Somos descendientes de la promesa de Abram

En Génesis 12:1-4, se nos relata cómo Abram recibe la promesa de Dios (quien haría de él una nación grande) a la edad de 75 años.

Se desprende de que Abram (y Dios también) sabía que Sarai, su esposa, era estéril del pasaje que encontramos en Génesis 11:29-30.

En Génesis 15:1-6, Dios insiste en abundar sobre los detalles de su promesa a Abram. ¿Con qué objeto? Es que sabía que Abram aún guardaba sus opiniones sobre el modo en que Dios cumpliría su palabra. Finalmente le cree a Dios (quien le recalca que será “un hijo tuyo”) y esa fe le es contada por justicia.

El capítulo 16 de Génesis, es un relato de cómo el hombre se esfuerza por “ayudar” a Dios a cumplir sus promesas…
Sarai le dice: “Ya ves que Dios me hizo estéril, al menos dame un hijo de mi sierva Agar” y le pidió que se acostara con ella. Abram lo hace, y a los 86 años (Génesis 16:16) se convierte en padre.

Algo ocurre con el tiempo. A los 99 años, (Génesis 17:1-8) Dios vuelve a hablarle, le cambia el nombre e insiste sobre una promesa realizada hacía 24 años y luego reconfirmada.
¿Acaso se había olvidado ya Abram de que Dios le había prometido tan grande bendición? ¿Es posible que Abram creyera que lo que el Señor le había provisto era el cumplimiento de la promesa? Aparentemente, todo estaba dado y cumplido, pero Dios siempre va más allá de lo que ven nuestros ojos y esperan nuestros sentidos.

En Génesis 21:1-5 vemos el cumplimiento de la promesa de Dios. Llegando a tiempo, ni un minuto fuera de lugar. Ni antes, ni después. Génesis 18:14 lo plantea claramente así: “¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo.”

No quedaban más dudas, Isaac estaba ahí, seguramente dando sus primeros gritos en este mundo, y Dios en Génesis 21:12 le corrige sus dudas a Abraham cuando le dice: “En Isaac te será llamada descendencia”.

Nosotros somos parte de esa descendencia, creída por fe por Abram, cuando aún faltaban 25 años de trato de Dios para llevarla a su cumplimiento.

Algunos repiten el dicho: “Dios aprieta pero no ahorca”. Yo creo que aún cuando llegare a ahorcar, tendrá provisto su poder para levantarnos de la muerte si es que hemos sido escogidos y si somos parte de esa descendencia profética.

Que el Señor les siga bendiciendo !!!

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“Eres Amado” (por el pastor Paul Washer)

Es un gran, gran honor y un privilegio para mi estar hablando hoy acá. Es un gran privilegio.
Estoy desbordado por la bondad de Dios que me ha dado la oportunidad de estar acá en este lugar, compartiendo y hablando del evangelio de Jesucristo en comunión con creyentes.
Es un privilegio tremendo.
Y no se desanimen. Nunca se desanimen. No existe razón para desanimarse.
Algunos de los mejores sermones que han sido predicados, fueron predicados para 6 personas.
Algunas de las más fantásticas manifestaciones de Dios acontecieron entre un puñado de creyentes.
Nosotros no deberíamos usar la sabiduría del mundo. Deberíamos usar la sabiduría de Dios.
Si esto fuera fácil, todos estarían haciéndolo.
Esto no es acerca de cuán útiles podemos llegar a ser, o de cuán exitosos parecen ser nuestros ministerios. Es acerca de ser moldeado a la imagen de Cristo.
Absolutamente todo en nuestras vidas es dirigido a moldearnos.
Dios no es servido por manos humanas como si Él necesitara algo de nosotros. Él nos otorga el privilegio de participar en la gran obra que Él está haciendo. Pero, el gran objetivo de Dios no es hacernos siervos exitosos; el gran objetivo de Dios es conformarnos a la imagen de Jesucristo.
Fue cuando me di cuenta de que no necesitaba moverme un centímetro a la izquierda o a la derecha para ser amado por Dios; que no necesitaba ser exitoso a los ojos del mundo, o poderoso, o elocuente, o inteligente, o cualquier otra cosa; que simplemente era amado.
Soy tan impuro, tan injusto y tan ignorante sobre las cosas de Dios que me siento tan avergonzado.
Dije: “Tu alegría y todo sobre ti, tu comodidad, tu alegría, tu paz, vienen de tu desempeño y de lo que puedes hacer por Dios”.
Digo: Mi consuelo, mi alegría, mi paz viene de lo que Dios hizo por mí en la obra terminada de Cristo.”
Dios no permitirá que tu fuente sea cualquier cosa fuera de Él o Su gracia. Hay un sentir de que si no estamos andando con Dios como cristianos, Él va a convencernos de nuestros pecados. Hay un sentir de que deberíamos estar tristes por nuestra falta de obediencia. Pero, al mismo tiempo, tenemos que entender lo siguiente: ¿Sabes qué hace Dios durante gran parte de la vida de los creyentes, después de que son salvos? Él no obra “vida” en ellos tanto como obra “muerte” en ellos. Después de un corto período, llamado por algunos “Luna de Miel”, en el cual Dios nos protege con Su gracia, Él empieza a alejarse un poco para que empieces a ver que no puedes hacer nada y que todo depende de Él.
Es por eso que muchos ministros jóvenes salen a predicar. Ahora, si son hombres de Dios, se encontrarán generalmente con años y años de fracasos. Hay excepciones, como Charles Spurgeon y otros, pero, a la mayoría de nosotros, Dios permite que pasemos por muchos fracasos en nuestras vidas de oración, fracasos en nuestra habilidad de leer la palabra y entenderla, fracasos en nuestras prédicas, fracasos en todas las áreas, para que al final podamos llegar a un punto donde digamos: “Oh, Dios, ¿a quién tengo en el cielo sino a Ti, a quién tengo en la tierra sino a Ti?”; y entonces Dios empieza a trabajar en nuestras vidas y en nuestros corazones.
Eso es lo que quiero que veas. No quiero que obtengas alegría de tu desempeño, sino de la obra concluida de Cristo. Quiero que obtengas todo únicamente de esa Única Persona. Y así tu alegría, tu consuelo, tu paz, serán tan sólidos como una roca que no se altera.
Pero mientras tu alegría, tu consuelo y todo lo demás, vengan de tu desempeño, pasarás el resto de tu vida así.
Una vez un hombre se me acercó y me dijo: “¿Sabes?, podrías hacer esto, y esto, y el ministerio se expandirá, y podrías pensar en TV, y pensar en todas estas cosas, sería buenísimo.”
Después que él terminó, le dije: “Pero si hago todo eso, ¿dónde voy a encontrar tiempo para ir de pesca?”
Él me miró, y yo sé lo que él pensaba, era algo así como: “Este es el hombre menos espiritual que he escuchado hablar”.
Lo miré y le dije: “Señor, ya fui así. Ya pasé buena parte de mi vida cristiana trabajando a morir, para que de alguna forma Dios creyera que yo era especial. No necesito ese ministerio o aquel ministerio o de las cosas que me estás hablando. Sé que soy profundamente, eternamente y perfectamente amado. Ahora, si Dios quiere que me vaya a hacer alguna cosa, iré a hacer alguna cosa, porque Él me ama tanto. Pero no necesito ser grande. No necesito ser listo, no necesito ser elocuente, no necesito de un ministerio tremendo, y no necesito ser famoso. ¡Dios me ama! Y eso es suficiente.”
Quiero que sepas, si eres un creyente acá hoy: ¡Dios te ama!
Algunos dicen: “El mayor acto de fe es resucitar a los muertos. ¡Caramba! Si puedes resucitar muertos, ¡sí tienes la fe!”
Y siempre digo: “¿Sí?”.
Y si me preguntan: “¿Cuál es el mayor acto de fe?”, digo: “Para mí, es mirar al espejo de la palabra de Dios y ver todas mis fallas, todos mis pecados, todas mis deficiencias, y creer que Dios me ama exactamente como Él dice que me ama.” Él realmente me ama. Eres amado, si estás en Cristo. Eres acepto, si estás en Cristo. Siempre andas con esa seguridad en lo profundo de ti; a los legalistas no les gusta mucho eso. Pero para alguien como yo, eso es algo maravilloso. Para alguien que nunca fue capaz de hacer todo correctamente, como otras personas, este es un mensaje maravilloso.
Leamos Romanos 3:23. “Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por Su gracia son justificados gratuitamente, mediante la redención que Cristo Jesús efectuó. Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia, anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los pecados; pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál principio? ¿Por el de la observancia de la ley? No, sino por el de la fe.”
El Dr. Martin Lloyd-Jones dijo: “Esta es la acrópolis de la fe cristiana.”
La ciudadela. posiblemente el pasaje más grandioso de toda la biblia.
Esto que acabamos de leer, posiblemente se el pasaje más importante de toda la biblia.
¿Lo has leído? ¿Lo entendiste? ¿Lo has estudiado detalladamente? Porque aquí encontramos la mayor de todas las verdades. Algunas personas leen este pasaje y la única cosa de la que se acuerdan es: “Romanos 3:23”. Y este pasaje, en mi opinión, es el más importante de toda la biblia.
Para poder entender la cruz de Jesucristo tenemos que entender este pasaje.
Soy tan impuro, injusto e ignorante sobre las cosas de Dios que me siento avergonzado.
Pero mi consuelo, mi alegría y mi paz vienen de lo que Dios hizo por mí y de la obra concluída de Cristo.

Obligados a diezmar?

El siguiente texto lo recogí textual del blog FOROEKKLESIA: http://www.foroekklesia.com/showthread.php?t=70765

Lo transcribo porque el tema sigue… y sigue, y sigue despertando apoyos y rechazos… Como si hubiese algo que discutir al respecto. Como si aún no existiera revelación en el pueblo de Dios como para discernir qué es lo que dice o no la Palabra de Dios al respecto. Como si aún no se pudiese saber qué piensa Dios sobre el daño que el exceso de dinero hace en algunos hombres de Dios que se dicen portadores de “nuevos rumbos” o “nuevas visiones” para la iglesia, cuando el evangelio es tan sencillo y cuando Jesús nunca cambia…

Los dejo con el texto para su reflexión:

Como Iglesia de Jesucristo que somos: ¿Estamos o no estamos obligados a diezmar? Esta es una pregunta que casi todos nos hacemos hoy en día, puesto que muchísimos pastores y predicadores están vociferando en las iglesias, en las radios y en diferentes medios, que la Iglesia de Jesucristo está obligada a diezmar o en caso contrario llevar sobre si la maldición de la ley. ¿Es esto lo que enseñan las Sagradas Escrituras?

¿Por qué muchos pastores y líderes de diferentes denominaciones hoy en día quieren imponer la ley del diezmo sobre la iglesia? Es muy común entrar a una iglesia, sea pentecostal o bautista y encontrar al pastor predicando y profiriendo a la iglesia la maldición de Malaquías 3:9. ¿Pero porque los pastores fallan en explicar a quien está dirigida dicha maldición? ¿Está dirigida al pueblo de Israel o a la Iglesia de Jesucristo? ¿O es que el pueblo de Israel y la Iglesia de Jesucristo son la misma cosa? ¿No es Cristo el mediador de un nuevo pacto? o ¿Seguimos estando sujetos a la ley Mosaica?

Uno de los principales argumentos de los que quieren imponer la ley del diezmo a la iglesia es que el diezmo es anterior a la ley. ¿Es cierto esto? Genesis: 14:20 dice que Abram entrego a Melquisedec los diezmos de todo. Preguntémonos: El diezmo que dio Abram, ¿fue voluntario?, ¿o fue exigido?. Está claro que fue una acción voluntaria por parte de Abram, no había ninguna ley que le obligara a hacerlo, y claramente no había ninguna maldición que callera sobre él en caso de no hacerlo. Sin embargo hoy en día, no se enseña el diezmo como algo voluntario, sino como algo exigido. El solo hecho de pretender exigir al creyente hacer una obra es contrario al nuevo pacto establecido por nuestro Señor Jesucristo: La gracia.

La segunda persona que aparece en la Biblia que haya diezmado fue Jacob, Génesis 28:20 dice que Jacob hizo voto, diciendo: “Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, 21 y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová sera mi Dios. 22 Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartare para ti.” Aquí la Escritura nos dice que Jacob hizo un voto a Dios, ahora un voto es algo que uno ofrece a Dios de manera voluntaria, una vez mas esta promesa que hizo Jacob fue totalmente voluntaria, sin una ley que le obligara ni una maldición que le pudiera caer en caso de no hacer el voto. Una vez que hizo su voto a Dios entonces si estaba obligado a cumplir.

Ni el caso de Abram, ni el caso de Jacob nos enseñan que diezmar sea obligatorio. Diezmar se hace obligatorio únicamente bajo la ley. Solamente los que estaban bajo la ley, estaban a la vez obligados a cumplir la ley del diezmo y no solamente esta ley, sino todas las demás leyes.

Números 18:24 dice “Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad.” Esta es la ley del diezmo, nótese, que los diezmos legítimamente establecidos en la ley pertenecen a una tribu en particular, no se podían entregar diezmos a cualquier persona, únicamente a los levitas. ¿Donde es que ocurre la transición y bajo la autoridad de quien es que se transfiere el derecho de receptor del diezmo de manos de los levitas a manos de los pastores? Jesucristo nunca hizo tal transferencia, jamás instruyo a sus discípulos a cobrar el diezmo y a subsistir de ello. El apóstol Pablo quien fundó la mayoría de las iglesias entre los gentiles nunca instruyo que se diezmara para el sostenimiento de los pastores ni de la obra, únicamente instruyo sobre dar voluntariamente. Ninguno de los otros apóstoles jamás instruyeron a la iglesia a diezmar, entonces ¿Quien o quienes son los que han quitado el derecho al diezmo de manos de los levitas para transferirlo a los pastores? No fue Jesucristo, no fue Pablo, no fue Pedro, no fue Juan, no fue ninguno de los otros apóstoles, quienes fueron? Fueron los mismos pastores modernos de hoy en día. La iglesia católica también cobro los diezmos durante varios siglos, pero hoy en día son los mismos pastores, y esto es algo muy lamentable, pero es cierto. Los mismos pastores que predican la salvación por gracia, pero a la vez niegan esta gran verdad al exigir los diezmos. Los mismos pastores que predican sobre el nuevo pacto, pero que a la hora de las finanzas siguen imponiendo una ley que ya ha sido cambiada, porque Hebreos 7:12 dice “Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley”. Los mismos pastores que predican que ni tribulación, ni angustia, ni persecución, ni hambre, ni desnudez les van a poder separar del amor de Cristo, pero mandan hasta a las viudas y a los hermanos más pobres a traer 10% de sus escasos recursos para ellos poder construir grandes templos, comprar radio emisoras, poner canales de televisión y vivir en mansiones. ¿Sera esa la voluntad de nuestro Señor? Antes el nos invita a venir a Él todos los que estamos trabajados y cargados y promete hacernos descansar.

Lo peor de todo es que los imponen el diezmo dicen predicar el evangelio de Jesucristo pero a la vez niegan la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo. Todos los defensores del diezmo, a quienes podríamos bien llamar: los judaizantes de nuestros tiempos, todos ellos el primer pasaje de la Biblia que citan para imponer el diezmo es: Malaquías 3:9 que dice: “Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado” ¿A quien escribió esto Malaquías? Lea el libro de Malaquías y se dará cuenta que esto va dirigido al pueblo de Israel y para el tiempo del profeta Malaquías la ley estaba en completa vigencia. ¿De dónde viene la maldición que profiere el profeta Malaquías? La maldición que profiere el profeta es la maldición de la ley en contra de aquellos que la desobedecen, Deuteronomio 27:26 dice “Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas. Y dirá todo el pueblo: amen.” El pueblo de Israel estaba cayendo bajo maldición precisamente por quebrantar un mandamiento de la ley: el mandamiento del diezmo. Pero ¿qué nos dicen las sagradas escrituras respecto a las maldiciones de la ley? ¿Puede la Iglesia de Jesucristo caer bajo las maldiciones de la ley? o ¿Esta la Iglesia libre de las maldiciones de la ley? Gálatas 3:13 dice “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).” Si Jesucristo el Hijo de Dios nos redimió de la maldición de la ley, ¿Que denominación, pastor o hombre podrá someter a la iglesia de Cristo nuevamente bajo la maldición de la cual El nos hizo libres? Claramente ningún pastor, ningún predicador, ningún hombre puede someter a la iglesia de Cristo bajo la maldición de la ley, por lo tanto todos aquellos que tergiversando las escrituras le predican a la iglesia que la maldición de Malaquías puede venir sobre ellos, están predicando falsedad y engaño, no están predicando la sana doctrina de la Palabra de Dios, y están ellos mismos cayendo en condenación por predicar falsedades.

En los escritos del Nuevo Testamento no encontramos ningún pasaje que nos indique que diezmar haya sido una práctica de la Iglesia durante el tiempo de los apóstoles. El principal expositor del evangelio a los gentiles, el apóstol Pablo no instruyo en ninguna de sus cartas a las respectivas Iglesias de que se debiera adoptar la ley del diezmo dentro de la Iglesia. Recordemos que el diezmo era parte de la ley de Moisés, esta le fue dada al pueblo hebreo. Los pueblos gentiles desconocían la ley de Mosiaca, si el diezmo hubiese una doctrina y una práctica tan fundamental como la han convertido hoy las diferentes denominaciones, ¿Por que es que el apóstol Pablo ni si quiera menciono el tema a las diferentes iglesias cuando si abordo prácticamente todos los aspectos relacionados con la vida Cristiana? Las iglesias integradas por los nuevos convertidos gentiles probablemente nunca hubieran escuchado mencionar el diezmo, pero el apóstol Pablo ni si quiera se los menciona en sus cartas!. ¿Cómo pudo el apóstol Pablo omitir mencionar algo tan importante? Simple y sencillamente el apóstol Pablo nunca tuvo la intensión de enseñar que la iglesia debiera adoptar la ley del diezmo.

Los judaizantes querían mezclar el nuevo pacto con la ley Mosiaca, la respuesta del apóstol Pablo fue contundente y defendió a toda costa que no se podía exigir que los creyentes entre los gentiles adoptaran la ley Mosaica, ni en su totalidad, ni parcialmente. En aquellos tiempos los judaizantes pretendían exigir que los gentiles fueran circuncidados, hoy los judaizantes no les interesa la circuncisión pero si les interesan las finanzas, por lo cual desechan toda la ley pero adoptan una sola ley: la ley del diezmo. Ahora se nos enseña que podemos descartar todas las instrucciones de la ley, tales como la circuncisión, el guardar el sábado, las leyes sanitarias, etc. sin embargo se nos pretende obligar a cumplir a toda cabalidad la ley del diezmo. ¿Cómo es posible? El apóstol pablo escribiendo a los gálatas les dice: Gálatas 5:2 “He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechara Cristo. 3 Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. 4 De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” Si alguien pretende ser acepto delante de Dios cumpliendo un punto de la ley, esa persona está obligada a guardar toda la ley. No podemos escoger como queremos ser justificados, no puedo yo decir si cumplo esta ley y esta otra, pero las demás no las cumplo, ya con eso estoy justificado. ¿Qué tipo de evangelio predican los que pretenden imponer la ley del diezmo? Ciertamente no es el evangelio Bíblico, pues el evangelio Bíblico no es una mezcla, no es un evangelio de salvación por medio de un combo: gracia-ley del diezmo. Pretender ser justificados delante de Dios mezclando la gracia con las obras de la ley, llámese ley del diezmo u otra ley, no es Bíblico. Eso es exactamente lo que enseña la iglesia católica, que la salvación no depende únicamente de la gracia de Dios sino también de las obras meritorias que el hombre tiene que hacer para obtenerla. ¿Por qué hermanos habremos de seguir el camino apostata de la iglesia romana? Nunca!, dirían algunos pastores, ¿pero entonces porque quieren imponer la ley del diezmo?

El caso de imponer o pretender imponer el cumplimiento de la ley a los creyentes gentiles fue algo que fue tratado durante el concilio en Jerusalén. Lea el capítulo 15 del libro de Hechos. Luego de algunas aportaciones de algunos hermanos el apóstol Pedro dice en el versículo 10 “Ahora, pues, ¿por que tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?” ¿Quien esta hablado aquí? El apóstol Pedro está hablando y ¿qué es lo que está diciendo? Esta diciendo que aquellos que pretenden imponer la ley de Moisés a los discípulos de Jesucristo están tentando a Dios! Tentar a Dios es algo que nadie querría hacer jamás, Dios es fuego consumidor, ciertamente ningún hombre podrá tentar a Dios y escapar su juicio, aunque muchos no enfrentaran el juicio aquí en esta tierra, pero un día lo enfrentaran. Además el apóstol Pedro está hablando de no poner carga, no poner yugo sobre la cerviz de los discípulos. Un día se les pregunto a los miembros de una iglesia si ellos diezmaban, hubo muchos de ellos que dijeron que no, y se les pregunto porque, la repuesta de todos ellos fue que no ajustaban con sus pequeños salarios ni para cubrir sus necesidades básicas. ¿No será esto un yugo sobre la cerviz de los hermanos?, exigirles dar el 10% de su salario o de lo contrario decirles que le están robando a Dios y que están cayendo bajo maldición. Pregunto: ¿Sera que al apóstol Pedro se le olvido mencionar que si se debía llevar la carga que representa el diezmo para todos los hermanos pobres? ¿Porque no dijo: ninguna otra carga, más que esta única: la del diezmo? Porque si habían hermanos pobres en aquellos tiempos y aun los hay hoy, aunque muchos predicadores de la prosperidad lo quieran negar y digan que la pobreza es maldición y aunque muchos también lo nieguen pero para los más pobres el diezmo es efectivamente una carga, y mucho más cuando va acompañado de la amenaza de maldición y de condenación eterna por no hacerlo. ¿O a caso no predican los que quieren imponer el diezmo, que el que no diezma se va al infierno? Claro que eso es lo que predican, nuevamente aplicando erróneamente Malaquías para decir que el que no diezma le está robando a Dios, si no diezmar es robar y los ladrones no entraran en el reino de Dios, entonces están enseñando claramente que el que no diezma se va al infierno! El concilio de Jerusalén concluye con la recomendación de Jacobo, de que se les escriba a los gentiles, Hechos 15:28 “Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: 29 que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.” ¿A quién ha parecido bien no imponer ninguna carga más a los gentiles? Al Espíritu Santo ha parecido bien! A Dios a parecido bien! y si a Dios a parecido bien no imponernos las cargas de la ley, ¿qué hombre será aquel que podra revertir la voluntad de Dios y volver a esclavizarnos bajo el yugo de la ley? ¿Sera que en el dia del juicio los que tal quieren hacer tendrán buenas cuentas que entregar a Dios mismo, a quien ha parecido bien no imponernos ninguna de las cargas de la ley?

Hebreos 7:18 dice “Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia 19 (pues nada perfecciono la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.” El mandamiento anterior que exigía el cumplimiento de muchas obras ha quedado abrogado porque era débil e ineficaz y ahora tenemos una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios. Ya no podemos acercarnos a Dios por nuestras obras, no es por diezmar, no es por circuncidarnos, no es por guardar el sábado, no es por ninguna de las obras de la ley, sino por la fe en nuestro Señor y Salvador Jesucristo que podemos acercarnos a Dios y ser salvos únicamente por su gracia.
Me cuesta entender cómo es que casi la totalidad de los pastores fallan en reconocer esta verdad fundamental de las Escrituras. ¿Cómo es que pueden predicar que somos salvos por la gracia de Dios lo cual es totalmente correcto de acuerdo a las enseñanzas del nuevo testamento, pero a la vez poner como requisito una obra de la ley? ¿O no ponen los diezmos como requisito para ser salvo? Nuevamente, si no diezmar es robar y los ladrones no entran al cielo, entonces implícitamente, se está enseñando que el que no diezma no puede ser salvo. La única explicación que encuentro para este error por parte de la mayoría de las denominaciones y pastores tiene que ver con las finanzas. Los pastores parecen estar convencidos que si no imponen la ley del diezmo sobre los creyentes, entonces la obra de predicar el Evangelio se va a venir abajo y ellos perderán su fuente de ingresos. ¿Pero, es que acaso solo con exigencias y amenazas podemos dar los Cristianos? ¿No tenemos amor nosotros por la obra y por los pastores como para dar voluntariamente para su sostenimiento? Pues precisamente de esta manera: voluntariamente, es que esta establecido que nosotros los Cristianos debemos dar! Así lo enseño el apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios en la cual instruye (2 Corintios 9:7) “Cada uno de como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” Esta es la manera en que los Cristianos debemos de dar, no con tristeza, no por necesidad, no porque nadie nos obligue, no porque tenemos que obedecer la ley de Moisés, no por ninguna otra razón, sino porque Dios pone el amor en nuestros corazones, para que nosotros demos voluntariamente. Dar para nosotros no es un requisito para poder alcanzar la salvación sino un fruto del amor de Dios que está en nosotros. No tenemos que dar un porcentaje establecido, podemos dar desde un vaso de agua hasta todo lo que poseemos.
Que Dios les bendiga a todos los que puedan leer esta pequeña reflexión. Gloria y honra a Dios Padre y a nuestro Señor Jesucristo por los siglos de los siglos. Amén.

Atentamente,

Hno. Miguel Obando Rojas
Managua, Nicaragua.

Hay varias respuestas planteadas, en respuesta a este tema, en dicho foro.

Quienes avalan el diezmo, lo hacen pensando en su bolsillo, en su necesidad como líder de una congregación, en su propio “molino”.

Si las iglesias administraran el dinero de modo transparente y generoso, conforme a las escrituras, esto sería visible a todos y todos darían aún sus propias casas !!! Tal cosa sucedió en la época del libro de los Hechos. No se dudaba de una mala administración de las arcas de la iglesia, sino que eran usadas para sostener a los misioneros, dar de comer a las viudas y huérfanos y mayormente para los hermanos que estaban en necesidad.

No se utilizaba con fines edilicios, ni se utilizaba para gastos superfluos. Y no era mencionado el “diezmo” como tal en el tiempo apostólico. Sólo se mencionaba el tema de las ofrendas.

El malgasto de los ingresos de la iglesia de hoy (junto a la ausencia total de transparencia), es el primer obstáculo para que los hermanos den generosamente.

¿Por qué ocultar las cuentas de la iglesia? ¿Acaso se teme que se sepa que el pastor cambió de automóvil o que compró un nuevo departamento en una zona lujosa como regalo de casamiento para su hija? No tiene nada de malo esto, si todos los miembros lo aprueban, pero… ¿se hace a la vista de todos o se busca ocultar de todas las maneras posibles?

Además, si se malgasta el dinero, ¿Quién creen que les pedirá cuentas?

Como cristianos, tenemos el deber ante el Señor de evitar que los ministros lleven una vida licenciosa y casi mundana, haciendo gastos que podrían ser más moderados. ¿Cómo hacerlo? Dando menos.

La ofrenda podemos darla a quien Dios nos mande. Quizá exista una persona necesitada que ayudar a la que el Señor ponga en nuestro camino… ¿cerraremos el corazón a ella por dar el dinero en un lugar que sabemos malgastador? Dios nos pedirá cuentas a nosotros de nuestra mayordomía, no podremos responsabilizar a terceros…

Que el Señor les bendiga !

El ministerio de la tristeza

El ministerio de la tristeza

por el Reverendo David Wilkerson

Samuel fue un joven llamado al “ministerio de la tristeza”. No la suya, ni la de la humanidad, sino la tristeza profunda e insondable de Dios. Dios estaba muy afligido por la caída de su pueblo, y no había quien se condoliera. Dios estaba a punto de quitar su gloria de su casa de Silo, y los que ministraban en su altar no lo sabían. ¡Qué triste es ser tan sordo, ciego y mudo precisamente a la hora del juicio!

Israel estaba corrompido; el sacerdocio era adúltero y el ministerio organizado y establecido estaba completamente ciego. Elí representa el sistema religioso en decadencia con todos sus intereses egoístas, ablandado por la vida fácil con sólo una muestra de aborrecimiento del pecado. Elí se había vuelto gordo y perezoso con respecto a lo profundo de Dios, dedicado sólo a la liturgia.

Sus hijos Ofni y Finees representan el ministerio presente de la tradición. Esos dos sacerdotes jóvenes nunca tuvieron un encuentro con Dios. No sabían lo que era “oír del cielo”. Ni tampoco el deseo ardiente de encontrar a Dios y conocer la gloria y la presencia del Señor; no sabían nada de la tristeza de Dios. Esta clase de personas no ayunan, ni oran. Buscan las mejores posiciones ministeriales, con los mayores beneficios y las mejores oportunidades de promoción. Nunca se les ha quebrantado el corazón por la humanidad perdida; saben poco del sufrimiento. Son el producto de un ritualismo muerto y frío. ¡No tienen la frescura de Dios! Dicen las cosas rectas y novedosas, hablan y actúan como profesionales; pero no tienen la santa unción ni conocen el temor y el miedo reverente de un Dios santo.

Así que, como los hijos de Elí, se vuelven sensuales, mundanos y egocéntricos. Los hijos de Elí se corrompieron tanto que Dios los llamó “los hijos de Belial” (Satanás). Se dijo de ellos que “no tenían conocimiento de Jehová… engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel” (1ª Samuel 2:12,29). Por eso hay una multitud de jóvenes evangélicos que se vuelven fríos y sensuales, adictos a la música ruidosa y carnal, bebedores de cerveza, practicantes de relaciones sexuales ilícitas, aburridos e inquietos. Algunos pastores de jóvenes los condenan con su mal ejemplo y falta de discernimiento del Espíritu Santo. Si los líderes de la juventud no conocen al Señor, ¿cómo pueden ganar a los muchachos para Dios? Ahora nos enfrentamos a la tragedia de toda una generación descarriada porque tienen pocos pastores que les indican la manera de escapar de las trampas satánicas de esta época. Se ha tolerado mucho lo que satisface los deseos sensuales de la juventud.

Elí había perdido todo su discernimiento espiritual. Ana, una mujer piadosa, lloraba amargamente en la casa de Dios en Silo. Le rogaba al Señor que le diera un hijo e intercediera desde lo más profundo de su corazón. Ella es un tipo del remanente santo e intercesor que anhela y clama por un mensaje fresco de Dios. “Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria” (1ª Samuel 1:13).

¡Cuán ciego puede ser un pastor del Señor! Ella conversaba con Dios en el Espíritu, bajo la unción divina y pronta a convertirse en canal de renovación en Israel, y el hombre de Dios no pudo discernir la verdad. No comprendió en absoluto el significado de lo que ocurría en el altar. ¿Qué le había pasado a ese sacerdote del Dios altísimo, que debiera estar en pie en el umbral de un acto divino nuevo y profundo que afectaría el futuro de Israel, y está tan separado de Dios que lo confunde con algo carnal?

¿Cómo va a llegar Dios hasta el pueblo corrompido y descarriado de Israel? Dios está entristecido; quiere sacudir las cosas; ¡Él está a punto de proceder con rapidez y enojo y vomitarlo todo de su boca! Sin embargo, Elí no lo sabe. Elí se ha vuelto tan indulgente, cómodo y saturado de la tradición fría, que no tiene ni la mínima sospecha de lo que Dios dice o está a punto de hacer. Va a echar a sus hijos a un lado, a podarlos del servicio de Dios, pero están tan entregados a los placeres carnales, tan adictos a la mejor carne y tan endurecidos por el pecado que se han convertido en agentes de Satanás, ciegos ante el juicio inminente. ¡Dios debe buscar fuera de la estructura religiosa establecida a alguien bastante dispuesto a compartir su tristeza!

La Compañía de Samuel

El Señor siempre tiene su grupo de personas como Samuel que oyen su voz en tiempo de decadencia espiritual. La compañía está constituida por hombres y mujeres que no se preocupan de la tradición, la promoción ni las diferencias entre las denominaciones religiosas. Representan a pastores y laicos que están dispuestos a oír y pasan tiempo a solas con Dios.

Dios le envió un aviso a Elí con un profeta anónimo. Fue un flechazo directo al centro de un sistema religioso que se había vuelto protector de sí mismo. Elí había protegido a sus hijos descarriados. Dios le dijo en profecía: “Has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel”. (1ª Samuel 2:29).

Cuando Elí supo que sus hijos ostentaban su fornicación a la puerta de la congregación, todo lo que dijo fue: “No, hijos míos, porque no es buena fama la que oigo yo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová (1ª Samuel 2:24). Después Dios le dijo a Samuel que Él juzgaría la casa de Elí porque él conocía la iniquidad de ellos y no hizo nada para evitarla. “Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado” (1ª Samuel 3:13).

Hay un día de juicio señalado aquí en la tierra para los ministros del evangelio que conocen el pecado de la congregación o de su familia, y no quieren hacer nada al respecto. Tal vez regañen a los adúlteros, los bebedores y los fornicarios, pero no tienen un mensaje penetrante de reprobación. Temen disciplinar a sus hijos espirituales. En el juicio nuestro Señor les preguntará: “¿Por qué no le mostraron a la gente la diferencia entre lo santo y lo profano?”.

¿Por qué fue Elí tan condescendiente con el pecado de sus hijos? Porque ellos robaban la mejor carne antes de que fuera a la olla hirviente; llevaban a casa esa carne roja y fresca y Elí ya estaba acostumbrado a ella. El sufriría si los trataba muy duro, pues tendría que volver a comer la carne cocida y húmeda. Había aprendido a cerrar los ojos ante todo el mal que lo rodeaba en la casa de Dios y en su propia familia.

Yo creo que por la misma razón hay predicadores blandos en su lucha contra el pecado. Los ha tranquilizado la buena vida. Disfrutan de la comodidad y el prestigio de las multitudes y de los edificios grandes. Es algo muy sutil. Aunque sabe que debe decir algo, el pastor se limita a decir: “¡No deberían hacer ustedes cosas malas!”. Ningún trueno sagrado. Sin tristeza por el pecado y la transigencia. Está ausente la visión de Pablo de la pecaminosidad excesiva del pecado. No hay advertencias de retribución y juicios divinos. De lo contrario, la gente se ofendería, dejaría de asisitir y de pagar las cuentas. Tal vez se detendría el crecimiento.

He predicado en iglesias como esas y ha sido una experiencia dolorosa. El pastor que, como Elí, ama usualmente el arca de Dios, no es malo, sino temeroso. Teme el movimiento del Espíritu Santo, teme ofender a la gente, da un servicio de labios solamente a la santidad y teme atacar al pecado con dureza.

Ocupo el púlpito de aquel hermano para anunciar la exigencia del Señor de santidad, la invitación al arrepentimiento, la advertencia del juicio sobre el pecado, y los transigentes se apresuran a pasar adelante llorando, confesando y en busca de liberación. Miro al lado y veo a un pastor preocupado porque tal vez se pierda el control del servicio, se manifiesten las lágrimas sin control o alguien caiga al suelo dominado por la convicción de pecado y la tristeza. Está muerto de miedo de que su “gente nueva” no comprenda. Está ansioso de volver a tomar el control de la reunión para calmar las cosas. Murmura confirmaciones dulces de que Dios los ama a todos, les recuerda que ya se hace tarde y los despide rápido. Le echa agua fría a la convicción de pecado, y las personas agobiadas por el pecado se van a casa angustiados por lo que parece ser una falta de interés de su pastor.

He salido de esas reuniones con mucha tristeza. Me pregunto: “¿Dónde está la tristeza por el pecado? ¿No pueden los líderes ver que esas ovejas llorosas quieren clamar a Dios y permitir que la convicción del Espíritu Santo haga su obra de limpieza en ellos?”.

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Extraído del capítulo “Un llamado a la tristeza” del libro “David Wilkerson exhorta a la iglesia” de Editorial Vida, traducido al Español en 1991.

La necesidad de adorar a Dios en espíritu y en verdad.

Mucho he leído del nuevo paradigma que enfrenta a la iglesia con respecto a la culminación de la iglesia “congregacional” tal y como creíamos que era (ya que se nos ha enseñado por años un molde que no terminaba de encajar en el nuevo testamento…)

Los discípulos no tenían un lugar específico para reunirse. Lo hacían en donde fuese.

Jesús mismo reunía a las multitudes al aire libre, sin buscar un lugar determinado. A veces una casa en donde el público necesitado intentaba entrar por el techo. Otras veces en el Monte de los Olivos, otras veces hablaba desde la barca hacia alguna playa…

O sea, no nos dejó Jesús ejemplo de estructuras edilicias que fueran necesarias para adorar a Dios.

Cuando Jesús se retiraba a orar a solas, muchas veces lo hacía a cielo abierto. Así sucedió en el huerto de Getsemaní.

Entonces… ¿por qué se nos ha enseñado que “las cuatro paredes” son la iglesia? No puedo encontrar explicación a eso.

Lo que sí encuentro liberador, es que como individuo puedo tener comunión con el Señor fuera de la lata de sardinas.

No necesito estar cuatro horas de pie “sacrificando” alabanza, como se suele enseñar erróneamente.

Puede brotar alabanza de mi corazón hacia Dios sentado en alguna plaza pública. ¡Es más; posiblemente mi vida sea más útil a Dios en un lugar público que encerrado en un edificio en donde todos dicen creer en lo mismo, sin siquiera saber de qué se trata la vida cristiana !

Veamos este pasaje, en donde Felipe se acercó al carro en donde viajaba un etíope eunuco que estaba leyendo al profeta Isaías sin comprender lo que decía el texto:

Entonces Felipe, abriendo su boca y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco:Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?

Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.

Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó.

Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio mas, y siguió gozoso su camino.

– Hechos 8:35-39 –

Reflexionemos en lo siguiente:

En este pasaje vemos que Dios envía a Felipe cerca del etíope eunuco y Dios mismo lo “retira” de la escena antes de que pueda formar en la mente del eunuco cualquier otra idea equivocada.

Leyó, fue instruido, creyó y se bautizó, (en ese orden). PUNTO Y APARTE.

Dios no le dejó tiempo a Felipe para que le diera la tarjeta de su ministerio, ni le dijera a dónde tenía que ir el etíope todos los domingos a partir de ahora.

¿Dónde está la “consolidación” de esta nueva alma? (Esto para los amantes de la eternización del cristiano echando raíces en una sola tierra).

Sigamos…

Jesús mismo, hablando con la mujer Samaritana se ocupó de desbaratar los pensamientos de esta mujer que le preguntaba a dónde tenía que ir para adorar a Dios. Veamos qué dice la mujer:

Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.

Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.

Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.

Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

– Juan 4:20-21, 23-24 –

O sea, que según la palabra misma de Jesús, no es necesario ir a algún lugar determinado para adorar a Dios, sino que lo necesario es hacerlo en espíritu y en verdad.

¡Gracias Señor!

(Más palabras sobran).

Cristianos “golondrina”.

¿A quién se llamó así?

Ya desde la época de 1986 (en pleno “avivamiento” en Argentina) teníamos señales de un deseo evangélico de contener a las “almas nuevas” u “ovejas recién convertidas” dentro del redil.

Este nombre “golondrina” se le adjudicaba a cualquier hermano o hermana que, no estableciéndose en una congregación de modo permanente, buscaba nuevos horizontes en otras congregaciones.

En esta nota quiero reflexionar sobre este mote que tan a la ligera se utilizó sobre muchos. Algunos de éstos (Dios quiera me equivoque) perdieron la fe que una vez les fue dada por la torpeza de quienes siempre discriminan en lugar de quitar las vigas de sus propios ojos.


Algunas ovejas, a veces de modo consciente y voluntario, otras veces casi sin entender el porqué, salen a buscar pastos verdes, cuando sus pastizales se vuelven amarillos o incomestibles.

El término “golondrina” o “veleta” cambiará seguramente dependiendo de qué país se trate, pero espero que todos comprendan el significado.

En aquellos días (seamos sinceros, actualmente aún se inculca desde los púlpitos) se culpaba de ser un cristiano “golondrina” a quienes de alguna manera no hallaban buenos pastos dentro del redil de turno (congregación a la que asistían).

Se les hacía responsables a ellos, (simples ovejas) por ser tan genuinos en su fe, que salían a conocer en qué otros campos poder nutrirse con verdes tallos más sustanciosos y frescos.

“Deben quedarse en donde Dios los puso en el Cuerpo de Cristo” afirmaban categóricos (y hasta condenantes) los líderes de entonces, parafraseando en muy pésima forma las palabras del apóstol Pablo. Los tales consideraban (algunos consideran aún) a los ladrillos y adornos de sus congregaciones como parte vital del cuerpo de Cristo.

Conociendo las propiedades del cuerpo que eran desconocidas en los tiempos del apóstol Pablo, podemos decir que en la actualidad son necesarios y útiles los hermanos “neurona”, hermanos “plaqueta” y demás integrantes del flujo de sangre (del que mana la vida) como instrumentos de Dios para mantener al resto del Cuerpo de Cristo en una actividad constante en nuestros días.

Esta actividad no es quizá tan visible como la que realizan los pies y las manos, pero ningún área de nuestro cuerpo se valora por su visibilidad, sino por ser integradora de un sistema más grande, que depende de ese pequeño aporte de sus partes y organismos menos visibles para ser lo que es.

Como escritor, me siento más parte del sistema nervioso del Cuerpo de Cristo, alertando sobre las diversas acciones dañinas para el cuerpo e intentando impulsar las correctas señales para solucionar dichos daños.

Las respuestas están todas en la cabeza que es Cristo, ninguna célula “per sé” cuenta con las condiciones de recrear, sin Su autoridad, beneficio alguno para Dios.

Bienvenidas, pues, todas aquellas golondrinas que, por optar ser libres del legalismo, nos han permitido descubrir que existe un mundo alrededor, fuera de la jaula (congregación), que necesita también a Dios y a quienes Dios también ha invitado a sus bodas.

Dentro del “edificio” hacemos pocas cosas de provecho. Sólo engordamos por retroalimentación nuestros estómagos y egos, impidiendo a otros abastecerse de la abundancia del cielo.

Actualmente me alegro de estar experimentando esta “golondrinez” en mi propia vida, conociendo las múltiples formas de la gracia de Dios que ignoraba por ingenua obediencia a un dogma ridículo impuesto por hombres.

¿Es ésta la iglesia por la cual murió Cristo?

Quiero transcribir un comentario de mi hermano Leovanis Farías y sólo haré al finalizar una breve reflexión sobre sus palabras.

¿Quién es Leovanis Farías? Un hermano en Cristo. Para Dios es suficiente. Quizá para muchos sea necesario presentar algún carnet de la asociación de líderes de nosedónde para poder manifestar su autoridad para decir algo.

Aquí va su comentario:

Recientemente conversé con una hermana en Cristo, la cual me comentaba sobre la forma imprudente e inconsciente de algunos pastores y ministros al momento de pedir los diezmos y las ofrendas, existe una manipulación exagerada. La forma en que le quitan a las personas su dinero, objetos de valores, prendas y bienes.

Algunos le piden a las personas enfermas, que recurren a ellos, confiando en su buena fe por el hecho de que se dicen llamar cristianos. Lo cierto es que ” estos lideres religiosos” so pretexto de llamarse hijos de Dios, les exigen a las personas una buena ofrenda o diezmos para que Dios los pueda sanar, mientras más fuerte sea la ofrenda “más rápido y efectivo será el milagro”.

No es de extrañar de que esto esté sucediendo, ya que el señor Jesus lo advirtió y Pablo lo repasa.

” Asalariados, trasquilan a las ovejas quitándoles la lana, ordeñan y le quitan la lana a las ovejas. No buscan a la descarriada ni curan a la perniquebrada”.

Piensan en ellos mismos, líderes con un evangelio moderno adaptándolo a su estilo de vida, cambiando la verdad de Dios por dogmas y mandamientos de hombres. Viven opulentamente, no pueden ocultar su avaricia y amor por el dinero. Pastores inútiles, pero que algún día tendrán que rendir cuentas a Dios.

Pablo lo recuerda: hombres amadores de sí mismos, más que de las cosas de Dios, que harían mercadería del rebaño.

Es por eso que Bruce Olson es criticado por algunos concilios evangélicos, ya que no comulga con gran parte de sus doctrinas mercantilistas y egocentristas. Iglesias con estructuras y fachadas góticas, fantásticas y formidables, con lujosas edificaciones y adornos majestuosos, con sillas y butacas extraordinarias donde se sienten las personas que mejor diezman y los que dan mejor ofrenda, pero ignorantes de las necesidades que pueden estar pasando los niños que mueren de hambre, no en África, la India o Paquistán, sino en sus propios vecindarios y en sus mismas iglesias.

Es por eso que a veces pienso: ¿es ésta la iglesia por la cual Cristo murió? ¿esto fue lo que cristo nos enseño?, la corriente de la prosperidad, donde se le rinde culto al dios mamón, se considera una maldición al hermano que no es próspero o está en pobreza. Aplican el principio mundano de “cuanto tienes, cuanto vales”, si eres próspero estás bien y bendecido por Dios, si estás en pobreza estás en pecado.

Cuando Bruce Olson fue rechazado por la asociación de misiones de Venezuela, fue despreciado por que no tenía una recomendación de alguna fundación o junta misionera de su país, llegó a Venezuela (pelando), Dios le dijo: “Bruce yo no te e rechazado, te necesito en Sudamérica donde tú estas”.

Hermanos, oremos por este hombre y su ministerio que aún lleva sus frutos en Colombia, específicamente en Bucaramanga y Bogotá, donde ha fundado universidades y alberga a centenares de indígenas para darles estudios para que lleven una vida digna.

Aún continúa fundando cooperativas en beneficio de los motilones y otras tribus.

Cumplió 82 años, pero no ha utilizado la oportunidad que Dios le dio de haber sido el único hombre blanco de haber convivido por 28 años con una de las tribus mas indómitas y guerreras de Venezuela y Colombia (los motilones), para hacerse de fama y ocupar espacios en la sociedad como hombre importante. Él sabe muy bien que le está reservada en el cielo una corona, vestiduras blancas y Jesús le dará el premio (la vida eterna).

Que Dios nos ayude a comprender cuales son sus planes para con su iglesia aquí en la tierra.

Dios los bendiga.

Su hermano en cristo. Leovanis E. Farias.

Hasta aquí lo que nos quería transmitir nuestro hermano Leovanis Farías. Doy gracias al Señor por sus palabras y por su testimonio.

Ignoraba que Bruce Olson tuviera la edad de 82 años que me menciona Leovanis. Realmente el tiempo suele pasar sólo para nosotros. Siempre esperamos encontrarnos con nuestros amigos, que no vemos desde hace 20 ó 30 años, del mismo modo que los recordamos desde entonces. Más gloria para Bruce por su esfuerzo inagotable para la obra del Señor.

Me quedé con una pregunta del hermano Leovanis: ¿es ésta la iglesia por la cual Cristo murió?

Mi respuesta casi nació de inmediato: ¡Sí! Es ésta. Sólo que existen algunos que creen tener éxito en lo que hacen para el Señor mientras siguen enfermos y necesitados. Del otro lado estamos los que hemos encontrado al Dios de la verdadera salud y del verdadero sustento, y aún en medio de debilidades, necesidades y conflictos, somos más que vencedores y nos gozamos en las pruebas. Algo que los verdaderos débiles detestan.

Que el Señor te bendiga hermano !