El reino de Dios

En la lectura que sigo del libro “Encuentre a Dios en lugares inesperados” del periodista cristiano Philip Yancey, me encontré con interesantes reflexiones que espero resumir con éxito a continuación:

“¿Juzga Dios a las naciones como a entidades nacionales?

El Antiguo Testamento ciertamente muestra a Dios lidiando con entidades nacionales: los profetas hicieron bajar juicio sobre Israel y Judá, también sobre Filistea, Asiria y Babilonia. Pero el Nuevo Testamento parece presentar un importante cambio: Ahora Dios está trabajando y no es principalmente a través de las naciones, sino a través de un reino invisible que trasciende las naciones.

Jesús destacó el “reino de los cielos” como el foco central de la actividad de Dios sobre la tierra.”

“Cada vez que se aproxima una elección, los cristianos debaten si este o aquel candidato es un “hombre de Dios” para el gobierno.

Tengo dificultad para imaginar a Jesús meditando en si Tiberio, Octavio o Julio César era un “hombre de Dios” para el imperio.
Lo que sucedía en Roma estaba en otro nivel completamente diferente al Reino de Dios.

El apóstol Pablo se ocupaba mucho de cada iglesia en Galacia, Éfeso, Corinto y Roma, pero no encuentro ninguna indicación de que él se ocupara de “cristianizar” el Imperio Romano.”

Algunos historiadores argumentan que la iglesia perdió de vista su misión original a medida que se acercaba al trono del poder.

Mientras las naciones se deslizan, yo estaré trabajando y orando para que el Reino de Dios avance.”

“El Evangelio de Jesús no era ante todo una plataforma política.

En el tiempo de Jesús las personas que lo veían como su salvador político, de continuo estaban aturdidas por la elección de sus compañeros. Se hizo conocido como el amigo de los recaudadores de impuestos, un grupo claramente identificado con los explotadores extranjeros.

Aunque denunciaba el sistema religioso de sus días, trató con respeto a un líder como Nicodemo, y aunque habló sobre el peligro del dinero y la violencia, le mostró amor y compasión al joven rico y a un centurión romano.

En pocas palabras, Jesús honró la dignidad de cada persona, ya sea que estuviese de acuerdo con él o no.”

“Cuán difícil es recordar que el Reino de Dios nos llama a amar a la mujer que acaba de salir de una clínica de aborto (y, sí, incluso a su doctor), a la persona promiscua que está muriendo de SIDA, al acaudalado propietario de tierras que está explotando la creación de Dios.

Si no le puedo mostrar amor a tales personas, entonces necesito preguntarme si he comprendido el evangelio de Jesús.

Por naturaleza, un movimiento político traza líneas, hace distinciones, pronuncia juicios; en contraste, el amor de Jesús cruza a través de las líneas, trasciende distinciones y dispensa la gracia.

Si mi activismo aleja tal amor, he traicionado Su reino.”

“Más y más me temo que la iglesia se vea como un enemigo de los pecadores.

¿Cómo puede uno sostenerse en un alto nivel de pureza moral, mientras al mismo tiempo muestra gracia a quienes no cumplen esas normas?

Damos servicios de labios para afuera diciendo que «odiamos el pecado mientras amamos al pecador», pero, ¿cuán bien practicamos este principio? Con demasiada frecuencia los pecadores no sienten que la iglesia los ama y que a su vez continúa alterando su definición de pecado, precisamente lo opuesto del patrón de Jesús.

Un cambio importante en la historia tuvo lugar con el emperador Constantino, quien fue el primero en legalizar el cristianismo y hacerlo una religión subsidiada por el estado. En esa época, su reino parecía ser el mayor triunfo de la fe: ahora el emperador estaba usando los fondos del estado para construir iglesias y patrocinar conferencias teológicas en lugar de perseguir a los cristianos porque no lo adoraban. Tristemente, el triunfo no vino sin un precio. El estado comenzó a nombrar obispos y otros oficiales de la iglesia, y creció una jerarquía que casi era una réplica de la jerarquía del mismo imperio. Los obispos cristianos pronto comenzaron a imponer la moralidad sobre la sociedad en general.

Me di cuenta, mientras meditaba sobre la vida de Jesús, cuánto nos hemos alejado del equilibrio divino que él estableció para nosotros. Cuando escucho los sermones y leo los escritos de la iglesia contemporánea, en ocasiones detecto más de Constantino que de Jesús. El hombre de Nazaret era uno sin pecado, amigo de pecadores, un patrón que nos debiera convencer sobre ambos aspectos.”

Queda claro que los hombres solemos “acomodar” el mensaje de Dios para diversas ocasiones, según nos conviene.

Por momentos, cuando necesitamos mostrarle sus faltas a un amigo (porque nos ha ofendido y nos tomamos las atribuciones de hacérselo saber “a la luz de las escrituras”), le ofrecemos los pasajes más cercanos al juicio que podamos encontrar.

Difícilmente tomemos la misma medicina cuando los que nos encontremos en dificultades seams nosotros mismos (o aún en desobediencia).

Pero sabemos utilizar la Palabra de Dios para terceros, sin aplicarla en los mismos términos sobre nuestras propias conductas íntimas y cotidianas.

Es aquello que Jesús mencionó tantas veces:

¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo,  y no le das importancia a la viga que está en el tuyo?
Mateo 7:3, NVI (Nueva Versión Internacional).

Podemos ver las cosas como el Señor las ve. Es difícil pero es posible. Una vez que nos ejercitamos en la gracia de Dios, deja de ser un camino amargo para transformarse en un dulce sendero.

Que el Señor te bendiga !!!

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