Las Crónicas de Narnia: El Sobrino del Mago.

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El libro “El León, la bruja y el guardarropas” fue el primero en escribirse (según el orden que le dio el autor y que respetó Disney).

En este libro, que según mis cálculos está quinto entre los siete que componen toda la historia, es en donde comienza todo.

En realidad, Clive Staples Lewis hace uso de una imaginación realmente notoria, creando aquellos “pozos” que hacen de comunicantes entre diversos mundos.

He tenido que releer unas tres veces este libro (y volvería a hacerlo) para comprender bien lo que el autor plantea.

En una parte del libro se habla de un árbol, a partir del cual se construiría posteriormente el “guardarropas” del primer libro.

Ahora bien.

El mensaje final de la serie de libros (casi en las últimas páginas del último libro), es triste pero esperanzador.

Ese final, me ha sacudido mucho más que la lectura de los siete libros en su totalidad.

Lo más llamativo es que sólo logré interpretarlo correctamente cuando mi hija me mostró lo que decía C. S. Lewis.

Hasta ese momento, había leído el libro como un adulto interesado en la saga desde el punto de vista literario de la fantasía.

A partir del comentario de mi hija, (que alumbró mis ojos con su inocente reflexión) comprendí el significado vital de dichos libros y logré, una vez más y gracias a la providencia divina, convertirme en niño… Entonces comencé otra vez a leerlos todos desde el primero.

No quisiera adelantarle de qué se trata, para que tengan la oportunidad de disfrutar de una excelente lectura tanto para chicos como para grandes.

Si han tenido la posibilidad de leer los libros, espero sus comentarios y sobre todo sus consultas por mail (búsquenlo a la derecha de la página en “Contáctame” de la página principal: www.mensajedefuego.org) para que me digan qué han comprendido del último capítulo de la saga y en caso de que no lo hayan descubierto, poder llevarlos a una sencilla pero preciosa revelación que les dará mayor apetito por la lectura.

Que el Señor les bendiga !!!

Raimundo Baravaglio

Las Crónicas de Narnia: El Príncipe Caspián

Hoy, Domingo 18/05/2008, he leído el siguiente texto en la revista VIVA de hoy del diario Clarín.

Reproduje dos párrafos que me parece que encierran (levemente) parte de la historia, carácter y valores que poseía C.S.Lewis el autor de las (por Disney ahora más famosas) “Crónicas de Narnia”.

Quienes somos cristianos, no deberíamos dejar de leer su otra obra, la que precisamente encierra muchísima más riqueza y profundidad.

Aquí les dejo el texto que decía:

Un mundo encantado oculto en un lugar improbable, criaturas extrañas y animales parlantes, chicos que comandan batallas, un rey león y una reina gélida y malvada.

Quienes no conocieran la obra de C.S. Lewis al internarse en el cine a ver “El león, la bruja y el armario (la primera novela de la saga de Narnia que filmó Disney en el 2005) podrán haber pensado que no se trataba de una historia del todo original.

Lo que acaso no supieran es que, si la historia les resultó conocida, es porque infinidad de relatos posteriores se inspiraron, precisamente, en el universo creado por el humilde profesor irlandés.

Sin ir mas lejos, la mamá de Harry Potter (J .K. Rowling), admitié haber entrado de algún modo al armario con los chicos Pevensie al idear su mundo de hechizos, magos y muggles. Y hasta vaticinó siete novelas para su héroe, tantas como le llevó a Lewis contar el devenir de Narnia.

Para más de una generación de chicos sajones, hubo un antes y un después de Narnia, esa tierra helada que se encuentra detrás de los tapados de piel, en el fondo del armario del profesor Kirke.

Uno de esos tantos lectores subyugados se llama Andrew Adamson. Y lo único que lo diferencia de otros devotos es esto: en las manos de este afortunado neocelandés quedó la enorme tarea de llevar las dos prirneras novelas de la saga a la gran pantalla.

EL PADRE DE LAS CRIATURAS

La vida de Clives Staples Lewis (1898-1963), Jack para los amigos, tuvo su propia cuota de magia.

Por un lado, esta su historia de amor con Joy Gresham, una judía americana locuaz y vivaracha por la que perdió la cabeza y renunció a su rutina de académico solterón (sobre esta relación versa el filme “Tierra de Sombras”, (donde Anthony Hopkins da vida a Lewis y Debra Winger a Joy), sólo para morir a pocos años de iniciado el romance.
El escritor adoptó a los dos hijos de Joy uno de los cuales colaboró en la producción de las dos películas de Narnia.

Y por otro, su fértil amistad con J.R.R. Tolkien, el autor de la Trilogía de los Anillos.

Ambos formaban parte de un club de escritores que se reunia en un pub de Oxford a leer poesías en inglés antiguo y discurrir sobre literatura. Lewis y Tolkien además compartían largas caminatas por el Addisonis Walk, un sendero arbolado en el campus de la universidad.

En una de esas caminatas, Tolkien convencio a Lewis de volver a abrazar la fe cristiana que había abjurado en la adolescencia.

El argumento de Tolkien: la resurrección de Cristo era la más bella y cierta de las mitologías, y Dios, el poeta que la creó.

Tolkien sólo logró publicar su desmesurada trilogía gracias al aliento y la insistencia de Lewis.

El filólogo inglés, en cambio, no fue tan entusiasta con los siete volúmenes de Narnia, y al tiempo se distanciaron. Pero al saber de la muerte de Lewis, Tolkien escribió a su hija: “Soy como un viejo árbol que va perdiendo sus hojas una a una. Esto es como un hachazo a las raíces”.

Un hombre que amó a su mujer y se hizo cargo de los hijos (que no eran suyos sino de ella) porque también los amaba.

Interesante venir a enterarse que Tolkien fue quien le regresó a los caminos del Señor, y mucho menos con semejante afirmación sobre la resurrección, la cual considera un hecho “cierto” y creado por Dios.

Pronto podremos disfrutar de la segunda parte de esta “saga” de siete en total. Espero con muchos deseos “El sobrino del mago” que me pareció brillante.

Aquellos que hemos disfrutado de los siete libros (y hemos comprendido a qué cosas se refiere Lewis casi en las dos últimas páginas) disfrutamos también de ver que en el cine se han preocupado por guardar casi en forma literal el guión de los libros (al menos se logró en el primero con bastante acierto).

Veremos cómo sigue !

Raimundo

Con respecto a la duda y a la fe

La duda… ¡qué interesante tema!

No dudo de lo que Dios hizo en mi vida, ni de todo lo que está escrito en Su palabra. Pero lo que sí pongo en duda es cierto espíritu de pseudo-oveja al cual se nos ha acostumbrado desde los púlpitos, en donde la palabra enseñada debe ser “acatada” más bien que correctamente aprendida.

“Esto es así porque lo dijo el teólogo fulano de tal…”, se suele escuchar. Y yo pienso (si me es lícito hacerlo) ¿existirá alguna posibilidad de que el tal teólogo haya equivocado alguna jota o tilde en su propia locura por alcanzar la verdad bíblica?

Creo que los teólogos pueden llegar a grandes y profundas conclusiones, pero continúan siendo humanos tanto como el gasista o el plomero.

Por lo tanto no están exentos de equivocar sus interpretaciones con respecto a la palabra de Dios (aún cuando basen sus estudios en los más rígidos exámenes de su especialidad), tanto como un gasista puede hacer un buen trabajo que dure 50 años o volar una manzana por su imprudencia.

Qué linda amgbigüedad en la que nos ha puesto el Señor… Tenemos ese orgullo que pretende alcanzar la perfección, pero constantemente algo se clava en nuestro pie que nos vuelve a la realidad de nuestro diario andar por este suelo.

El tema que quería proponer sobre la duda es… ¿por qué está mal visto el dudar?

Han sido siglos de textos y traducciones bíblicas de un idioma a otro. Algunas formas literarias de los lenguajes originales se han perdido para siempre (o al menos hasta aquel día en que todo lo sabremos).

¿Querrá Dios que me apegue con los ojos cerrados a creer algo que quizá Él enseñó de un modo distinto y años de rapiña religiosa se han dignado en borronear?

Creo en la Iglesia de Cristo, Su esposa, que será reunida desde distintos puntos del planeta. Pero aquí en la tierra, no veo nada que se parezca en lo más mínimo al verdadero cuerpo glorioso del que estará formada.

El hermano Martín Lutero, con todos sus aciertos y errores, veía al Papa como una autoridad en primer lugar, a la cual no le llegaban realmente claros los motivos de su queja, y por lo tanto quiso ir hacia él para hacerle entender lo que ocurría con la venta de indulgencias.

Según creía, el Papa se horrorizaría y haría castigar a los herejes. Pero la historia se le dio vuelta…

El hereje fue él.

¿Porque lo era? Nooo! Porque tuvo (Lutero) una visión errada de las motivaciones de quien consideraba su autoridad espiritual (el Papa).

Luego de ese viaje a Roma, regresó confundido, pero con una claridad mayor sobre cuál era realmente la dimensión de la corrupción religiosa de Roma.

A partir de allí se manifestó la “Reforma”, que por muchos años se venía gestando, por vías como Juan Huss, y otros muchos en varias naciones.

Las dudas aparecen, pero lo mejor es saber hacerles frente con la verdad; y la verdad, (la mayoría de las veces) no coincide con el libreto que solemos traer bajo el brazo como herencia de años de tradición.

La verdad es Jesús. Ante esta Roca, muchos tropiezan.

Creo que me he roto varios huesos con ella, pero ha sido para bien. Siempre todo lo que viene del Señor es para mi bien.

De no haber sido por la duda, no estaría experimentando esta libertad que tengo en Jesús luego de haber roto las cadenas que me ataban a mi “religiosidad de oveja boba” mediante la cual decía a todo “sí y amén” sin detenerme a escudriñar qué era lo que Dios intentaba decirme a través de Su palabra.

Gracias a Dios, que sembró mi “fe de feria” con dudas e interrogantes, escapé a tiempo de la Babilonia actual.

Pero también estoy aprendiendo algunas cosas. Cito (entre otras) las siguientes:

1) No soy perfecto.
2) Aún tengo mucho por aprender.
3) Cada ser humano tiene una velocidad diferente para aprender y digerir la verdad.

La duda sobre una “afirmación terminante”, sobre un “Dios me habló”, sobre un “Dios dice esto o aquello”, es lo que produce un mayor anhelo por conocer a Dios, y entender si realmente ha dicho Él lo que otros dicen que Él ha dicho.

Que el Señor les bendiga y puedan aprender del beneficio que ofrece la duda.

Raimundo