Hacia dónde va la iglesia?

El gran error en el que han caído muchas congregaciones consiste en creer que los métodos que en un momento dieron un aparente buen resultado, deben prolongarse y de algún modo “canonizarse” cual si se tratase de un mandamiento tardío, enviado desde el cielo, para alcanzar el crecimiento espiritual.

Leemos en la Biblia que el crecimiento lo da Dios. Unos riegan, otros siembran, otros cambian la tierra que se ha viciado… pero el crecimiento no viene de ninguno de estos trabajos.

Lo importante está en reconocer que existen múltiples formas en la manifestación de la gracia del Señor. No hay fórmulas mágicas.

Las “células” pueden ser una etapa de dicho crecimiento, pero lo sano sería despegar de una buena vez del asiento para hacer algo realmente útil para Dios en la sociedad, en lugar de aumentar las horas de calentar asientos.

Los grandes movimientos masivos de beneficencia, que suelen pregonarse y escucharse en nuestro entorno evangélico actual, podrían ser un paliativo para “movilizar” a los rumiantes que ya conocen toda la liturgia de memoria pero sólo la ponen en práctica puertas adentro.

Ahora bien, el objetivo de tales eventos debiera ser una pista de despegue para muchas otras obras, no tan esporádicas y mediáticas, sino más estables y comprometidas.

Nada que se haga en favor de los que más sufren será mucho. Siempre existirán cientos de miles de necesidades que no se podrán cubrir.

Urge la mención del “Nombre” -el Nombre sobre todo nombre, el de Jesús- en todo lugar, en todo tiempo y en toda ocasión. En lugar de llevar a cabo un impacto al estilo Tsunami -con efecto inverso, claro- sería más útil una inversión de esfuerzo en obras duraderas y voluntarias en todo pueblo y nación. Esto agradaría mucho más al Señor que el efecto “toco y me voy” al que están acostumbradas algunas zonas de evangelización por excelencia.

Tal pareciera que son útiles los espacios de extrema pobreza. A través de ellos, podemos mostrar una bondad espectacular cada cinco o diez años, llevar alimentos, medicamentos y ropa, lucir nuestras convicciones cristianas, y luego regresar puertas adentro para deleitarnos viendo los videos de nuestro gran gesto en nuestras cómodas butacas…

Que el Señor nos despierte a tiempo…

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