¿Eres un servidor de Cristo?

Juan 9:39-41

“Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.
Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos?
Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.”

Existen muchos seminarios bíblicos que enseñan a hombres sobre temas que luego utilizarán frente a otras personas para “pastorearlas”.

En lo personal, (y siempre recordando al apóstol Pablo que nos enseñó: “Examinadlo todo; retened lo bueno.” 1ªTes.5;21) creo que mucho material que existe en los seminarios es bueno, pero hay otro tanto que es nocivo para las almas.

La mayoría de las veces al salir del seminario, estos hombres y mujeres enseñan lo que han aprendido sin haberlo puesto en práctica primero (a veces hasta con las mejores intenciones). Son muchas veces jóvenes y no han tenido aún experiencia en muchas áreas.

Yo actualmente estoy en pleno proceso de aprendizaje… y creo que moriré aprendiendo.
(”Aprendiendo a morir” qué buen título para un guión de novela cristiana).

No me considero alguien que está “de vuelta” y que no necesita aprender nada más…
Todo lo contrario. ¡Ay de mí si no dependiera segundo a segundo de la gracia de mi Señor!

Lo cierto es que en el pasaje que transcribí al comienzo, los Fariseos (que se consideraban espirituales) creían que por tener estudios estaban por encima del resto, o en una especie de “nivel” que sobrepasaba la media de la población.

Hoy no sucede nada diferente…

Muchos creen que por tener una credencial de pastor, evangelista u obrero, están en condiciones de mostrarse importantes y, lo que es más triste y penoso, consideran que deben ser reconocidos como tales (o sea como hombres importantes).

Dios nos ofrece un conocimiento de Su persona mediante el Espíritu Santo que mora en nosotros. Siempre gracias a la perfecta obra de redención de Jesús (no por otro motivo) quien murió en la cruz, cumpliendo en nuestro lugar con la sentencia del juicio de Dios que pesaba sobre nuestras vidas.

Todo esto lo hizo Dios aún cuando nosotros no habíamos nacido (esto se dá en este caso que estamos de este lado de la historia, pues murió por los que yahabían muerto antes de su época, por sus contemporáneos y por nosotros los “futuros” que habríamos de creer en Sus palabras, Juan 17:20).

Por lo tanto, si Dios nos bendijo sin aún nosotros saberlo… ¿de qué puedes jactarte en tu corazón? ¿De que eres amigo de algún otro hombre que Dios está usando?

¿Sabes una cosa? Ese hombre tenía la misma condena que tú, tenía la misma condena que yo, tenía la misma condena que la que hoy poseen muchos que aún no lo conocen a Jesús.

Si lo piensas bien, no somos más que pecadores perdonados. Medítalo bien.

No pasa un segundo sin que tu mente se aparte del perfecto sendero de gloria.
No existiría para nadie salvación alguna de no ser por la paga de un tercero, Jesús.
O sea que nada bueno que nos pase depende de nosotros, sino del perfecto amor de Dios que constantemente se derrama sobre nuestro ser.

Por lo tanto pregúntate, ¿es tan “importante” codearte con estos hombres a los que admiras?
La comunión entre hermanos crecidos en la fe es necesaria, pero… ¿es necesario que en tu corazón guardes por ellos esa admiración cuando bien sabes que de no ser por Dios, serían quizá peores que el más violento asesino?

Muchas veces haces pública (y a los gritos) tu idolatría hacia tales hombres, desde el mismo púlpito desde donde sólo deberías hablar la verdad de Dios.
¿Sabías que Dios llama a eso idolatría y que la desaprueba en todos los órdenes y formas?

Mientras lo digieres, quiero continuar con otra idea.

El texto que escogí es un fragmento del capítulo en el que el apóstol Juan nos relata cómo Jesús sanó a un hombre ciego de nacimiento.

Luego del impresionante milagro realizado, los fariseos deseaban conocer qué había ocurrido e interrogaron al ciego.

En todo el relato, vemos algo curioso y hasta gracioso: Encontramos a los que supuestamente debían tener conocimiento de las cosas espirituales, preguntándole al ciego qué había ocurrido.

La insistencia, una y otra vez, sobre cómo se había realizado el milagro, logró arrancar del ciego una frase que era todo un testimonio:

Juan 9:26:34

“Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?
El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?
Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea.
Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer.
Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.”

¡Qué gran elocuencia!, ¿no?

¿Cuántos años de seminario le llevó al ciego preparar este sermón?
¿Cuántas horas escudriñando las escrituras y analizando su exégesis?
¿Cuántas horas de buscar ilustraciones para dar énfasis en el texto apropiado?
Lo cierto es que… ¡¡¡ NADA !!!

La experiencia de haber sido alcanzado por Jesús es suficientemente poderosa para tocar otras vidas. El TESTIMONIO de lo que hemos “visto y oído”, ¡es herramienta más que suficiente para bendecir a otros con la misma bendición con que fuimos bendecidos por Dios!

Nótese que los fariseos debieron callar, para asombrarse de la gran cantidad de palabras que “de pronto” brotaron de la boca del que había sido ciego. Probablemente esto se debió al fastidio con el que lo cargaron al preguntarle una y otra vez lo mismo. Esto logró que el ex-ciego se parara firme en su convicción de que allí había algo santo.

Esto no era palabrerío. Había un signo santo en medio de esta situación.

Transmite lo que has vivido con Dios. No permitas que la tentación a mostrarte muy elocuente te lleve a “copiar” textos leídos de otros. Experimenta en tí mismo el poder de Dios. Y si no lo alcanzas… será mejor que permanezcas en silencio.

Recuerda: Puedes ser un excelente instrumento en las manos de Dios, sólo si permites que Él te indique cuándo abrir la boca y qué cosas decir. El resto es todo hojarasca y será quemado por el fuego.

Tu sermón de 10 puntos, no podrá atravesar a la eternidad, el poder de Dios que has experimentado, transmitido correctamente, hará que muchos pasen por la puerta estrecha.

En esta puerta, no se admiten a los que quieren entrar a los empujones enarbolando títulos, nombres ó “multitudinarias reuniones en el nombre de Jesús”, por esta puerta (que es muy estrecha) sólo pueden pasar los que han alcanzado reducir su tamaño y pasan sobradamente, para luego ser engrandecidos por Dios, si así Él lo considera.

Busca a Dios en lo sencillo. No compliques las cosas, para no confundir a los demás.

Te dejo un gran abrazo y que el Señor te bendiga !!!

Raimundo

www.mensajedefuego.org

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Nuestro lugar espiritual

El Señor nos dice en Efesios:

Efesios 1:16-23

“no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él,
alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado,
y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,
y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos,
según la operación del poder de su fuerza,
la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales,
sobre todo principado y autoridad y poder y señorío,
y sobre todo nombre que se nombra,
no sólo en este siglo,
sino también en el venidero;

y sometió todas las cosas bajo sus pies,
y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,
la cual es su cuerpo,
la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

Hasta aquí la posición que Dios el Padre dió a Jesucristo una vez que Él venció en la cruz del Calvario a la muerte.

Fue una obra estupendamente excelsa y nos dió todo poder mediante ese sacrificio no merecido por nosotros.

Ahora bien, veamos qué lugar ocupamos nosotros en esa altura a la cual llegó Jesús:

Efesios 2:1-9

“Y él os dio vida a vosotros,
cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,
en los cuales anduvisteis en otro tiempo,
siguiendo la corriente de este mundo,
conforme al príncipe de la potestad del aire,
el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,
entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo
en los deseos de nuestra carne,
haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos,
y éramos por naturaleza hijos de ira,
lo mismo que los demás.

Pero Dios,
que es rico en misericordia,
por su gran amor con que nos amó,
aún estando nosotros muertos en pecados,
nos dio vida juntamente con Cristo
(por gracia sois salvos),
y juntamente con él nos resucitó,
y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,
para mostrar en los siglos venideros
las abundantes riquezas de su gracia
en su bondad para con nosotros
en Cristo Jesús.

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe;
y esto no de vosotros,
pues es don de Dios;
no por obras,
para que nadie se gloríe.”

O sea que… Nada hemos hecho bueno para merecer estar en el mismo lugar en que Cristo se encuentra gobernando en autoridad.

No estamos a los pies de nadie, si bien se espera que tengamos esa actitud humilde.

Nuestra posición en cuanto a autoridad espiritual es por encima del resto de los mortales que no conocen a Dios.

¿Pata jactarnos? De ninguna manera, sino para servirles.

Sabiendo que sus maldades sólo son parte de los sufrimientos que nos esperan padecer por el amor de nuestro Dios, quien padeció peores tormentos por nosotros.

Seamos pacientes que nos espera la corona de justicia !!!

Pero caminemos con la certeza de la victoria lograda. Aún cuando en la carne el sufrimiento pudiera contradecir la verdad espiritual irrefutable e inconmovible.

Raimundo Baravaglio

¿Cómo es tu oración?

Al comienzo de mi vida cristiana, mis oraciones eran balbuceos que alcanzaban a tocar el corazón de Dios de un modo especial, y Él me hacía sentir esa alegría de estar comunicado conmigo, debido a que anhelaba tenerme a Su lado luego de tantos años lejos de Él.

Tal como cuando un padre recibe a un hijo que consideraba perdido y se emociona al reencontrarse.

Los “balbuceos” de bebé, en que consistían mis primeras oraciones (sin tener experiencia en el tema del orar) eran considerados por Dios como una gran elocuencia.

Con el tiempo, y a medida que Dios me dio crecimiento, mis oraciones se volvieron más elaboradas y mi modo de comunicarme con Él es muy personal.

Muchas veces, olvidamos que Dios desea nuestro corazón puesto en el diálogo que mantenemos con Él.

En esos tristes momentos, Dios nos observa mover los labios, repitiendo (muchas veces) cosas que escuchamos decir a otros como: “Amen, Gloria, Aleluya, Hosana” y frases hechas como “perdona mis pecados”, “ven a mi vida”, “te adoro”, etc. que son repetidas por nuestros labios como un “mantra” de las religiones orientales.

Es en esos momentos, que comenzamos a notar que tenemos momentos en nuestras oraciones en donde somos como muñecos. Hemos aprendido “técnicas” y “frases” que solemos repetir como para “llenar los espacios” en nuestro diálogo con Dios.

¿Sabías que casi los mejores momentos de mi vida en oración, fueron aquellos en los que, cuando no tenía nada para decir, simplemente permanecía en silencio?

Muchos me han criticado por mis silencios en oración.

Otros me han acusado de quedarme dormido…

Mas el Dios de toda gracia me fortaleció vez tras vez y me demostró que las oraciones que consisten en tener palabras en nuestra boca todo el tiempo, son un monólogo, en vez de un diálogo.

Si solamente hablo yo, ¿en qué momento permito a Dios infundirme Su santa respuesta a mis inquietudes y ruegos?

Es necesario el silencio en los momentos de oración.

Fue el mismo Señor Jesucristo quien nos enseñó, diciendo:

“Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.” Mateo 6:7

¿Crees que sería necesario aclarar algo más a esta sencilla palabra del Señor?

Pues sí.

¿Cuántas veces en tu congregación permites que se te diga lo que debes decir?

¿Te dicen el momento en que debes levantar las manos? ¿Te incitan a moverte como a un títere de aquí para allá con algún cantito de moda?

Quisiera que seas sincero… ¿Crees que Dios estaba esperando que bailes y te muevas igual que el resto? ¿Hará esto que Dios te “bendiga más” por hacer esto, que si no lo haces?

Hay momentos en que el poder de Dios en una reunión nos lleva a toda la multitud a arrancar un aplauso espontáneo que no termina por minutos. ¡Eso sí es original y natural!

Pero cuando la presencia de Dios no se presenta como se espera, forzar todas estas expresiones no hace más que endurecer las relaciones entre Dios y sus muñecos. Pues en esos momentos, nos quitamos el atuendo de hijos para pasar a ser simples marionetas en manos del espectáculo de turno.

Que el Señor nos abra los ojos para ser sinceros y originales en todo lo que hacemos, decimos y vivimos.

Que el Señor te bendiga.

Raimundo

La conducta decente…

Pensemos en un país donde la gente admirara a quienes desertaran del campo de batalla, o donde un hombre se sintiera orgulloso de engañar a todos los que hubieran procedido bien con él.

Es como tratar de imaginarse un país en donde dos y dos fueran cinco.

El egoísmo por ejemplo nunca ha sido admirado.

Lo más notable de todo esto es que cuando uno se cruza con alguien que dice que no cree que exista lo correcto y lo incorrecto, utilizará este principio tarde o temprano.

Puede que no cumpla la promesa que hizo; pero si se trata de no cumplirle a él con lo que le prometieron, se quejará de que no es justo a mayor velocidad que la que logra el colibrí cuando agita sus alas.

Puede darse el caso de que una nación diga que los tratados no importan; pero casi en el mismo momento se contradice al decir que quiere romper un tratado particular por considerarlo injusto.

Si los tratados no importan, y si nada es correcto ni incorrecto (llamémosle a esto “ley de la naturaleza” por ponerle un nombre que no suene religioso, después veremos de dónde proviene), o sea, si no existe la “ley de la naturaleza”, ¿cuál es la diferencia entre un tratado justo y otro injusto?

Nos vemos forzados a creer que, al menos, existe lo correcto e incorrecto.

Puede que alguien se equivoque en cuanto a esto, tal como algunas veces suma mal; pero no es un asunto de gusto u opinión, como tampoco lo son las tablas de multiplicación.

Partiendo de esta plataforma, puedo continuar con el siguiente punto: Nadie es completamente fiel a la ley de la naturaleza.

(Dije NADIE ES “COMPLETAMENTE” FIEL, o sea, siempre en algo erramos, seamos sinceros -lo digo por quienes pueden pensar “Yooooooo? Jamás !!!”-)

No me malinterpreten. No pretendo ser mejor que nadie.

Pero quiero llamar la atención a un hecho: que este mismo año, en este mismo mes, y con toda probabilidad en este mismo día, no hemos puesto en práctica la clase de conducta que esperamos que los otros practiquen.

¡Puede ser que encontremos toda clase de excusas!

Cuando ayer les gritamos a nuestros hijos…. fue porque estábamos muy cansados.

Aquella vez que procedimos un poco oscuramente en cuanto a asuntos de dinero (¡ya casi lo había olvidado!)…. fue en realidad porque estaba pasando por una necesidad demasiado prolongada.

Y cuando le habíamos prometido aquello al Sr. Z… es que jamás hubiéramos prometido tal cosa si hubiéramos sabido lo ocupados que estaríamos hoy !!!

¿¿¿ Y quién creo que soy yo ??? Nada menos que lo mismo que ellos.

En otras palabras, no estamos andando como esperamos que los demás se conduzcan.

Y cuando alguien nos dice que hemos “quebrado” esa (obvia) norma de conducta, no decimos “esa norma no existe”, sino que damos una sarta interminable de excusas para convencer al otro que en realidad no deseábamos quebrar de ningún modo dicha barrera…

Esta es la prueba más irrefutable de que dicha “ley moral interna” existe.

Es más, creemos tanto en dicha ley de la decencia, sentimos tanto la presión de esa ley, que no podemos enfrentarnos al hecho de que la estamos quebrantando, y por lo tanto, tratamos de zafarnos de la responsabilidad que nos cabe al respecto.

Por último…

Noten que es a nuestro mal comportamiento al que le encontramos toda clase de explicaciones. Pero cuando el mal comportamiento de un tercero nos afecta, en nada nos importan sus explicaciones y le hacemos notar hasta la vergüenza su error, el mismo que tan bien sabemos perdonarnos en nosotros sin chistar.

Un gran, pero gran abrazo para todos…

Espero continuar con este debate, extraído de un texto del genial Clive Staples Lewis, quien fuera autor de los siete libros que componen la saga de “Las Crónicas de Narnia”…
En esta oportunidad, de un libro titulado “Cristianismo y nada más!”

¿Estás consagrado a Dios? ¿Podremos perdonar?

Hasta qué punto estamos dispuestos a perdonar…

Pensemos seriamente.

¿Si viéramos frente a nosotros a alguien ejerciendo violencia sobre nuestra familia, (hijos, cónyuge, etc.) ¿estaríamos dispuestos a renunciar a cualquier tipo de venganza por pequeña que parezca?

Aún más !!! ¿Qué tanto amor podríamos ofrecer a nuestro enemigo? Recordemos que el Señor nos enseñó que debemos amar a nuestros enemigos y rogar en oración la salvación de sus almas.

¿Qué tan listos estamos a renunciar absolutamente a todo lo que nos sostiene con un pie en este mundo por amor a nuestro Señor?

Todas estas preguntas pueden responderlas por este medio.

El Señor nos dejó ejemplo de entrega y sacrificio por amor y dijo que haríamos obras mayores que las que Él hubo hecho.

¿Dónde conseguir esa capacidad incondicional de amor que nos permita rendir nuestras emociones a los pies del Señor ante cualquier tipo de injusticia que se lleve a cabo sobre nuestras vidas?

Vale la pena meditar en esto. No siempre estamos 100% dispuestos a dejarlo todo.

¿Hasta dónde llega nuestra consagración a Dios?

Siendo sinceros, creo que siempre nos falta (y nos seguirá faltando mientras andemos en este mundo) para agradar a Dios mediante la rendición total de nuestras vidas.

Es extraño, pero siempre pretendemos guardarnos una reserva de esa consagración, no sea cosa que algo salga mal y no nos quede nada de nosotros mismos a lo cual recurrir en caso de crisis…

Pongámosle nombre a esta actitud equivocada y llamémosla “egoísmo”.

¿Qué opinas de tu relación con Dios luego de leer estas líneas?

¡Gracias Señor que nos llevas por verdes pastos y nos llenas de Tu presencia cubriendo nuestras faltas con aquel sublime sacrificio en medio de tu perfecta inocencia para venir a rescatar nuestras vidas que se hallaban hundidas en la rebeldía y, aún hoy, muchos de nosotros seguimos poniendo en duda Tu amor, buscando retener parte de nuestras vidas, las cuales fueron compradas con la tuya y por lo cual ya no nos pertenece.

Raimundo Baravaglio
http://www.mensajedefuego.com.ar

¿Las dudas de Jesús?

Siendo que Jesús era 100% Dios pero a la vez 100% humano, debió pasar por momentos de incertidumbre como cualquier otro hombre y mujer de este planeta.

El tema es que jamás tuvo pecado. Su incertidumbre, que fue una falta de noción sobre la voluntad de Dios con respecto a dos opciones a escoger en una diyuntiva tan crucial como ir o no ir a la cruz en ese preciso instante de Su vida.

Quienes pretenden encontrarse con un Dios todopoderoso que no sufre de estas “flaquezas” humanas, tendrán que reconocer entonces que es oscuro (para su punto de vista) el texto en donde Jesús ora tres veces para conocer la voluntad de Dios en el huerto de Getsemaní.

¿Por qué si era Dios, tuvo que llegar a transpirar sangre para conocer lo que el Padre había planeado para los próximos momentos difíciles de Su ministerio?

Es que si hubiera echado mano de Su divinidad para conocer absolutamente todas las cosas sin necesidad del esfuerzo previo que requiere a “todo ser humano” el poder tener un encuentro con Dios… pues hubiera descuidado uno de los misterios del sacrificio que estaba por realizar.

Debía permanecer en la debilidad de Su cuerpo carnal, pero luchando (como lo hizo) hasta la sangre combatiendo contra el pecado que le instaba a abandonar esa agónica tarea.

Él te tenía en mente en aquel momento. Nos tenía en mente… No podía fallar !!!

Si erraba en el momento más difícil, toda la creación hubiera sido condenada.

Era necesario el sacrificio perfecto ideado por Dios para pagar la desobediencia del primer hombre Adán.

Pero… ¿por qué tuvo que orar tres veces por lo mismo?

Veamos las distintas etapas:

En Mateo 26:38 el Señor dice:

Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.

Esta es la primera oportunidad en que ora de ese modo.

Luego de volver y alentar a los discípulos para que lo acompañen en oración (se habían quedado dormidos)… Regresa a orar, y en el versículo42 dice:

Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad

Esta es la segunda vez.

Luego en el versículo 43 regresa hasta donde estaban sus discípulos dormidos .

Aquí sólo quiero detenerme un instante para aclarar que, obviamente, creo que si yo hubiera tenido que estar allí habría sido el que más ruido hubiera hecho con mis ronquidos !!!

Muchas veces tenemos la tendencia a juzgar livianamente a los discípulos como débiles por algunas de sus actitudes que leemos en los escritos bíblicos y en otras ocasiones hasta consideramos infantiles algunas de sus reacciones.

Creo que no podemos jactarnos de nada, pues, muchas veces ofendemos a Dios con mucho menos (o mucho más) que con aquellas falencias que tenían – a nuestro juicio – los primeros hermanos de la iglesia.

Ahora retomo:

En el versículo 44, la biblia dice:

Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.

Aquí tenemos la tercera oración por lo mismo.

En tres ocasiones debió pedirle al Padre que si era posible, pase de Él esa copa. La “copa” como sabemos era el momento de la crucifixión por la humanidad.

Ahora bien, una vez que alcanzó mediante una ardua, difícil y sacrificada oración, (no como la que muchos acostumbramos a tener 10 minutos antes de tomar muchas de nuestras desiciones más serias), el conocer cuál era la voluntad de Dios para sus próximos pasos, veamos lo que dijo en los versículos 45 y 46:

Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.
Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega.

Se alejó la incertidumbre. En su lugar, una seguridad que lo llevaría a padecer con grandeza el oprobio, el abandono de todos quienes le seguían, y aún el desamparo momentáneo del Padre.

En Marcos 15:34 traduce las palabras que Jesús dijo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado“, ya que en un instante Jesús fue hecho pecado, por nosotros…

Desde hacía tres horas todo se había oscurecido, y en ese breve momento, Dios lo dejó solo para que cumpla con el propósito de cargar todos nuestros pecados en Sí mismo.

El Hijo de Dios. Jesús. Quien poseía una estrecha relación con Dios. Quien manifestaba por donde fuera Su poder, en milagros, señales y maravillas jamás antes vistas.

Éste mismo Jesús, debía arrodillarse para “conocer” cuáles serían sus próximos pasos a dar.

En muchas otras ocasiones se lee en la biblia que Jesús se apartaba a orar desde muy temprano.

Cierta vez escuché a un hermano predicar sobre el modo en que Dios nos revela Sus planes.

Este hermano que ahora es pastor en Bariloche, muy amado por mí, su nombre Daniel Tomas, relataba que Dios nos da un pedazo del mapa de Su voluntad.

Por fe, y sólo por la fe, debemos caminar hasta que se termina el camino en esa parte del mapa… allí, cuando entramos en una desesperación por conocer cuál será el próximo paso y caemos de rodillas implorando revelación para seguir viaje… Dios envía provicionalmente el otro pedazo del mapa.

El mapa es enorme. Nos llevará toda la vida conocer en su totalidad el recorrido por Dios planificado, pero lo importante es saber que no existe sobre la tierra camino mejor que el que Dios ha trazado para nuestros pies.

En cualquier otro terreno seremos como seres extraños, en el plan de Dios, en Su propósito para nuestra vida, estaremos mucho más que seguros y a gusto.

Es cierto. No será una perpetua alegría. Pues el objetivo no es nuestra felicidad, sino alcanzar los planes de Dios, que difieren en mucho a nuestros apetitos egoístas y carnales. Pero será por demás dulce, refrescante y renovador…

Que Dios los bendiga !

Raimundo

¿ Fue Dios el que me sacó de las drogas ?

No hay cosa que me ponga de mal humor… (NADA !!!!)

Si querés te comento cuál es la fórmula…

Dios me rescató de la muerte en dos oportunidades (o sea que vivo gratis…) y por otra parte, me sacó de las drogas…

Pero… ¿Me sacó Dios de las drogas?

Sí…. ME SACO !!! El tema es que a veces algunos me dicen: “Claro, te cansaste de esa vida y por tu fuerza de voluntad quisiste salir de ahí…”

O cuando les digo que tuve un encuentro con Dios me dicen: “Claro… A vos, te hizo bien la religión”.

Error en ambas suposiciones…

La religión no me hizo nada.

Pero mi nueva relación con Dios sí.

Lo más importante para reconocer que fue un milagro es que YO NO QUERIA SALIR DE LAS DROGAS !!!

Estaba muy feliz en ese mundo y predicaba el libre consumo de la marihuana…

Creía que las drogas iban a salvar al mundo del desastre.

No conocía nada mejor !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Hasta que…

Mi encuentro con Dios no tuvo grandes luces… No cayeron relámpagos, no vi ángeles venir a mi, no alcancé a sentir una sensación temblorosa que me recorriera el cuerpo, no escuché ninguna voz que me hablara, no pasó nada de eso.

Lo único que pasó (y que me “flasheó”, como se decía en mis momentos de adicto, -hoy quizá en ese ambiente las palabras hayan cambiado-) fue que estaba en un éxtasis con marihuana, cocaína y alguna resaca de algunos días de haber probado el LSD (ácido lisérgico), y me sentía en ese momento más que cómodo con mi vida.

Ya había planeado mis próximos años, y hasta soñaba con poder llegar a Italia en un viaje sin regreso para probar la heroína.

En esos planes tan serios y prácticos me encontraba, hasta ese día. Ese instante… Ese segundo vital !

De pronto, se estacionó mi mente…. Se terminó el viaje. Quienes alguna vez hayan probado la droga, sabrán que de un “viaje” se tarda un poco (bastante) en regresar al estado de “careta”, limpio, o como se le quiera llamar, que el resto de la gente llama “realidad” o “normalidad”.

Para mí la “normalidad” era estar bajo el efecto de alguna sustancia. El resto había pasado a ser superficial, materialista y fuera de “mi” realidad.

Quiero comentar lo que me sucedió en ese segundo, cuando realicé esa oración…

Era una oración que me guiaron a realizar mientras mantenía mis ojos cerrados, en donde decía frases como: “Señor Jesús… Vengo a tí, para pedirte perdón por mis pecados… Creo que tu muerte en la cruz fue por mi… Límpiame y te pido que me hagas nacer de nuevo, quiero ser una nueva persona. Dejar lo que era y conocerte más…” etcétera (sólo quería citar en parte la oración para que comprendan de qué se trataba).

Aclaro que en un primer momento pensé: “Sólo voy a repetir aquellas cosas que me parezcan correctas decirle a Dios. No pienso repetir tontamente cualquier cosa que me digan que debo repetir… ”

Al ir repitiendo esas palabras, sin mucha conciencia de lo que estaba haciendo… noté que mis palabras no estaban siendo dirigidas a una pared, ni que eran simples palabras mencionadas al aire… Había “algo” escuchándolas… ¿sería Dios?

Eso me hizo pensar “¿será posible? ¿estaré realmente hablando con Él?” y continué…

En mi vida jamás había hablado con Dios, por el contrario, varias veces le había retado a gritos que (en caso de existir) se presentare delante de mi para que demostrarme esa realidad.

Recuerdo que en ocasiones golpeaba las paredes con mis puños hasta sangrarme, envuelto en una explosión de angustia y odio, diciéndole: “¡parate enfrente de mi ahora!”. (Por suerte jamás acudió a mi violenta cita, hubiera sido caótico para mi).

Pero ese día fue distinto. Ahora lo puedo ver bien. Yo, como criatura de Dios, le estaba poniendo requisitos al Autor de la vida para que hiciera las cosas a mi antojo… Y Dios no permite ningún tipo de presiones… No “negocia” del modo que la criatura quiere, sino que posee un modo sencillo (más sencillo de lo que cualquier ser humano pudiera concebir) que consiste en amar, de un modo que ninguno de los humanos -con excepción de Jesucristo Hombre- podría amar a sus semejantes, ni aún a sus propios hijos.

Jesús, vino al mundo, cumplió con todas las profecías que venían hablando de él desde miles de años antes, y centró en la cruz el paso del hombre al cielo. Él, Jesús, es el único puente que comunicaría al hombre con Dios.

Jesús no se cansó de afirmar cosas como: “Yo soy la puerta de las ovejas”, “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, “Yo soy el buen pastor, que da su vida por las ovejas”.

En primer lugar, o era un completo lunático o, en segundo lugar, decía la verdad. Yo creo que decía la verdad. Ahí está la diferencia. Creer. “El que creyere y fuere bautizado será salvo, el que no creyere será condenado”.

Por otra parte… pensar hoy que él era un lunático o que estaba loco, es no reconocer lo evidente, tanto actual como históricamente, ya que la mayoría del mundo gira en torno a él (antes y después de Jesucristo), o en el caso de los judíos que no han aceptado que él era el mesías y poseen su propio sistema calendario, lo consideraban un rabino (maestro). Es algo difícil que se considere loco a alguien a quien su sabiduría y reconocimiento lo convertía en un maestro de su época.

Si no hubiera tenido esta experiencia con Dios, hubiera siempre creído lo primero… nunca lo segundo.

Ahora comprendo que NADA puede salvar al mundo del hombre, que es quien causará por sus propios méritos (con su mente tan orgullosa y “finita” -lo contrario a infinito-) la destrucción del medio en que vive.

Ignoro si será por una guerra (calculo que sí por los escritos bíblicos) o por mero descuido (explosiones de depósitos nucleares, recalentamiento global por mal uso de los recursos naturales, etc).

El tema es que el mundo tiene un final.

Yo estoy seguro del lugar que voy a ocupar cuando todo esto termine. (Puede que muera antes y no vea con mis ojos físicos ese desenlace, pero no me atormenta ni me quita el sueño verlo).

Mi lugar será cerca de Dios. Muuuuuy cerca de Dios.

El tema es…. la gente que día a día vaga por este mundo (sí…. amigo !!! Estás incluído en este grupo)… ¿Estará segura del lugar que ocupará cuando deje este mundo?

Espero que todos crean. Que todos conozcan lo que yo he conocido.

Algo que me alejó de las drogas cuando no estaba en mis planes dejarla.

¿Si me costó algún esfuerzo dejar las drogas? Ninguno.

¿Estraño aquellas épocas de locura? Ni por un instante. Es más, no quiero tener nada que ver con la droga, excepto en poder ayudar a aquellos que sufren esa vida de esclavitud a un “porro” o cigarrillo de marihuana, a una “línea” o “saque” de coca, a un “pico” o inyección de alguna sustancia, a una “pepa” o LSD…

¿Cómo ayudarlos? Del modo que está a mi alcance y que es mostrándoles que hay algo mucho más allá de la droga, cuyo efecto es mucho más alucinante que cualquier cosa de la naturaleza o producto químico que pueda alterar nuestros sentidos por unos minutos, horas o quizá días…

Si tuviera que describir a Jesucristo como una droga, les comentaría a quienes aún son adictos que podría considerarse que el “efecto” de estar un segundo a solas con Jesús, es como una droga que se consume en un segundo y cuyo efecto dura toda la vida !!!

Ésta es un poco mi historia para que me conozcan más. Para que sepan mis orígenes y el por qué de muchos de mis escritos en este sitio: http://www.proferay.com.ar

Creo que la vida hay que tomársela con un poco de buen humor pero ser coherente con las cosas que cree y por las que vive. Pero por sobre todo, sin Dios, esta vida no vale un centavo.

Un gran abrazo

Raimundo