Somos descendientes de la promesa de Abram

En Génesis 12:1-4, se nos relata cómo Abram recibe la promesa de Dios (quien haría de él una nación grande) a la edad de 75 años.

Se desprende de que Abram (y Dios también) sabía que Sarai, su esposa, era estéril del pasaje que encontramos en Génesis 11:29-30.

En Génesis 15:1-6, Dios insiste en abundar sobre los detalles de su promesa a Abram. ¿Con qué objeto? Es que sabía que Abram aún guardaba sus opiniones sobre el modo en que Dios cumpliría su palabra. Finalmente le cree a Dios (quien le recalca que será “un hijo tuyo”) y esa fe le es contada por justicia.

El capítulo 16 de Génesis, es un relato de cómo el hombre se esfuerza por “ayudar” a Dios a cumplir sus promesas…
Sarai le dice: “Ya ves que Dios me hizo estéril, al menos dame un hijo de mi sierva Agar” y le pidió que se acostara con ella. Abram lo hace, y a los 86 años (Génesis 16:16) se convierte en padre.

Algo ocurre con el tiempo. A los 99 años, (Génesis 17:1-8) Dios vuelve a hablarle, le cambia el nombre e insiste sobre una promesa realizada hacía 24 años y luego reconfirmada.
¿Acaso se había olvidado ya Abram de que Dios le había prometido tan grande bendición? ¿Es posible que Abram creyera que lo que el Señor le había provisto era el cumplimiento de la promesa? Aparentemente, todo estaba dado y cumplido, pero Dios siempre va más allá de lo que ven nuestros ojos y esperan nuestros sentidos.

En Génesis 21:1-5 vemos el cumplimiento de la promesa de Dios. Llegando a tiempo, ni un minuto fuera de lugar. Ni antes, ni después. Génesis 18:14 lo plantea claramente así: “¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo.”

No quedaban más dudas, Isaac estaba ahí, seguramente dando sus primeros gritos en este mundo, y Dios en Génesis 21:12 le corrige sus dudas a Abraham cuando le dice: “En Isaac te será llamada descendencia”.

Nosotros somos parte de esa descendencia, creída por fe por Abram, cuando aún faltaban 25 años de trato de Dios para llevarla a su cumplimiento.

Algunos repiten el dicho: “Dios aprieta pero no ahorca”. Yo creo que aún cuando llegare a ahorcar, tendrá provisto su poder para levantarnos de la muerte si es que hemos sido escogidos y si somos parte de esa descendencia profética.

Que el Señor les siga bendiciendo !!!

Un pensamiento en “Somos descendientes de la promesa de Abram

  1. el mensaje es hermoso lleno de conviccion y llevado por alguien , que si tiene el Espiritu Santo en su corazon ,personalmente me a gustado mucho pero mas que gustarme me a llenado el sentir la Fe ,el la palabra somos hijos de la promeza Si ,todos los que confiesan que Jesus es el Señor se aferran al llamado de ser hijos de la promesa gracias por esta palabra y que Dios te siga bendiciendo un hermano en Cristo. amen

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