Problemas de pareja.

No suelo recomendar películas, pero esta realmente me impactó.

Es de un matrimonio que se derrumba, un libro con 40 pasos para reconquistar la pareja y un condimento (indispensable) para unir todos los trozos.

Aquí tienen un vínculo hacia el video (pueden verlo online), y también luego les dejo el enlace para descargar el libro en español para que puedan compartilo con cualquier pareja que esté atravesando una crisis.

Aún parejas cristianas pueden beneficiarse de estos consejos sabios.

Haga clic aquí para verlo en Megavideo

Descargue el libro “EL RETO DEL AMOR” con los consejos para
intentar recuperar su matrimonio en 40 días.

 

Comunicándose con arena !

He visto varios videos de una joven artista ucraniana, quien recientemente ha ganado el concurso Got Talent (en Argentina: “Talento Argentino”), que realmente me ha dejado sin palabras.

En su arte, que es poco usual, ya que utiliza un efecto bien logrado de música, iluminación y sobre todo su habilidad creativa para trabajar con arena (sí !!! arena !!!) logra comunicar sin palabras un mensaje emotivo y profundo.

Quien desee visitar estos vínculos, sé que no se verá defraudado.

Llama la atención la facilidad para cambiar de ambiente en el transcurso de la historia.

El primer video está dividido en dos partes debido a su extensión, pero vale la pena todo su contenido.

1a parte: http://www.youtube.com/watch?v=8yYcEX5O5a4
2a parte: http://www.youtube.com/watch?v=heMgid4rkzU

http://www.youtube.com/watch?v=vay-u0OjoRI

http://www.youtube.com/watch?v=D4vGJP7ZCfM

Todos sus videos: http://www.youtube.com/user/xensand

El error más frecuente

“Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis ignorando las escrituras y el poder de Dios (Mateo 22:29)”

Los mensajes actuales de prosperidad y ofertas generalizadas de las necesidades de la gente, son moneda frecuente en nuestros púlpitos.

Es cierto que el Señor promete beneficios sobre nuestras vidas, pero no lo hace como cosa que deba ser exigida ni “reclamada” en oración.

Las cuestiones materiales y relacionadas a nuestro sustento diario, llegarán a nuestras vidas como consecuencia de hacer lo correcto y justo delante de Dios.

Muchos valoran el estado espiritual de un hermano, líder o pastor, de acuerdo a las “bendiciones” materiales que ha alcanzado.

Por cierta lógica (cuya raíz es más diabólica que santa y que está fuertemente arraigada en las mentes materialistas) se juzga “espiritual” a un hombre por poseer cierto status social y nivel económico,  el cual se relaciona erróneamente con una especie de beneplácito de Dios que ha funcionado como generador de dicho “status” por los servicios prestados a Su obra.

Ese modo de ver el evangelio es una herejía lisa y llana.

De hecho, los que fomentan tales ideas, viven buscando textos bíblicos que amparen su postura, desechando el conjunto del mensaje de Dios.

El Señor nos alerta:

la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee“. (Lucas 12:15)

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia,  y todas estas cosas os serán añadidas“. (Mateo 6:33)

Lo que debemos buscar es en primer lugar el reino de Dios y su justicia. Las cosas que serán añadidas, debemos “desatenderlas”, dado que Dios se encargará de suplirlas cuando sea necesario.

¿Acaso nos dice Jesús que debemos preocuparnos por alguna de las añadiduras? ¿Nos alienta a vociferar en tono de exigencia al Padre para que nos sustente?

NO !!!

Nos enseña a olvidar estas cosas en Sus manos, ya que Él se ocupará de ellas.

Nuestra responsabilidad es otra, a saber: Estar atentos y responder al llamado de Dios a cada momento en el que se requiera nuestra participación en este mundo para dar a conocer el Evangelio a toda criatura.

Para lo demás, Dios nos será suficiente.

Que el Señor te bendiga !!!

La crisis, según Albert Einstein

No importa que lo haya dicho el loco lindo más conocido, lo importante es su significado y su lógica.

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo.

La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos.

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura.

Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ’superado’.

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones.

Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.

Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.

En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”

Hasta aquí el texto, espero que les haya resultado alentador como lo es para mi.

Que el Señor les bendiga !

Raimundo Baravaglio

Poniendo a prueba el cristianismo

Muchas veces nos toca enfrentar situaciones que ponen a prueba nuestra fe.

Una de ellas la estoy viviendo actualmente.

He perdido mi trabajo !

Un trabajo que me mantuvo por un tiempo bastante “cómodo” y sin sobresaltos.

Debí renunciar por cuestiones familiares y personales. No se trataba ya de acomodarse y buscar soluciones inexistentes con vistas a mantener un ingreso interesante, sino de cuestiones más profundas que tienen relación con la vida, con la dignidad y con la fe.

En esta etapa, mi fe juega un rol de altísima importancia. ¿Hasta dónde te va a sostener Dios? Es la pregunta que le podría arrojar a las espaldas de mi enemigo espiritual, como tantas veces se suele recomendar. Pero…

¿Qué diferencia existe entre mi vida y la de un niño (o miles de ellos) que perece(n) por el hambre en el África o en la India?

Ante el Señor, ninguna. Soy tan humano como cualquiera de ellos. O mejor dicho… Ellos son tan humanos como cualquiera de nosotros, que por tener un acceso a tecnologías, a cuentas bancarias, a un “nivel” de vida algo más acomodada que ellos, nos consideramos “por encima” de tales grupos etarios con una facilidad que apesta.

Hoy puedo darme el “lujo” de sentirme “en el aire” en mi situación.

No sé qué será de mi vida (aunque uno siempre se preocupa más por los demás. En lo que respecta a mi propia vida, no le temo ni a la misma muerte…), pero sé que el Señor me lleva de Su mano. Y es bueno.

Ahora…

¿Y si debo soportar padecimientos como los de mis congéneres de África o India?

¿Podré decir “es injusto”? ¡Nooo! Porque nada es peor que lo que padeció Jesús en la cruz. ¡Nada!

Y si pretendemos ser seguidores de Aquel que aprendió la obediencia por lo que padeció… ¿seremos acaso mejores que Él?

¿Evitaremos la copa que Jesús tampoco quería beber, pero que dejó a criterio del Padre el tomarla o no?

Ignoro, amigos, qué sucederá. Por ello soy feliz. Esa ignorancia me permite abrazar más la fe. Sólo me queda el Señor y la fe. (¿Pareciera poca cosa, no? jaja).

Estoy más que gustoso de estar pasando por este momento, y muy agradecido a Dios porque a cada paso sigo aprendiendo a conocerle mejor. No existe mejor cosa en el mundo que conocerle y amarle.

No hay pantalla de plasma, ni PlayStation, ni Wii de Nintendo, ni viaje a las Bahamas o a las islas Caimán, ni títulos, ni ducados, ni principados, ni reinados, ni gobernaciones, ni presidencias, ni brillo, ni  sombra, ni cosa alguna que nos pueda traer el consuelo y la fortaleza que sólo viene de un poder imposible de fabricar y que nos es obsequiado por Dios a todos.

Yo lo acepté y lo disfruto a pesar de encontrarme cada día más cerca de no poseer nada.

¡Te aseguro que lo vale todo!

Que el Señor te bendiga.

Raimundo

El mal de Dios

¡Qué título interesante! ¿El Mal de Dios?

¿Es una contradicción más de la biblia? ¡No! ¡Para nada! Sólo que existe y es real. Y cuando en ocasiones nos toca experimentar “lo malo”, el Señor se encuentra con nuestra negativa a aceptarlo y agradecerlo con la misma intensidad con que agradecemos lo bueno.

“¡Es que somos hijos del Rey! ¿Cómo toleraremos esta enfermedad?”, nos decimos.

“¿Qué dirán nuestros hermanos?”, seguramente dirán que no tenemos fe.

“¿Y qué si se enteran de que no tenemos dinero para comprar un automóvil?”, seguramente dirán que “el Señor no nos ha prosperado” por no dar una ofrenda o un diezmo, por tener algún pecado oculto, etc. etc. etc.

Quiero compartir una pregunta de Job:

“¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” Job 2:10b

Job había alcanzado grandes riquezas en esta tierra y era conocido como el “varón más grande que todos los orientales” (Job 1:3).

Su secreto: Vivía bajo el temor del Señor.

Ahora bien. Las prédicas livianas y positivistas de nuestra época actual, invitan a que dispongamos nuestro corazón a alcanzar exactamente ese nivel de éxito. Con sólo un 2% menos que lo que Job había recibido, nuestra vida pasa a ser un fracaso digno de ser condenado (a los ojos del resto, claro).

No se nos prepara para las muertes familiares, para los duelos, para los lutos, para las largas agonías, para las prolongadísimas enfermedades con sus días de internación que la obra social no desea pagar, con esas “complicaciones” que sufren nuestros parientes en medio de una operación -que se anunciaba como sencilla pero se convierte en un calvario- y en donde las palabras del médico “Es necesario cortar…” nos caen como una bomba atómica para nuestra “fe en que se iba a sanar” que teníamos hasta hace 10 segundos, etc. etc. etc.

No, hermanos. Se nos predica, enseña, exhorta, alienta, a que creamos que el Señor es un festival multicolor las 24 horas y que jamás seremos alcanzados por dardo alguno del enemigo de nuestras almas.

Job tenía razones para estar perplejo ante lo que experimentaba. Por gracia del Señor, ¡no tuvo que soportar él la “guía” de pastor o líder alguno! Aunque era un hombre temeroso de Dios que se preocupaba realmente por el bienestar de su familia y ofrecía sacrificios a Dios por temor a que alguno de sus parientes hubiera mostrado algún signo de rebeldía contra el Señor.

Job sufrió el despojo de sus bienes, la muerte de sus familiares, la pérdida de toda su salud, y la desconfianza de su propia compañera, que le pidió que maldijera a Dios ¡y se muriera!

Tan mal enseñados estamos que si sólo se nos volara la corbata, irrumpiríamos en un palabroterío interminable para justificar que nos encontramos frente a un ataque del mismo infierno sobre nuestras vidas!

No estamos enseñados para recibir lo malo de Dios.

Para aprenderlo, sólo nos queda un camino. Experimentarlo…

Cuando lo hacemos, la burbuja se quiebra, nuestros ojos se abren y comprendemos que la libertad que tenemos en Cristo puede vencer a la misma muerte, y si permite que seamos vencidos por ella, podemos estar seguros que es porque ya no hacemos falta en este suelo.

Que el Señor te bendiga !

Raimundo

Maestra de Campo

Por la pereza del tiempo
el otoño estaba tibio,
ya que en el Chaco, el verano
es como dueño del sitio,
y a veces demora en irse
sin importarle el destino.
Por eso es que aquella tarde
cuando bajó a la estación
del lerdo tren que vino,
su cuerpito era una brasa
por nuestro clima encendido
y se quedó en el andén
como asustada y con frío,
por ser mucha juventud
pa’ terreno tan arisco.
A más, mujer, buena moza
y en pago desconocido
.
Y allí se quedó parada
en vago mirar perdido
por querer disimular
su temor a estar tan sola
y sin saber el camino.
Pero al momento nomás,
las toscas manos de un gringo,
callosas de tanto arar
y de pelearlo al destino,
se acercaron bondadosas
y con ternura de niño,
le dieron la bienvenida
en nombre de la escuelita
que hace mucho la esperaba,
triste en medio del monte,
para alegrar a sus hijos.
Subieron al viejo carro
de aquel colono sufrido,
y comenzaron a andar
entre una nube de polvo
por el reseco camino.
Cuando llegaron al rancho
la noche ya había encendido
sus farolitos del cielo
y el canto arisco del grillo.
Y fue por eso, tal vez,
que entre las cuatro paredes
de aquel su humilde cuartito,
una angustiosa tristeza
entraba a clavar cuchillos
como queriendo matar
esa noble vocación
que en su pecho había nacido.
Pero le llegó la mañana,
y el sol con todo su brillo
desdibujó las tinieblas
que habían querido torcer
las huellas de su destino.
Y aunque llorando por dentro,
masticando soledad
en aquel lejano sitio,
puso firmeza en el paso
y fue a buscar el amor
de aquel puñado de niños
que hace mucho esperaban
en la escuelita de campo
clavada en Pampa del Indio.
Y desde entonces su vida
se hizo horcón de guayacán,
se hizo paredes de adobe,
se hizo terrón para el quincho.
Y armó con todos sus años
aquel rancho para el alma,
con un letrero invisible
que decía en letras de amor:
aquí hay saber y cariño.
Y fueron treinta los años.
Y fueron muchos los niños
que luego se hicieron hombres
y mandaron a sus hijos.
Ella no pudo tenerlos
porque la flor de su vida
se marchitó entre los montes
y nunca llegó el amor
a golpear en la ventana
de su rancho de cariño.
La escuela le había pedido
hasta ese sacrificio:
que se quedase soltera,
porque precisaba intacto
todo el amor que tuviera
para entregarlo a los chicos.
Y en eso de darlo todo,
un tibio día recibió
en una nota oficial,
algo que la estremeció:
después de mucho esperar
el Consejo le anunciaba
que había sido jubilada
en premio por su labor.
¿Era premio o era castigo? –
mil veces se preguntó.
“No se vaya señorita,
quédese a vivir aquí,
si nosotros la queremos,
¿por qué se tiene que ir?”.
Esas voces, y unas manos
que se agitaban sin ruido,
fueron únicos testigos
de aquella amarga partida.
Ella entraba en el olvido.
Allí dejaba sus años,
allí dejaba su vida.
La polvareda del sulky
y manitas color tierra,
fueron su único homenaje
en aquella despedida.
Adiós, señorita Rosa…
Adiós, maestra de campo…
En Usted a todas les canto,
los maestros de mi tierra.
No sé si mi estrofa encierra
y expresa lo que siento.
Pero tan sólo pretendo
oponer a tanto olvido
mi simple agradecimiento,
ya que la Patria les debe
el más grande y merecido
de todos los monumentos.

Autor: Don Luis Landriscina.

Autor: Don Luis Landriscina. Humorista, Contador de cuentos y anécdotas.
Este texto fue rescatado del libro “De todo como en galpón” de editorial Imaginador. Libro que el autor dedicara (entre otros) a la ternura de sus padres adoptivos: Doña Margarita y Don Santiago.

Cartas del Diablo a su sobrino.

Con este título, escribió Clive Staples Lewis (el mismo autor de las Crónicas de Narnia) un libro en donde ilustra lo que sucede en la vida de cada ser humano pero en el ámbito espiritual.

Es sólo una ilustración de lo que sucede, sin que el hombre o la mujer puedan percatarse de que esto realmente suceda (los demonios son prácticos a la hora de pasar desapercibidos).

Les dejo el siguiente párrafo del libro con una pequeña introducción necesaria para comprender el modo en que ha sido escrito. De otro modo podría malinterpretarse.

******

Pequeño comentario introductorio de Rubén Lago:

El libro está compuesto por 32 misivas de Escrutopo, “demonio tentador con rango de secretario”, a Orugario, su inexperto sobrino, quien tiene como misión conseguir la condenación eterna de su “paciente”, un joven inglés residente en Londres, durante la primera guerra mundial.

Lewis comentaba que se había “ahogado” escribiendo el libro y ciertamente este es un ambiente enrarecido. Se trata del infierno y no hay la menor tentación de mostrarlo como un lugar divertido.

Característico del libro y de la mente de Lewis es el lenguaje infernal. Escrutopo se refiere a las autoridades con títulos que evocan un mundo al revés. A él lo llaman “Su Abismal Sublimidad”. Satanás en persona es el “padre de las profundidades”; los demonios más importantes son parte de la “bajojerarquía”. El hombre es un híbrido repugnante, porque tiene cuerpo y alma. La Encarnación es un episodio deshonroso. Dios es “el Enemigo” y Lucifer no fue arrojado del cielo; se marchó de él disgustado por ese sentimiento mezquino con que el Enemigo busca a esos “gusanillos ” creados por Él.

Capítulo VI

Mi querido Orugario:

Me encanta saber que la edad y profesión de tu cliente hacen posible, pero en modo alguno seguro, que sea llamado al servicio militar. Nos conviene que esté en la máxima incertidumbre, para que su mente se llene de visiones contradictorias del futuro, cada una de las cuales suscita esperanza o temor. No hay nada como el suspense y la ansiedad para parapetar el alma de un humano contra el Enemigo. Él quiere que los hombres se preocupen de lo que hacen; nuestro trabajo consiste en tenerles pensando qué les pasará.

Tu paciente habrá aceptado, por supuesto, la idea de que debe someterse con paciencia a la voluntad del Enemigo. Lo que el Enemigo quiere decir con esto es, ante todo, que debería aceptar con paciencia la tribulación que le ha caído en suerte: el suspense y la ansiedad actuales. Es sobre esto que debe decir: “Hágase tu voluntad”, y para la tarea cotidiana de soportar esto se le dará el pan cotidiano. Es asunto tuyo procurar que el paciente nunca piense en el temor presente como en su cruz, sino sólo en las cosas de la que tiene miedo. Déjale considerarlas como cruces: déjale olvidar que, puesto que son incompatibles, no pueden sucederle todas ellas. Y déjale tratar de practicar la fortaleza y la paciencia ante ellas por anticipado. Porque la verdadera resignación, al mismo tiempo, ante una docena de diferentes e hipotéticos destinos, es casi imposible, y el Enemigo no ayuda demasiado a aquellos que tratan de alcanzarla: la resignación ante el sufrimiento presente y real, incluso cuando ese sufrimiento consiste en tener miedo, es mucho más fácil, y suele recibir la ayuda de esta acción directa.

Aquí actúa una importante ley espiritual. Te he explicado que puedes debilitar sus oraciones desviando su atención del Enemigo mismo a sus propios estados de ánimo con respecto al Enemigo. Por otra parte, resulta más fácil dominar el miedo cuando la mente del paciente es desviada de la cosa temida al temor mismo, considerado como un estado actual e indeseable de su propia mente; y cuando considere al miedo como la cruz que le ha sido asignada, pensará en él, inevitablemente, como en un estado de ánimo. Se puede, en consecuencia, formular la siguiente regla general: en todas las actividades del pensamiento que favorezcan nuestra causa, estimula al paciente a ser inconsciente de sí mismo y a concentrarse en el objeto, pero en todas las actividades favorables al Enemigo haz que su mente se vuelva hacia sí mismo. Deja que un insulto o el cuerpo de una mujer fijen hacia fuera su atención hasta el punto que no reflexione: “Estoy entrando ahora en el estado llamado Ira… o el estado llamado Lujuria”. Por el contrario, deja que la reflexión: “Mis sentimientos se están haciendo más devotos, o más caritativos” fije su atención hacia dentro hasta el punto que ya no mire más allá de sí mismo para ver a nuestro Enemigo o a sus propios vecinos.

En lo que respecta a su actitud más general ante la guerra, no debes contar demasiado con esos sentimientos que odio de los humanos son tan aficionados a discutir en periódicos cristianos o anticristianos. En su angustia, el paciente puede, claro está, ser incitado a vengarse por algunos sentimientos vengativos dirigidos hacia los gobernantes alemanes, y eso es bueno hasta cierto punto. Pero suele ser una especie de odio melodramático o mítico, dirigido hacia cabezas de turco imaginarias. Nunca ha conocido a esas personas en la vida real; son maniquíes modelados en lo que dicen los periódicos. Los resultados de este odio fantasioso son a menudo muy decepcionantes y, de todos los humanos, los ingleses son, en este aspecto, los más deplorables mariquitas. Son criaturas de esa miserable clase que ostentosamente proclama que la tortura es demasiado buena para sus enemigos, y luego le dan té y cigarrillos al primer piloto alemán herido que aparece en su puerta trasera.
Hagas lo que hagas, habrá cierta benevolencia, al igual que cierta malicia, en el alma de tu paciente. Lo bueno es dirigir la malicia a sus vecinos inmediatos, a los que ve todos los días, y proyectar su benevolencia a la circunferencia remota, a gente que no conoce. Así, la malicia se hace totalmente real y la benevolencia en gran parte imaginaria. No sirve de nada inflamar su odio hacia los alemanes si, al mismo tiempo, un pernicioso hábito de caridad está desarrollándose entre él y su madre, su patrón y el hombre que conoce en el tren. Piensa en tu hombre como en una serie de círculos concéntricos, de los que el más interior es su voluntad, después su intelecto y finalmente su imaginación. Difícilmente puedes esperar, al instante, excluir de todos los círculos todo lo que huele al Enemigo; pero debes estar empujando constantemente todas las virtudes hacia fuera, hasta que estén finalmente situadas en el círculo de la imaginación, y todas las cualidades deseables hacia dentro, hacia el círculo de la voluntad. Sólo en la medida en que alcancen la voluntad y se conviertan en costumbres nos son fatales las virtudes. (No me refiero, por supuesto, a lo que el paciente confunde con su voluntad, la furia y el apuro conscientes de las decisiones y los dientes apretados, sino el verdadero centro, lo que el Enemigo llama el corazón) Todo tipo de virtudes pintadas en la imaginación o aprobadas por el intelecto o, incluso en cierta medida, amadas y admiradas, no dejarán a un hombre fuera de la casa de Nuestro Padre: de hecho, pueden hacerle más divertido cuando llegue a ella.

Tu cariñoso tío
ESCRUTOPO

..

Yo Robot.

Con este título, un autor llamado Isaac Asimov escribía un cuento allá por 1950 y en el año 2004 le han hecho una película.

Muchas veces hemos reflexionado (u oído reflexiones) acerca de que Dios no desea que seamos como robots. Pues Él nos hizo libres !!!

No es necesario cumplir ningún requisito impuesto por humanos para ser cristiano. ¿Lo sabías?

Sólo es necesario creer en la obra que Jesús hizo en la cruz para satisfacer la justicia de Dios mediante el sacrificio de un ser inocente y sin pecado.

Ahora bien. La vida (una vez que te has convertido en cristiano) continúa…

No es necesario que te ates a rudimentos humanos para conocer a Dios. Es bueno estar en comunión con otros hermanos, pero existen cosas que quizá te sucedan en la congregación y ya te hayas preguntado una y otra vez: ¿por qué debe ser esto así? y no te hayas sentido comprendido al escuchar las respuestas que has obtenido…

Solemos cuestionar las cosas. Somos seres humanos. Ahora, con el Señor en nuestras vidas tenemos respuestas a un sinnúmero de preguntas en cuanto a la eternidad que antes no poseíamos.

Pero muchas veces, nos preguntamos si Dios será tan así como se nos lo enseña desde un púlpito.

Paso a explicar las diversas situaciones…

Nos encontramos en una reunión con el templo lleno, y seguramente que el micrófono se encuentre a alto volumen para alcanzar a los que se encuentran detrás de todo. Pero… ¿Siempre debe el volumen romper los oídos de los hermanos, aún cuando sólo han venido 10 personas?

He visto videos de evangelistas de “avivamiento” con reuniones de 30 personas (no más) en donde los hermanos se ponían tensos con cada grito del hermano predicador que no sólo podría haber hablado sin micrófono, sino que se entusiasmó pensando que el diablo ese día estaba sordo y gritarle era lo mejor que podía hacer… (sin más palabras en este caso).

He estado en reuniones (sé que alguna vez has vivido algo similar) en donde se te enseña a ser obediente a los caprichos del pastor o líder porque sino “no vas a recibir bendición”. Es lógico que todo el mundo, por no “perder” la bendición, corra a hacer todo lo que le dicen… sí, como un ROBOT.

Entonces se escucha: Levanten las manos! Al rato, tome la mano de su hermano y dígale que Dios está con él! Ahora hagamos el trencito del gozo del Espíritu (¿?). Ahora volvamos a levantar las manos… Ah, no! Ahora vienen los anuncios. Pero primero hagamos una oración por los enfermos….

Quien ve estas cosas de afuera, no comprende absolutamente nada. Es peor que el hablar todos en lengua (como reprochó el apóstol Pablo), ya que esto ni siquiera es una manifestación del poder de Dios, sino una serie de movimientos y ritos que nada tienen que ver con nuestra comunión con el Señor.

Y muchos se han convertido en “Robots”, de los cuales yo era uno más. Pero gracias a Dios he podido salir de ese molde de culto repetitivo y aburrido.

Dios hace nuevas todas las cosas y sus misericordias son nuevas cada mañana… ¿no hemos pensado como cristianos que es posible que el Señor nos indique el modo en que tenemos que hacer una reunión en Su nombre?

¿Tendrá alguna vez Dios la posibilidad genuina de hacer lo que desea entre Su pueblo?

“Quiero una iglesia que no busque lo que YO QUIERO… sino que anhele ser lo que Jesucristo soñó”

El texto que acabo de incluir entre comillas, lo copié de un sitio de un hermano (http://estaperron.blogspot.com/) y me pareció interesante meditar en todas estas cosas a partir de esa frase.
No digo que esté mal cantar alabanzas. No digo que esté mal usar el micrófono. Pero muchas veces el pensamiento de los que ministran está tan absorto en las cosas que hacen que pierden el sentido común. Existen ocasiones en donde unas palabras dirigidas a un grupo pequeño pueden decirse sin gritarse.

Al mundo espiritual no ingresamos con griteríos, sino con autoridad. El gritar, no es sinónimo de autoridad, sino más bien de temor por perder el control de la situación.

En ocasiones es conveniente gritar, pero hacerlo todo el tiempo es una señal de que la autoridad de Dios no permanece en el individuo y éste cree que de ese modo puede imitarla.

Los demonios se acercaban a Jesús temblorosos, preguntándole por qué se había acercado a ellos y si lo hacía para atormentarlos antes de tiempo. Luego le pidieron permiso para ir hacia el grupo de cerdos. La única palabra que Jesús menciona en ese pasaje es: “Id”.

¿Gritó? ¿Necesitó subir el volumen? ¿Acaso fue necesario tomarse tanto tiempo para echar fuera a los demonios? (Que dicho sea de paso, estaban ya casi con un pie fuera del Gadareno, por el temor que tenían de estar en la presencia del Señor).

¿Acaso estos griteríos son las cosas “más grandes” que Jesús dijo que haríamos en Su nombre?

Yo tengo la esperanza (y lo creo así hermanos) que el Señor tiene preparadas cosas más grandes, pero ¡grandes de verdad!

Todo lo que intenta imitar el mover de Dios es algo que con el tiempo se apaga.

Dios nunca se apaga. Dios sigue encendido y encendiendo !!!

Las imitaciones, en lugar de lo genuino y espontáneo, no son buenas…

Recuerdo que Moisés fue un instrumento de Dios que con su vara hizo las maravillas de Dios según los propósitos que el Señor tuvo en su momento con él.

Imagino que en aquellos días, algunos se apoderarían de varas similares en su caminar diario con el secreto deseo de ser escogidos por Dios por sus hermosas ramas, que quizá serían más vistosas que las de Moisés.

También imagino a los hombres de la época de Elías, cubriéndose con mantos para tratar de ser también ellos portadores de una unción que les era esquiva, ya que no estaba en el manto, sino en quien Dios quería.

Casi me parece ver a todos los que eran contemporáneos de Daniel, haciendo dieta de legumbres y negándose a tomar vino, esperando que Dios viera sus apariencias externas para llevarlos a mejores estadíos de su vida espiritual.

También pienso en los que vivieron en los tiempos de David, cargar con sus propias piedras y sus hondas, esperando ser los próximos en derribar un filisteo y ser así llamados por Dios para cosas grandes.

Dios no se repite…

Dios posee formas, palabras, métodos y objetivos que sólo Su poder pueden llevar adelante.

No importa si somos nosotros o si es otro el que es llamado por el Señor para hacer la obra. No miremos lo que otros hacen para imitarlos. Seamos genuinos.

Debiera aprenderse, a que si un hermano prefiere pasar toda la reunión arrodillado orando, o sentado leyendo la palabra del Señor, es libre de hacerlo. No debe ser juzgado por no estar aplaudiendo y seguir los dictámentes repetitivos y a veces monótonos, culto tras culto, de un hermano que quizá ya necesita unas vacaciones.

Existen muchos hombres y mujeres que pueden dirigir una reunión y ser espontáneos. Quizá cualquiera de éstos, pudiera darnos una gran sorpresa…

¡ Que el Señor los bendiga !

Raimundo Baravaglio

mensajedefuego@yahoo.com.ar