron todos los maestros que hacían toda la obra del santuario, cada uno de la obra que hacía, y hablaron a Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga.
Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más; pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba
”.

Que el Señor los bendiga a todos.

Raimundo Baravaglio

proferay@yahoo.com.ar

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