¿Cómo andás? – Una mirada a la hipocresía

La hipocresía ha llegado a límites insospechados. Y esto gracias a la careta que divide a la realidad cierta de la ficción que se desea mostrar.

La hipocresía se potencia a sí misma.

Recuerdo que muchas veces se me preguntaba al pasar: “¿Cómo andás?” y la respuesta era siempre: “Bien”.

“Bien”, es la primera palabra que sale de la boca de quien responde a la pregunta: “¿Cómo andás?” en Argentina. Le siguen al “bien” una serie de “reglas cumplidas” que pretenden justificar el porqué estamos “bien”. “Estoy yendo al grupo o célula”, “estoy trabajando en tal o cual área o ministerio”, “me congrego tres veces a la semana”.

Pero el “¿cómo andás?” sigue sin ser respondido.

¿Eres feliz de hacer lo que haces? ¿Disfrutas de tu relación con Dios y le amas? ¿O te dedicas a “mostrar” que eres una persona cumplidora y obediente mientras tu corazón sigue enfermo?

¿Estás rodeado de legalismo e hipocresía?

Como cristianos solemos rodearnos de una serie extensa de imposiciones, abstenerse de beber alcohol,  cuidar la medida de una falda, cumplir con ritos y días determinados…

El teólogo Hans Küng dijo: “Mientras más fina se teje la red, más numerosos son los agujeros“. La ilustración es clara. A más leyes y dogmas, más lugares por donde sentirse culpable de todo.

En su libro Gracia Divina vs. Condena Humana, nuestro hermano Philip Yancey nos dice: “Los cristianos tenemos nuestros propios grupos de pecados «aceptables» e «inaceptables». Mientras evitemos los pecados más notorios, nos sentiremos bastante satisfechos con nuestra situación espiritual“. Y cierra la idea con esta hermosa sentencia: “Jesús enfocó el pecado de una manera totalmente distinta. En lugar de clasificar los pecados como más o menos importantes, hizo que sus oyentes levantaran la vista hacia un Dios perfecto, ante el cual TODOS somos pecadores“. (El énfasis de TODOS es mío).

En Gálatas 3:22, Pablo nos dice: “Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado”. ¿Qué es la Escritura, sino la Palabra de Dios, el Verbo de Dios, Dios mismo revelado? No estaríamos inventando nada si dijésemos que fue Dios quien lo encerró todo bajo pecado. Después de todo, fue Dios mismo quien dio los mandamientos a Moisés. No fue un invento humano.

De ese modo, Dios puso al hombre una imposibilidad de justificarse por sí mismo, debiendo recurrir a la gracia por la fe en Jesús. No hay otro camino.

Y así andamos…

Quienes buscamos andar en la gracia de Cristo encontramos a nuestras vidas tal como Pablo veía a la suya propia: “¡Miserable de mí!”.

Quienes limitan su fe al legalismo son excelentes personas en la iglesia o ante la vista de determinadas personas, pero ocultan las más horrendas maquinaciones en su corazón por mera hipocresía. No son sinceros. Hieren a sus hijos con palabras ofensivas o los maltratan, o patean a su fiel mascota cuando tienen alguna rabieta, o fingen cosas que no son reales, o aumentan la dosis de un medicamento a un abuelo para que “parta con el Señor” más rápido porque no lo soportan en su casa… es una carga que le impide “servir” al Señor !!!

Hermanos… No estoy inventando nada, lo saco de la vida real.

Lo extraño es que ninguno piensa de sí mismo como un legalista. Pero basta cruzarse con una prostituta o un homosexual, para comprobar nuestra pared de hipocresía y falsa santidad para dividir ese corazón dolido del nuestro, para “evitar posibles contagios”.

Vuelvo sobre lo que dije en otro post: Jesús odiaba el pecado, pero jamás dejó de amar al pecador. Aún en medio de su pecado. Leamos los pasajes de la mujer adúltera, del hijo pródigo, etc. Dios espera el regreso a toda costa. Tiene la gracia suficiente para sanar y bendecir ese corazón atormentado. ¿Somos acaso más santos que Dios? Pregúntatelo, hermano. Es absolutamente necesario que lo hagas. ¿O seguirás arrastrando el error de considerarte santo mientras vas sembrando dolor a tu paso sin siquiera reconocerlo?

La hipocresía del legalismo es la máscara, el disfraz, la pared divisoria, la mentira elaborada (y muchas veces consensuada por muchas organizaciones religiosas, iglesias y diversas denominaciones, los fariseos eran semejantes) cuyo único propósito es evitar la gracia.

El perdón de Dios no se gana con reglas a cumplir, sino que ya fue provisto para nosotros en la muerte de Jesús, precisamente, ante la demostrada imposibilidad humana para cumplir las reglas.

Que el Señor te bendiga.

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